martes 15 de septiembre de 2009

Zoe

Zoe

Pterocles Arenarius


Yo quería una niña. Una chiquita normal y común como cualquier niña. Una niña a quien alimentar, cuidar, divertir, enseñar el mundo. Convivir. Alguna vez soñé que una mujer que no quisiera a su niña, que existen, por razones espantosas y degradantes que sean, una mujer bien podría regalarme a su niña. También, tratando de tener los pies sobre la tierra pensé en acudir al DIF y solicitar una niña en adopción legal. Es requisito estar casado, uno entre dos mil a cual más riguroso. Bueno, pues incurriría en tan brutal sacrificio. Casarme. Así era de grande mi necesidad de una niña. Llegó a convertirse en un dolor, en una sensación de que la vida no tenía mucho sentido sin una niña. Por supuesto que una conclusión necesaria y suficiente apareció, si estoy dispuesto a cometer uno de los más bárbaros actos que un hombre puede cometer, el matrimonio, con tal de cumplir los requisitos para adoptar una niña (con los trabajos que implicara, como convencer a la interesada, etcétera), bueno, si es así, para qué la adopto, si la mujer que esté conmigo es común y normal, pues tendremos una niña propia. ¿Y cómo voy a asegurar que sea niña? Ah, conozco el milenario método que postuló Hipócrates para decidir el sexo de nuestros niños en el propio momento de concebirlos. No me lo pregunten en público porque es un poco embarazoso mencionar regiones íntimas de los cuerpos aludidos y las posturas requeridas. Pero es fácil colegir lo que, en todo caso, más nos interesaría, cómo hacer para que podamos escoger el sexo de nuestro bebé: el método tiene un sustento muy lógico. Los modernos neurólogos admiten --por las funciones que radican en cada hemisferio cerebral-- la existencia de dos cerebros físicos, uno masculino y otro femenino, puesto que está prácticamente aceptado que hay funciones más bien masculinas y otras más bien femeninas, sin que ninguna esté vedada al otro sexo. Igualmente ocurre en todo el cuerpo. ¿No es predominante la mano derecha en ciertas funciones sobre la izquierda que lo es en otras? Además Hipócrates sabía que quien decide el sexo (porque en sus gametos está el factor XX y el XY, para niñas y niños respectivamente, como hoy sabemos) es el hombre. Y puesto que tenemos dos pequeños testigos de nuestra masculinidad, uno de ellos es --o tiene que ser-- masculino y otro femenino; este mundo es absolutamente carente de absolutos, y no es uno de esos pequeños testigos absolutamente femenino ni el otro masculino, pero sí tienen uno y otro una fuerte predominancia estadística. Lo demás es simple ingenio anatómico-mecánico-erótico. Quien sepa leer que entienda.
¿Por qué una niña y no un niño? Por supuesto que busqué la explicación. Quizá hubiera una abominable patología oculta en lo más profundo de mí. No garantizo ni el sí ni el no. Pero hay un conjunto de razones perfectamente inteligibles y casi pueriles de tan sencillas. (Me perdonarán los misóginos y si no lo hacen no me importa): la vida me ha llevado a la conclusión de que las mujeres son superiores --si es que fuera posible hablar de superioridad de algún sexo--, además ellas tienen en mayor grado que los hombres las virtudes que aprecio más para los seres humanos: refinamiento, delicadeza, sensibilidad, intuición; además en ellas radica la facultad de la procreación: “El macho sobra en el universo, con la mujer habría sido más que suficiente” dice Remy de Gourmont citado por mi más que falible memoria, pero el último grito de la moda en ciencia lo comprueba, la clonación es posible sin la participación biológica del macho en ninguna parte del proceso. Creo que las mujeres son seres más completos. Los hombres son simplemente más activos por su propia incompletitud. La estadística, otra vez, demuestra que entre el sexo femenino hay un promedio de normalidad notablemente superior. Las malformaciones congénitas son más comunes en bebés masculinos. La mortandad en edades tempranas perjudica más a los niños que a las niñas. Y los desquiciamientos mentales o las sociopatías son mucho más comunes entre los hombres, de lo que dan testimonio cárceles y manicomios. Aunque, al parecer, también la genialidad extrema (que es una locura lúcida que no vacilan en llamar espantosa quienes la gozan y más bien la sufren) tiene una frecuencia más alta entre los hombres. Existe un libro formidable, un ensayo en donde el filósofo español Pepe Rodríguez nos convence de que Dios nació mujer, en donde demuestra que en las religiones originales, la divinidad era femenina. Pero lo que me definió a lo largo mi vida en favor de las mujeres es el hecho de que ellas son hermosas. “Belleza es verdad, verdad es belleza, nada más es necesario”, según John Donne a través del filtro de mi no tan confiable memoria. Siendo riguroso en extremo tengo que aceptar que mi filoginia en realidad es una elección, una cuestión de gusto. Llegué a convencerme de que, si un hombre alcanza una gran estatura humana es porque acumula en sí mismo las mejores virtudes femeninas. En suma, prefiero a las mujeres porque --quizás no en lo particular-- en lo general son, tanto para mi gusto, como para mi escaso discernimiento, superiores a los hombres. “Mientras las mujeres sostienen al universo sobre sus espaldas, los hombres abandonan sus hogares para ir a mover las ruedas de la historia” dijo García Márquez alguna vez. No faltó la ocasión en que alguien me hizo la maligna interpelación: “pues si tanta es tu admiración y tu amor por las mujeres, confiesa que te habría gustado ser mujer”; afirmación que, viniendo de quien venía era --puesto que implicaba una defección del orgullo masculino-- una acusación de homosexualidad. Mi respuesta fue una creación. Apareció natural, inmediata y clarísima, como una iluminación. “Sí, es indudable que me hubiera gustado y mucho ser mujer, excepto por una razón: que la mejor forma de disfrutar de cosa tan buena en este mundo es siendo hombre”.
Por todo eso y más, una niña. Quería una niña. En el año 99 encontré a una linda muchacha con virtudes más que plausibles para que fuera la encargada de traer a este mundo a mi niña.
Tuve que convencerla, de hecho le hablé de mi necesidad de una niña desde nuestro primer encuentro; y logré su convicción usando al máximo mis mejores facetas en todos los ámbitos. Hasta que un día bendito me exigió “quiero tener una niña, ¿cómo le vas a hacer?”. Es muy sencillo --contesté con esa seguridad masculina que jamás tiene el menor sustento ni siquiera en el que la presume y es más bien un recurso desesperado que, sin embargo, muchas veces funciona--, conozco el método hipocrático.
Y pusimos genitales a la obra.
Nueve meses después nació la niña. Este 28 de febrero hizo dos años. Hoy la niña se llama Zoe que en griego significa vida y le agregamos el nombre de su mamá, Araceli, que en latín es Ara: altar, Coeli: cielo.

jueves 3 de septiembre de 2009

150 del inicio de la victoria

150 años del inicio de la victoria

Pterocles Arenarius

Para María

En el presente 2009 estamos cumpliendo 150 años de un momento definitorio para la historia de nuestro país. Efectivamente, en el año de 1859 México se encontraba convulsionado por una cruenta confrontación entre los bandos liberal y conservador. Es en el 59 decimonónico cuando empieza a inclinarse la balanza en favor de los liberales.
Consideremos con brevedad la circunstancia mexicana a principios del siglo XIX. La independencia había concluido en 1821, pero las estructuras del poder y la organización social estaban intactas, si acaso algún número de españoles habían sido expulsados, se calcula que más del 95 por ciento de los mexicanos eran analfabetas, la población indígena, diezmada por trescientos años de opresión, vivía en condiciones que hoy llamamos de extrema pobreza, la gran mayoría de los habitantes de nuestro país ni siquiera sabía de su pertenencia a México y la desigualdad social era monstruosa, mientras los terratenientes, verdaderos señores feudales actuaban como dueños de vidas y haciendas, el pueblo sobrevivía en condiciones atroces de miseria y subalimentación que les permitían apenas no morir de hambre y la prepotencia de estos latifundistas se describe brutalmente por la abominable costumbre conocida como “el derecho de pernada” o el “derecho” de los amos para violar sexualmente a todas las mujeres que alcanzaban la nubilidad. El promedio de vida de las clases humildes no llegaba más allá de los treinta años y las rebeliones indígenas eran frecuentes y siempre ahogadas en sangre.
México se encontraba muy próximo a la disolución, a su desaparición como país, un proceso que en los hechos ya se había iniciado con la separación de todos los países de Centroamérica que, hasta antes de Panamá, formaron parte de la Nueva España, La guerra imperialista depredadora de Estados Unidos contra México en 1847 demostró que la desaparición del país era una posibilidad real y más que palpable, un fenómeno que estuvo a punto de ocurrir y en el cual México perdió más de la mitad de su territorio.
Por otra parte, en aquel momento, la iglesia católica tenía un poder como casi nunca lo había tenido en algún país en su historia, quizá con la excepción medieval. Cerca del treinta por ciento de todos los predios e inmuebles urbanos eran propiedad de esa institución.
La Guerra de Reforma se inicia en 1858, cuando el bando liberal crea la Constitución de 1857, en la que se decreta la separación de la iglesia católica y el estado, se realiza la abolición de los grandes poderes de la iglesia, entre otros, seculariza el registro de los nacimientos, matrimonios y defunciones, expropia todos los bienes de todas las iglesias de tal manera que los templos se vuelven propiedad de la nación y se instituye una república federal organizada mediante tres poderes y tres niveles de gobierno.
Para el pequeño grupo de privilegiados y para la iglesia estas reformas eran inadmisibles y, con todo su poder económico y la autoridad moral de la iglesia sobre el pueblo ignorante y la dirección del ejército, los conservadores —encabezados por Félix Zuloaga, Leonardo Márquez y Miguel Miramón— se lanzaron a la lucha contra los liberales.
Con semejantes ventajas los conservadores pronto se adueñaron de la circunstancia y muchos de los liberales debieron exiliarse para conservar la vida. En los hechos, Benito Juárez se convirtió en un presidente itinerante que debió establecer su gobierno en Guanajuato y luego en Veracruz.
Es a finales de 1859 cuando por fin entran en vigor las leyes vertebrales de la Constitución de 1857. Éstas fueron la Ley Juárez, que abolía los fueros militar y eclesiástico, es decir, puesto que tanto militares como miembros de la jerarquía eclesiástica se encontraban fuera de la ley civil ya que no podían ser juzgados por ésta, cuando cometían faltas o delitos, se encontraban impunes. La Ley Juárez obligaba a todos los ciudadanos a someterse a las mismas leyes, las que serían (teóricamente) discutidas y aprobadas por todos los ciudadanos. Así, por primera vez ocurre en México que todos los ciudadanos fueran considerados iguales ante la ley.
La Ley Lerdo, creada por Miguel Lerdo de Tejada, establecía que todas las propiedades de la iglesia serían vendidas a particulares, con el objetivo de reanimar la economía que se encontraba estancada por la improductividad de las vastísimas propiedades del clero.
Finalmente, la Ley Iglesias, que redactara José María Iglesias y en la cual quedaba estipulado que todos los servicios eclesiásticos, como el bautismo, la confirmación, el matrimonio, la extremaunción, debían ser gratuitos para los pobres.
La iglesia católica rechazó enérgicamente estas leyes, pero como respuesta sólo consiguió un decreto emitido por el general en jefe de las fuerzas liberales en ese momento, Santos Degollado, quien promulga el decreto de que los réditos de los capitales en poder del clero católico serían expropiados para sufragar los gastos de la guerra contra los conservadores.
Es en este año de 1859 cuando empieza a verse que la victoria de los liberales era posible. Termina de fraguarse en el siguiente con las victorias del general Jesús González Ortega sobre Miguel Miramón, en Silao, Guanajuato y luego en Calpulalpan, Tlaxcala y culmina en enero del 61 con la entrada en la Ciudad de México del presidente Juárez.
Con la victoria de los liberales se constituye realmente el país. Es luego de ésta, cuando por primera vez México tiene estatuto de nación y condiciones de mínima unidad. Por fortuna, las instituciones de México se han mantenido, aunque con graves desviaciones y no menos inmensos errores, sin embargo, gracias a unas sólidas estructuras de gobierno fue posible a México sostenerse como nación a pesar de las grandes hecatombes sociales como la invasión francesa y la revolución de 1910.
En los hechos, la Constitución liberal de 1857 continuó vigente, aunque reformada, en la de 1917. Objetivamente hablando es posible así, considerar a Benito Juárez y el grupo de sus colaboradores, los liberales, como los verdaderos fundadores de México.
Justo Sierra, el gran educador y jurisconsulto se refirió a los liberales del siglo XIX mexicano como “aquellos hombres que parecían gigantes”.

domingo 23 de agosto de 2009

Los motivos de la risa

Antón Chejov, los motivos de la risa


Pterocles Arenarius




Reír, lector querido, es una de las gracias que nos aligeran la vida, nos vuelven grato cuanto ocurre en este tránsito, que muchos consideran trágico, que es la vida. El sentido de lo trágico necesita de la seriedad, es profundo, solemne. La risa encuera a la solemnidad, es inevitablemente superficial, demuestra que debajo de una vestimenta rimbombante y pretensiosa se ocultan, generalmente con vergüenza harta y fallido disimulo, las miserias. La risa es desnudez, salud y –¿alguien lo duda?– alegría. La risa nos devuelve a la superficie cuando el terrible peso de lo profundo amenaza con ahogarnos. Nos demuestra que el mundo puede ser agradablemente ligero, que todo puede llegar a carecer de importancia; extremo tan poco recomendable como todo extremo. No en balde en la edad media, nos dice Umberto Eco, los jerarcas eclesiásticos urgidos de poder y solemnidad (ergo, sobrados de miseria espiritual) destruyeron para siempre aquel pertinazmente citado y mencionado como prolijo tratado de Platón sobre la risa. Sospechamos, pero jamás sabremos qué dijo el sabio socrático, hemos perdido un motivo de deleite, del regocijo. Las circunstancias nos indican que no fue una pérdida menor. Pero consolémonos, lector ingente, por fortuna el humor es veta exuberante en el arte en general. Dice el erudito Paulo G. Cruz que “Dos cosas permitió Dios que Adán y Eva rescataran del Edén: la risa y el orgasmo”. Cuando se nos regala un motivo honesto y limpio para la risa, semejante acto es, no me contradirás, lector amable, obligatoriamente agradecible, liberador de tensiones tanto físicas como espirituales que llegaríamos, en efecto, a compararlo con el orgasmo en ciertas condiciones. Pero ¿qué es un motivo honesto y limpio que convoque a la risa? La risa no debe ser jamás causa de escarnio –lapidación del más tonto en el corrillo o de aquél que sea pillado en sus cinco minutos de inepcia–, la risa benévola y honesta no agrede ni molesta (quizás salvaríamos a la ironía en su inteligencia, su finura), la risa conmueve, aproxima a los humanos, nos da un atisbo del alma del que nos provee el objeto risible o bien del propio objeto. En realidad de ambos. La única excepción éticamente válida para ejercer el sarcasmo acerbo, convengamos, lector amigo, sea el que se ejerce legítimamente contra el poder. Por lo demás –en medio de sus engreídos rituales y protocolos–, difícilmente habrá víctima propiciatoria más ad hoc para la burla que aquellos hombres que ejercen el poder de manera desmedida e ilegítima. Y lo merecen. El humor, la burla, es el único medio de consuelo, la mínima válvula de escape para sentirnos libres de la asfixiante opresión de un poder excesivo. Pero, bien, abandonemos la tan extensa digresión, lector paciente. Estas letras se dirigían originalmente hacia la obra de uno de los padres del cuento moderno. Antón Chejov. Prolífico autor finisecular (pero decimonónico y no milenarista) que, respondiendo a las condiciones de su época, nos obsequió una ingente obra, pero además genial y no sólo eso, fundacional para la literatura del siglo que concluyó. Junto con Maupassant y Allan Poe, pero independientemente del francés y el anglonorteamericano, que son no menos geniales, Chejov renueva, airea y refunda el género breve. Sus vertientes son ajenas a las de aquéllos y absolutamente personales y propias del espíritu ruso. Chejov nos remite, casi en cada una de sus obras, a la particularidad minimalista de una humilde persona de la más popular vena. Y la imagen espiritual es gozosa. Gracias a Chejov, inteligente lector, diremos, los rusos son personas benévolas, ingenuas, desbordadas en ciertas actitudes sensibleras, risiblemente mezquinas, víctimas de supersticiones que en realidad resultan conmovedoramente encantadoras. Son como casi todos los seres humanos. Vivir en Rusia, entre esos rusos, ¿quizá en Taganrog?, donde él nació, sea tan sensiblemente grato como los propios cuentos de Chejov.
¿Pero cómo lo logra? ¿Cuál es el artificio “diabólico” dirían los inquisidores medievales para que en un momento de la lectura de un cuento chejoviano, de pronto, estallemos en carcajadas alarmando a quien nos acompaña? Vaya un botón:
Un hombre sumamente honorable, más que menos adinerado, culto –positivista ortodoxo– y de espíritu abierto según su propia valoración, asiste a una sesión de espiritismo tan en boga en aquellos años. La deliberación adquiere una creciente intensidad cuando a nuestro personaje pretendidamente le demuestran una comunicación con el “más allá”, concretamente con uno de sus propios parientes. Cuando el hombre se retira a reposar en la alta noche y en soledad se siente intranquilo, desasosegado. Su desazón se agranda cuando observa un retrato del mismo pariente difunto con quien le "establecieron comunicación" los espiritistas sesionantes. Nuestro héroe no refrenda la curiosidad, la vocación, el interés por el tema parapsicológico de la comunicación con un habitante de ultratumba, sentimientos que lo inundaran ante la presencia de sus amigos. En soledad sólo siente terror. Incluso no puede evitar que sus ojos permanezcan fijos en los del retrato de su pariente. En cierto momento, nuestro hombre puede ver claramente que el retrato le guiña un ojo. Aterrorizado corre. Busca compañía –sí, igual que un niño cuando va a la cama de los papás pidiendo dormir con ellos porque tiene miedo–. ¿El guiño del retrato fue real? Por supuesto que no, claro. Además no importa. Lo que importa es que para el personaje sí lo fue. Se derrumbó su mundo. Eso es trágico, incluso atroz. La respuesta es superficial, absurda; sí, risible. El hombre sale corriendo. ¿Huyendo de qué? Quizás huyendo de sí mismo. Quizás no soporte la excesiva cantidad de implicaciones que tiene el hecho de que un retrato de un difunto le haya guiñado un ojo. El sabe en su fuero interno que ni siquiera eso importa. Sabe que él no puede, ni siquiera le corresponde dictaminar sobre la verdad o no de un suceso: un guiño de un retrato. Dicen que todo miedo es miedo a la muerte. Entonces, la muerte, “el otro lado” se ve concretado en un gesto, en una banalidad. Es un tema demasiado profundo, la muerte es la solemnidad por antonomasia. La tragedia. ¿Como contrarrestarla?… Tienes razón, lector brillante, con la risa. Los mexicanos, recordemos, somos considerados excéntricos y mundialmente famosos por nuestra facilidad de reír ante la idea de la muerte. Chejov sabía un rato de tal concepto.
Algo, lector, nos llama la atención, ¿qué tipo de guiño fue el que le hizo a nuestro pobre caballero el retrato de su tío? ¿Fue un guiño simplemente picaresco?, quizá fuera de complicidad, pero ¿por qué no –nada se nos indica en contrario– fue un guiño obsceno que los hay? ¿Por qué no? Una insoportable vulgaridad desde el más allá, para mayor malestar del honorable funcionario de marras. La circunstancia nos estimula la imaginación y la risa se vuelve indetenible. El contraste entre la idea de la muerte y un ambiguo guiño de ultratumba por parte de un retrato de un hombre que sospecharíamos más formal y seriesísimo que el mismo temeroso observador del retrato provocan un acceso, un verdadero ataque incontrolable, deleitable, saludable. Catártico. Riamos, noble amigo. Aunque procuremos no observar insistentemente retratos de difuntos y menos si son parientes, al menos no en soledad y en altas horas de la noche. El cuento se llama Los nervios y es legible en cualquier buena antología chejoviana.

jueves 13 de agosto de 2009

El cuento

El cuento, un punto de vista general.

Pterocles Arenarius
Un cuento tiene que ser una narración maravillosa, si no lo es, no vale la pena gastar el tiempo en leerlo. Y es que el cuento es un subgénero de la narrativa que a su vez forma parte del arte creado en letras: la literatura.
El cuento tiene características esenciales que lo diferencian de cualquier otro tipo de creación literaria. Dos características son privativas del cuento, su brevedad y su unicidad anecdótica, esto último, en otras palabras, el hecho de que un cuento es anécdota, una sola anécdota. Acaso el cuento se permitiera incluir más de una anécdota para reforzar el efecto, su objetivo último. El cuento es, pues, una narración de efecto, de un solo, íntegro y devastador efecto. Un gran cuento, decía don Edmundo Valadés, es el que se lee de una sentada y se recuerda toda la vida. Así debe ser de poderoso el efecto de un cuento.
La estructura del cuento suele ser el modelo canónico ―diríamos arquetípico― propio de toda exposición, dicha estructura consiste en introducción, planteamiento de un conflicto, desarrollo del conflicto, clímax del conflicto (también llamado nudo) y desenlace o final. Con la salvedad que en otro tipo de exposiciones no se incluye la palabra conflicto.
En resumen, el cuento es fundamentalmente anécdota y su objetivo es un solo efecto y su extensión es tan breve como sea posible, ya que una de las condiciones de la estética es la economía de recursos, es decir, el máximo de significado con el mínimo de palabras.
De lo anterior colegimos que todo recurso expresivo utilizado en la narración que pretenda ser cuento, debe estar al servicio de la anécdota. Toda descripción, toda acotación, diálogo, circunstancia, incidente o referencia deben estar al servicio de la anécdota. Si no ocurre así, aquello ―que debiera ser un recurso para elevar el texto― se convierte en un distractor, en un objeto ocioso sin función en el cuento, sin objetivo en el ensamblaje que tiene por razón de existencia impactar con el efecto final del cuento.
Examinando las partes del cuento que han sido mencionadas líneas arriba, anotemos que la introducción adquiere un relieve especial, porque en ella radica la primera impresión de la narración. La primera frase, a lo más los dos primeros renglones tienen que ser extraordinariamente atractivos de alguna manera para el lector. Plantear una incógnita, introducir una atmósfera, sorprender al lector, desconcertarlo, al fin, seducirlo. Mejor habría que decir, iniciar la seducción. Toda obra de arte debe tener por objeto seducir a su espectador. La obra literaria, como casi ninguna otra, está dirigida mucho más al intelecto que a las emociones u otras partes de la psique de la persona, si bien el objetivo serán en gran medida las emociones, pero a través del tamiz que constituye el intelecto, de entrada para descifrar los signos gráficos.
El planteamiento tanto como el desarrollo de la narración deben tener como condición imprescindible incrementar la tensión de la narración. Aumentar su interés. La anécdota del cuento es siempre un conflicto, un enfrentamiento en donde un ser humano, el protagonista del cuento, se encuentra y se confronta con otro personaje, el antagonista. Ahora bien, este personaje que constituye la oposición al protagonista o “héroe” de la historia, puede tener muy diversas índoles. Bien puede ser la naturaleza o Dios o un animal, un ser del otro mundo e incluso el propio protagonista que se enfrenta a sí mismo. El héroe puede tener un destino feliz y triunfar en el conflicto, o bien puede ser un héroe trágico que es derrotado y paga un precio muy alto y terrible por su derrota. Bien puede ocurrir que el protagonista sea en realidad (o aparentemente) el antihéroe, es decir, el que personifica los antivalores. Incluso podría ser el malvado. Aunque recordemos que el protagonista, cualquiera que éste sea, independientemente de los valores que personifique, es el que tiene las simpatías del lector. Difícilmente un lector permanecerá leyendo la historia de un personaje que le resulte odioso o intrascendente. El protagonista puede aparentar que es un sujeto cualquiera, pero esencialmente no lo es ya que nos plantea un drama humano muy interesante o incluso altamente conmovedor, es decir, nos obliga, en el fondo, a identificarnos con él. De lo contrario jamás leeremos semejante historia.
El desarrollo, necesariamente ha de contar con el equilibrio entre lo inteligible y lo interesante. Ni tan simple que nos decepcione ni tan intrincado que se vuelva confuso o muy difícil de entender; sobra decir que en ambos casos se destruye el interés. Salvando eso, tiene que, además, incrementar la tensión, continuar atrayendo el interés. Los recursos son múltiples, el humor, la intensidad del conflicto, la sordidez, el realismo, el candor de los personajes, su condición de malvados, etcétera. Una condición de estos recursos es la verosimilitud (palabra de que deriva de verdad y símil; es decir, que la anécdota sea muy parecida a la verdad), en la verosimilitud se encuentra la mayor parte del interés del cuento. Esta virtud es la que hace decir a los lectores “Es que así es la vida”, luego de sorprenderse, paradójicamente, de los asombrosos hechos ocurridos en la narración. Los detalles, las descripciones, los rasgos sicológicos de los personajes, se justifican sólo si colaboran a la verosimilitud del cuento.
El cuentista y novelista Eusebio Ruvalcaba dijo en cierta ocasión que el arte de escribir cuentos es muy similar al de hacer pasteles. Sostiene que se debe tener los mejores ingredientes, buena leche, muchos huevos, el suficiente dulce o la acritud o ambas a la vez, y finalmente combinarlos sabiamente. El símil es muy acertado. Buena leche para un cuentista significa el noble origen. Esto es un concepto muy complejo. La única manera, por el momento, encuentro para explicitarlo es mediante las citas de dos escritores fundamentales. Uno es el polaco Ryzard Kapuscinsky: “Ningún sujeto mezquino será un gran escritor”. El otro es el novelista argentino Ernesto Sábato: “Dostoyevsky, Tolstoi, Flaubert, fueron grandes hombres que han escrito”. Eso es lo que debemos entender por buena leche, la escurridiza idea de la grandeza de alma, de la generosidad, de la bondad, quizá del compromiso con los más débiles, digamos el espíritu quijotesco. Lo cual equivale a emitir un concepto sumamente confuso.
Otro ingrediente mencionado dice “Muchos huevos”, bueno, eso significa la capacidad de ponerle mucho sabor a los textos, mucho color. Hay quien sostiene que eso quiere decir valor. Digamos que sí. Finalmente toda narración es un retrato de la psique del autor, más aun, de su alma; exhibirse hasta semejantes profundidades requiere, sin duda, mucho valor. El dulce y lo agrio cada uno lo administra a su propio gusto y es una manera más para seducir a los lectores. Finalmente la gente puede enamorarse de un cuento, de una obra y eventualmente de su autor, hacia el cual se experimenta una inmensa gratitud por lo que nos regaló en su obra. El verdadero objetivo de la obra de arte es transformar a su espectador. Provocar en él la catarsis, la liberación, el desahogo. La obra de arte tiene que ser un acto de amor, el cual está necesariamente implicado por la seducción. Es en tales sucesos en los que se sustenta, en gran medida, toda obra de arte.
Continuando con las etapas de la estructura del cuento. En la cúspide de la tensión del la anécdota sobreviene el desenlace. Es ahí donde generalmente, pero no siempre, ocurre el último y decisivo golpe de efecto. En algún momento, se pensó que el final debía incluir la sorpresa. Grandes cuentistas probaron que no es así, que es posible hacer grandes cuentos en los que haya un final abierto, incluso anticlimático. El clímax es el momento en que el conflicto llega a una situación en la que ya es insostenible, en donde no es posible ir más allá, complicarlo más a riesgo de acabar con el interés, degradar la tensión. El final es el último golpe, porque, puesto que se trata de una anécdota, el efecto del cuento es unitario. Es decir, el arte del cuento es dotar a una anécdota de la fuerza para causar por sí misma un efecto tan poderoso como le sea posible.
Al final anotemos que, como en toda obra de arte, el cuento contiene el armonioso equilibrio entre fondo y forma, de tal manera que ambas se sustenten mutuamente, incluso se confundan y den la apariencia de naturalidad, de que aquel suceso sólo podía ser dicho de esa manera y de ninguna otra (porque así deben hablar esos personajes, porque tales palabras son las justas para las descripciones, porque no hay otra forma de contar lo que se cuenta).
En otra época era muy común que todas las narraciones se realizaran desde el punto de vista de un narrador omnisciente. En la narrativa moderna, influida por el relativismo que ha invadido desde principios del siglo XX todos los ámbitos del saber y la creación humanos, los cuentos cada vez más raramente tienen un narrador que, como Dios, lo sabe todo. Los cuentos, cuando tienen narrador en tercera persona (antes narrador omnisciente) nos prueban que éste es más bien una especie de testigo (narrateur avec, dicen los franceses), es una especie de acompañante de los personajes que de ninguna manera sabe todo y a veces ni siquiera sabe lo que sí saben algunos de sus propios personajes. Mucho más común es la manera de narrar en primera persona, en donde el protagonista es el propio narrador o al menos un personaje secundario que acompaña al protagonista. El punto de vista de la narración ha terminado por convertirse en uno de los elementos más importantes de la obra literaria, pues desde el punto de vista en que se observan los sucesos contados se determina la emoción que se imprimirá en la narración, es un elemento central de la verosimilitud y otorga al lector un sitial privilegiado desde el cual considerar la narración, si bien implica más riesgos al escritor.

miércoles 15 de julio de 2009

La enseñanza de ti

La enseñanza de ti
(El prodigio de habitarte)

Pterocles Arenarius



Aquí debería ir tu nombre



Aprendí la cultura de tu cuerpo.
Me exilio en ti, maravillado,
me civilizaste en tu belleza,
después me has refugiado en tu escondite secreto,
oscuro, tibio;
donde me has hecho más tuyo aun
que de mí.
Tan tuyo ya que hoy no me pertenezco.
Soy de ti, soy
de ese tu lugar secreto
donde me otorgaste el íntimo homenaje
―con que una mujer agracia―
de refrendar mi hombría.
Así es que se me dio la fascinación
de disciplinarme a la orden de tu cuerpo.
Sólo así ―como en toda tierra― es posible
el prodigio bendito de habitarte.

jueves 28 de mayo de 2009

El imperio de la disolución

El imperio de la disolución
Pterocles Arenarius
La influenza inicialmente llamada porcina y, luego de los daños infligidos al mercado, corregida como A1-H1N, es mortal si te invade el virus, según los datos de los escasos científicos calificados que hay en México, los de la UNAM. En su momento esta epidemia fue ocultada por los funcionarios mexicanos debido a razones políticas, según Fidel Castro. Es creíble. Personalmente, antes de que estallara la paranoia colectiva atizada por la televisión, conocí dos casos, el de una infante y el de una mujer joven, que sufrieron neumonía y ambas estuvieron cerca de morir, en estado grave de salud, según los médicos, pero jamás se supo que fuera la influenza A1-H1N. Por coincidencia cuando se fue de México Barack Obama empezó la campaña de paranoia y la monstruosa retahíla de autoelogios en boca de los funcionarios. Lo cierto es que la denuncia de Castro ahí queda y las autoexculpaciones de los gobernantes mexicanos abundan para su ilegitimidad de origen.
Por otro lado, como parte de otra epidemia peor, la de los errores y brutalidades panistas que se mantiene desde hace casi ya 9 años, se dio la intentona, desde la Secretaría de Educación Pública (SEP), para eliminar la materia de Filosofía (y las relacionadas como Lógica y Ética), pero también contra la literatura (¿respetarán las materias previas relativas como la gramática?). Al parecer la decisión aún no se toma. La SEP, bajo el mando real de la corruptísima líder vitalicia del sindicato nacional de profesores, Elba Esther Gordillo, posiblemente encuentre que es inútil o al menos superfluo enseñar literatura y filosofía a aquellos imberbes de entre 15 y 18 años, nuestros adolescentes y si dicen que es así, pues dirán también que es oneroso. Este es un acto de total brutalidad contra la inteligencia y la cultura del pueblo mexicano, pero peor aun es si lo consideramos a futuro, significaría que el próximo paso será irse contra las matemáticas, contra la física y entonces ¿qué enseñarán en las escuelas?, ¿enseñarán lo que promueve la verdadera Secretaría de Educación que es la dupla Televisa-TV Azteca? Oh, maravilla, lo que nos espera son las noticias mentirosas o al menos falseadas, sesgadas; los grotescos programas de chismes estúpidos sobre la promiscuidad sexual de sus “estrellas” (llama la atención a que desde la muerte de Paco Stanley, yonqui fanático, repartidor ―en buen caló, burrero―; contrabandista y aspirante a forjador de un cártel, se han acabado ¿o acallado? las noticias sobre la afición ―no menos popular que la promiscuidad sexual― a las drogas duras, blandas y más bien sintéticas que naturales).
Es bien sabido que los talentosísimos “artistas” de televisión le meten con singular entusiasmo a todo aquello que estimule sus hermosos y trabajados ―en gimnasio pero más bien en quirófano― cuerpecitos y sus tan patéticas como endebles y disminuidas dotes intelectuales. Últimamente, desde la infausta muerte de Stanley las noticias de tal índole brillan por su ausencia, ¿será que los “artistas” ya no le meten? De la manera más franca y contundente afirmo que lo dudo, lo dudo a contracorriente de que la moda actual sea por decreto presidencial “la guerra contra el crimen organizado y el narcotráfico”, la que más bien pareciera un buen pretexto para burlar la Constitución e instalar el autoritarismo, promulgar leyes para criminalizar la lucha social y la oposición al gobierno. Así se hizo también el decreto que autorizaba a las autoridades de salud a violar domicilios y a colocar en cuarentena a “sospechosos” de sufrir la influenza famosa. Lo cual parece más bien el uso de una crisis sanitaria como pretexto para mostrar la fuerza bruta del estado contra los ciudadanos. Si bien admitamos que no se conocen casos de violaciones de domicilio ni detenciones para someter a cuarentena.
En medio de esta circunstancia aparecieron sendos libros cuya autoría pertenece a dos pájaros de cuenta: uno, Roberto Madrazo Pintado, ínclito maratonista sesentón y vencedor hasta de miles de jóvenes en la competencia maratónica de Berlín, Alemania 2008 y el otro es el prócer de la pandilla que por el momento y aun con sus divisiones domina la escena política de México, la mafia de panistas, algunos ex priístas, muchos empresarios y los más importantes medios de comunicación; el héroe en mención es el padrotito, sobornador y defraudador argentino Carlos Ahumada.
El ultracorrupto Roberto Madrazo, que no puede competir en nada si no hace trampa, en su libro, trata esencialmente de ajustar cuentas con gente como Elba Esther Gordillo, quien con tal de mantenerse en el poder ha demostrado vocación para vender su alma incluso al arcángel Miguel, ejecutor del enemigo malo, pues doña Elba Esther, por su aspecto físico y por sus siniestras acciones desde hace décadas, no puede ser sino parte de las huestes del maligno. Roberto, fiel a los condenados permanece en las filas chantajistas y, por ello, privilegiadas del PRI y su libro, más que prescindible, excepto por algunos datos de la picaresca imperante en la política mexicana, es un listado de quejas en contra de aquéllos que no lo apoyaron o lo traicionaron, como Elba Esther, en sus ambiciones presidenciales.
En tanto que Carlos Ahumada pone en evidencia a todos los que en su momento fueron señalados como miembros de la conjura que culminó con aquel berrinche de Vicente Fox: el sainete del desafuero de Andrés Manuel López Obrador, obra bufa que, sin embargo, tuvo un momento grandioso, cuando AMLO, solo contra 500 diputadetes a cual más inepto y/o corrupto, se lanzó contra todos los conjurados jugándose su propia vida no sólo política (recordamos que el difunto policía Santiago Vasconcelos se presentó a unos metros del departamento de AMLO con pistola al cinto y acompañado, muy valiente el señor, de unos diez de sus cerdos, digo, sus guaruras).
El padrote argentino no descubre nada nuevo, todo se supo en su momento: Fox, Fernández de Cevallos, Creel, Medina Mora, Macedo de la Concha y algunos otros, coordinados todos por Carlos Salinas de Gortari, ejecutaron la acción dirigida a desaforar a AMLO e impedirle que fuera candidato presidencial. Finalmente lo desaforaron, pero no pudieron impedir que fuera el candidato de la izquierda, pero, ya en el 2006 y habiendo convocado a más interesados en detener a Andrés Manuel, abriendo más el abanico de conjurados y actuando ya con operadores incluso dentro del gobierno, en el 2006 perpetraron un fraude electoral histórico para despojar a López Obrador y al pueblo de México de un triunfo en toda la línea de la izquierda, paradójicamente, derecha.
Lo exhibido por Ahumada en su libro se reforzó con las recientes declaraciones periodísticas del ex presidente Miguel de la Madrid, uno de los peores que ha padecido México, lo que ya es demasiado decir. De la Madrid, quién lo dijera, tiene cuentas pendientes con su sucesor y delfín, Carlos Salinas, pues aquel primer ex mandatario acusó al segundo de delitos que siempre conocimos, aunque De la Madrid calló de aquello de lo que nunca se ha denunciado al demoniaco Salinas, aquello que todo el pueblo mexicano sabe bien (aunque nadie, repito, se atreve a decirlo en los medios), y los únicos que no lo han descubierto son las autoridades de justicia de México, la autoría intelectual de la muerte de Luis Donaldo Colosio. Y a pesar de que las denuncias delamadridianas fueron muy leves, el demoniaco Salinas encargó a su achichincle Emilio Gamboa Patrón, proficuo diputado, a que convenciera a don De la Madrid que se declarara algo así como víctima del mal de Alzheimer para retractarse de sus acusaciones a Salinas de manera un poco menos indigna que por miedo: autoafirmándose pinche viejito loco, digamos.
Las acusaciones de tan múltiples y graves delitos ahí están, pero las autoridades de justicia, desde los millonarios ministros de la Suprema y Tremenda Corte de Justicia, no abren la boca ni siquiera para opinar sobre tan bárbaras violaciones a la ley y mucho menos sobre los bien conocidos personajes que las ejecutaron.
Entre tanto desbarajuste, entre tanta disolución y la desesperanza que provoca, el presidente, todavía considerado ilegítimo por millones de mexicanos, propone su asombroso plan Vive México, como tratando de conjurar el hecho de que México estuviera muerto. Anuncia que se trata de promover el turismo hacia nuestro país, a pesar de las balaceras de cuatro horas entre narcos de distintos cárteles o bien entre polis y narcos, también de diversos cárteles. Sin ruborizarse por saber bien que los narcos dan empleo y pingües salarios a alrededor de un millón de personas en todo el país, mientras su gobierno y sus consentidos protectores, los empresarios que lo llevaron al poder, sigue provocando ―por inepcia o por descuido, por atender más bien a los mencionados empresarios y por otras razones más pendejas todavía― más desempleo, pero el gasto corriente del gobierno (lo que ellos se autoasignan como sueldos) ha crecido, del foxato para acá, en un monstruoso 80 por ciento.
Bueno, Calderoncito convocó a gran número de “artistas” de Televisa y Tv Azteca, esos que junto con sus productores y patrones se deshocican por hacer masiva y de ser posible mundial la estupidez. El “presidente” los hizo asistir para ―en los hechos― exigirles que apoyen su plan Vive México. Y con ello dar legitimidad a su (des)gobierno. Pronunció su discurso frente a los “artistas” y, éstos, sonrientes, felices, con positivísimas actitudes, avalaron la arenga.
Y acerca de lo anterior quisiera decir que un día antes del acto de los “artistas” con el “presidente”, me bebí unos cuantos tragos, aunque incontables, con un extraordinario poeta, que no diré su nombre, sino expondré su identidad poética:
Soy, a veces, una llave de a caballo aplicada por el santo,
otras veces soy el madrazo de frustración
que un borracho deja caer sobre la mesa.
cuando era niño hice llorar a pin pon.
le pegué con su pinche peine de marfil.
a veces soy tan transparente y emocional
como una adolescente que se masturba.
soy el correveidile de la lujuria
(…)
a veces me siento como un portero
antes de que le tiren un penalti
a veces un cuento pornográfico
(…)
a veces como el cochambre que dejan
las viejas en su tanga.
soy una voz necia que pide un trago más,
soy un gancho al hígado de la realidad;
esa vieja fresa que no bebe
y que nos mantiene en sus brazos mientras
mira cómo nos destruimos.
soy, a fin de cuentas, un sicario sin balas
huyendo de la responsabilidad
de encontrar su propia muerte.
El autor de tales versos, un adorable muchacho pachequísimo y de talento poético desmesurado como lo demuestran sus versos, por azar me contó que en alguno de sus recientes momentos de esparcimiento pacheco departía con dos de las talentosísimas “artistas” que trabajan en las mencionadas compañías que tan empeñosamente difunden casi mundialmente la estupidez por nuestro espacio electromagnético. La referencia me hizo preguntarle ¿la que actúa en la telenovela fulanita y la que conduce el programa sutanito? Sí, ellas. ¿A poco esas preciosuras le meten a eso?, pregunté. La respuesta fue “ay, carnalito”.
Por eso, cuando veía precisamente en la tele la noticia del plan calderónico y observé a este (dis)funcionario con todos los “artistas”, no pude menos que pensar que mientras el señorito del poder (Calderón no es un señor, cuando mucho llegaría a señorito) hacía su arenga autolegitimadora, muchos de los chicos y chicas aquellos que le hacen a la artistiada a través de la tele, andarían más o menos en las nubes, bajo los efectos de las múltiples sustancias de vieja o muchas de nueva generación que usan para alterar su consciencia y su percepción de este mundo, aunque no tengan idea de ello, sino simplemente que sienten chido y se ponen hasta arriba, es decir, intensos para trabajar en los programas en que los contratan.
Así, en el desbarajuste de toda índole que ocurre en México, aunado al de institucionalidad, se encuentra el de que uno de los flancos más vulnerables del gobierno es el de su guerra contra el narco.
En este momento México es el imperio de la disolución y el gobierno incapaz de dar soluciones, sólo nos muestra sus intenciones de implantar la mano dura. Mientras tanto, entre alcoholismo, pobreza, marginalidad, drogas y un estoicismo heroico se incuban los grandes artistas, como el poeta citado líneas arriba. Porque el arte mexicano es e históricamente ha sido, durante treinta siglos, de primer mundo y sus gobernantes y funcionarios, de quinto.

domingo 3 de mayo de 2009

Cristos de la Tierra

Cristos de la Tierra

Pterocles Arenarius

Para Guadalupe Méndez

Hay en la tierra, y hubo siempre, treinta y seis hombres rectos cuya misión es justificar el mundo ante Dios. (…) No se conocen entre sí y son muy pobres. (…) Constituyen, sin sospecharlo, los secretos pilares del universo. Si no fuera por ellos, Dios aniquilaría al género humano.
Son nuestros salvadores y no lo saben.

Jorge Luis Borges


Existen sujetos que suponen poseer la potestad de decirnos
Cómo vivir… en qué creer… y cuánto y cuándo sufrir…
Ellos suministran los dolores. Se hacen llamar jueces, policías,
dictadores, grandes empresarios, militares,
antes, simple y más honestamente se llamaban verdugos… o acaso monarcas…
Sujetos de esencial miseria del espíritu que supónense superiores
sobre el común de los humanos… y se creen elegidos de su Dios…
dueños de destino y vida de sus congéneres.
¿Motivos, “razones”?, les sobran: el color de la piel o de los ojos o del pelo…
Y con esa diferencia de tintura han justificado incluso el exterminio
De aquéllos que ―ellos creen― son diferentes e inferiores…

Existen otros hombres dotados de la rabia y el amor
La dignidad y la compasión. La furia junto ―oh paradoja― con el sentimiento de compartir el dolor humano.
Y éstos se arrogan, a veces sin saberlo, la misión de salvar
a la humanidad. Humildemente. Salvar a Pedro a Pancho a Juan…
A Guadalupe, Amaranta y Camila...
Que son la humanidad… el pueblo… la mayoría… los pobres…
los que generan el valor a partir de madre natura
: los que trabajan… y con sus manos han cambiado al mundo
… entre ellos surgen los salvadores, los cristos…
Y por el enemigo son templados sin piedad, endurecidos,
probados por el fuego y el dolor…
lucharán contra la depredación
los cristos son los que ―ridículos, soñadores, locos, paupérrimos, insensatos
habrán de luchar contra la opresión de la miseria (que no contra el pecado)
de los humildes… de los que trabajan
… y suelen llamarse Che, Gandhi, Zapata,
O bien Sandino…
Sandino…
Del pueblo siempre saldrá uno que tenga el tamaño descomunal de ser
tan simplemente humano. De amar tanto a sus iguales…

Y los que no aman vinieron a decirnos que Cristo nos salvó del pecado, pero
del pecado que cada cual se salve, si le parece bien.
Y si no… pequemos a discreción,
pequemos a destajo que el único pecado imperdonable es
la ignorancia, la propia dejadez o la miseria espiritual que vuelve a algunos
capaces de abusar, de explotar a otros humanos.
Fuera de eso “sigamos pecando”… La material miseria no es pecado…
Pues los verdaderos miserables son los que ansían el poder,
los que pueden matar por hacerse del poder para su beneficio material,
así de miserables son. Y no lo saben,
los que son capaces de usar como animales
a sus propios semejantes,
los que creyeran en la superioridad por cuestión de raza.
La miseria sí es pecado, pero sólo cuando es miseria espiritual…
Pues el miserable es el que al descubrir su condición anhela el poder
para ocultarse la inmensidad de su miseria
: la del espíritu…
Los hombres grandes son los cristos sandinos, los que entregan su vida
por los demás, por los humildes…
Los que encarnan al hombre más grande de la historia: Cristo, el hombre
que ―muy posiblemente― no existió, pero sobrevive
como la metáfora de la actitud suprema
que puede producir el hombre:
entregar la vida por los otros, por los humildes, por los que trabajan,
por los olvidados de la tierra y por las prostitutas.

viernes 24 de abril de 2009

Cristos de la Tierra

Cristos de la Tierra
Pterocles Arenarius

Para Guadalupe Méndez

Hay en la tierra, y hubo siempre, treinta y seis hombres rectos cuya misión es justificar el mundo ante Dios. (…) No se conocen entre sí y son muy pobres. (…) Constituyen, sin sospecharlo, los secretos pilares del universo. Si no fuera por ellos, Dios aniquilaría al género humano. Son nuestros salvadores y no lo saben.

Jorge Luis Borges

Existen sujetos que suponen poseer la potestad de decirnos
Cómo vivir… en qué creer… y cuánto y cuándo sufrir…
Ellos suministran los dolores. Se hacen llamar jueces, policías,
dictadores, grandes empresarios, militares,
antes, simple y más honestamente se llamaban verdugos… o acaso monarcas…
Sujetos de esencial miseria del espíritu que supónense superiores
sobre el común de los humanos… y se creen elegidos de su Dios…
dueños de destino y vida de sus congéneres.
¿Motivos, “razones”?, les sobran: el color de la piel o de los ojos o del pelo…
Y con esa diferencia de tintura han justificado incluso el exterminio
De aquéllos que ―ellos creen― son diferentes e inferiores…

Existen otros hombres dotados de la rabia y el amor
La dignidad y la compasión. La furia junto ―oh paradoja― con el sentimiento de compartir el dolor humano.
Y éstos se arrogan, a veces sin saberlo, la misión de salvar
a la humanidad. Humildemente. Salvar a Pedro a Pancho a Juan…
A Guadalupe, Amaranta y Camila...
Que son la humanidad… el pueblo… la mayoría… los pobres…
los que generan el valor a partir de madre natura
: los que trabajan… y con sus manos han cambiado al mundo
… entre ellos surgen los salvadores, los cristos…
Y por el enemigo son templados sin piedad, endurecidos,
probados por el fuego y el dolor…
lucharán contra la depredación
los cristos son los que ―ridículos, soñadores, locos, paupérrimos, insensatos
habrán de luchar contra la opresión de la miseria (que no contra el pecado)
de los humildes… de los que trabajan
… y suelen llamarse Che, Gandhi, Zapata,
O bien Sandino…
Sandino…
Del pueblo siempre saldrá uno que tenga el tamaño descomunal de ser
tan simplemente humano. De amar tanto a sus iguales…

Y los que no aman vinieron a decirnos que Cristo nos salvó del pecado, pero
del pecado que cada cual se salve, si le parece bien.
Y si no… pequemos a discreción,
pequemos a destajo que el único pecado imperdonable es
la ignorancia, la propia dejadez o la miseria espiritual que vuelve a algunos
capaces de abusar, de explotar a otros humanos.
Fuera de eso “sigamos pecando”… La material miseria no es pecado…
Pues los verdaderos miserables son los que ansían el poder,
los que pueden matar por hacerse del poder para su beneficio material,
así de miserables son. Y no lo saben,
los que son capaces de usar como animales
a sus propios semejantes,
los que creyeran en la superioridad por cuestión de raza.
La miseria sí es pecado, pero sólo cuando es miseria espiritual…
Pues el miserable es el que al descubrir su condición anhela el poder
para ocultarse la inmensidad de su miseria
: la del espíritu…
Los hombres grandes son los cristos sandinos, los que entregan su vida
por los demás, por los humildes…
Los que encarnan al hombre más grande de la historia: Cristo, el hombre
que ―muy posiblemente― no existió, pero sobrevive
como la metáfora de la actitud suprema
que puede producir el hombre:
entregar la vida por los otros, por los humildes, por los que trabajan,
por los olvidados de la tierra y por las prostitutas.

miércoles 22 de abril de 2009

Dos gordos degenerados

Dos gordos degenerados


Pterocles Arenarius

En muchos periódicos del martes 21 de abril del 2009 apareció como una noticia que mereció incluso las ocho columnas, una nota en la que aparece un sujeto de nombre David Mondragón Vargas, quien fue capturado en la estación del metro Tacuba, vestido de mujer, ya que se dedicaba a manosear a las mujeres en el metro de la Ciudad de México. Mondragón Vargas es ingeniero y, sin duda, debió llegar a extremos angustiosos de lujuria sin satisfacción, de desesperada necesidad por tocar cuerpos femeninos (tocar el cuerpo de una mujer es tocar cielo, dijo Novalis) para llegar a disfrazarse de mujer y meterse al metro en los vagones exclusivos para el género femenino y arriesgándolo todo, darse el gusto infinito de “tocar cielo” aunque sea clandestinamente y violando la ley. Pobre tipo, en realidad merece toda mi conmiseración por el solo hecho de haber llegado a tal extremo en sus actos. Se dice en la nota que es casado y tiene dos hijos. Pero estar casado no tiene que ver con la lujuria, con el deseo de mujer, con el hambre de carne femenina. Ahora David Mondragón Vargas ha perdido todo, el castigo desproporcionado ―fue encarcelado en el Reclusorio Oriente― lo pone como un ser abominable para la sociedad, como un monstruo que era capaz de vestirse como fémina con tal de ultrajar mujeres, por más que su único pecado (que sepamos) era tocarlas, manosearlas. En el periódico aparece ridículamente vestido de mujer junto a un temible enmascarado al cual el “degenerado” apenas le llega al hombro y el policía porta una criminal ametralladora de apariencia ultramoderna. Qué farsa.
Por otra parte, en el inicio de la madrugada del mismo día, empezando con el primer segundo de la medianoche, vi que en el Canal Once de televisión siguen transmitiendo un viejo programa llamado Toros y Toreros que conduce un viejo taurófilo de nombre Luis Téllez. La emisión se empeñó en convencernos de que el toreo es un arte, más, un arte sublime, incluso más, una actividad cuasi sagrada. Lo objetivo es que ―independientemente de la destreza de los toreros, del valor de éstos, de la pompa y el lujo derrochados, de la abundante parafernalia creada para el toreo en muy variados ámbitos― el toreo es un crimen artero, brutal, crudelísimo y cometido a mansalva. Si el toro coge, como bautizaron los españoles al hecho de que el toro llegue a herir (le dé una cogida, así dicen) al torero es un mero accidente, siempre lo ha sido. El animal es torturado de manera espantosa antes de ser exterminado sin piedad y con toda ignominia. Luego de muerto tan criminalmente, lo arrastran como si fuera una descomunal y aborrecible rata. Para mí resultó grotesco que, mientras tocaban música de Beethoven o de Joaquín Rodrigo, transmitían imágenes de picar al toro en el lomo desde una montura a caballo, encajarle varas con afilada punta de acero llamadas banderillas y que tienen un gancho en reversa a la entrada en la carne para que no sea posible que se saquen del músculo del toro, hacerlo salir de un corral en huracanada embestida que se debe al hecho de haberle aplicado una descarga de corriente eléctrica de alta tensión, provocar su furia tentándolo con un capote o una muleta y esquivar “graciosamente” la embestida. Finalmente encajar el estoque para causarle la muerte. Todo con las miles de ventajas para el torero, con las “reglas“ de lo “humano” y a veces hasta violándolas (porque sabemos que no es tan raro que limen los cuernos del animal para que pierda el sentido de la distancia y no pueda coger al torero), reglas que más bien debieran llamarse de lo inhumano que pueden llegar a ser algunos y digo pueden, porque en este caso no hay necesidad de tanto dolor, de tanta tortura a un ser inocente, por más que sea negro y tenga cuernos y rabo, como el diablo católico, el enemigo malo, el adversario de Dios. Cuesta trabajo imaginarse quién inventó semejante “arte” tan siniestro, tan enfermo como el toreo. Luis Téllez, con sus dos minutos al aire (el programa consiste en la transmisión de los videos que este sujeto seguramente conserva en su videoteca taurina, un locutor diciendo poemas de García Lorca o de algún otro mucho menos poeta que aquél y música exquisita) sólo me convenció de que el toreo es un espectáculo grotesco, inhumano, denigrante, espantoso y anticivilizado.
Pero el programa, el señor Téllez, me hicieron recordar que en los años 90 trabajé en Canal Once como guionista para algunos programas de difusión de la ciencia. Recordé que aquel hombre tenía una bien ganada fama de acosador y abusador sexual con las empleadas más humildes de la institución. Recuerdo incluso una anécdota en la que alguien me contó que una secretaria lloraba porque don Luis Téllez la había mandado llamar a su oficina y la chica se debatía en la disyuntiva de renunciar a su trabajo o aceptar la asistencia a dicha oficina, porque ella (y todos) bien sabían para qué quería a las chicas en su oficina el Gordo Téllez (en aquellos tiempos pesaba no menos de 110 kilos). Desde entonces han pasado casi veinte años y el señor Julio Téllez sigue pegado a la ubre, quiero decir, conserva su trabajo en el Canal Once y, que yo sepa, jamás ha sido denunciado por sus tropelías contra las empleadas del canal.
En cambio, David Mondragón Vargas irá al reclusorio en medio de un oprobio digno del más monstruoso secuestrador por haber perpetrado un acto similar a los que Luis Téllez, casi seguramente, ha cometido por décadas: acosar y abusar sexualmente de mujeres indefensas, aunque Mondragón lo hiciera tratando de engañarlas.
La lección para este otro gordo pues así se ve en la foto, el “degenerado” David Mondragón, será muy severa. Sin duda perderá su trabajo, quizá su familia (¿quién querrá a un empleado, a un marido que ha sido exhibido a ocho columnas como un trasvestido, como un pervertido sexual?), ha perdido su prestigio por completo y su libertad quizá por varios años. Habría que enseñarle a este David (¿será posible que no lo sepa?) que convencer a las mujeres por las buenas es mucho más productivo en términos de placer, ellas son capaces de entregar placeres absolutamente infinitos a los astutos que saben convencerlas, engañándolas o no, a ciencia cierta de ellas de que las engañan o a veces sin saberlo. Los dejan (nos dejan tocar, no sólo tocar, qué digo tocar, nos dejan hacer ―y así suelen decirlo― lo que queramos con sus ciertamente entrañables cuerpecitos).
Mientras el gordo Mondragón estará a la sombra quizá unos años por las mismas razones que el otro gordo, Julio Téllez, permanecerá impune y seguirá pegado a la ubre presupuestal. Eso es México, por el momento.

lunes 30 de marzo de 2009

Juan Camilo y el modo panista

Juan Camilo y el modo panista


Juan Camilo Mouriño Terrazo, hoy desaparecido, fue un político hábil, astuto, oportuno no menos que oportunista aunque llegó a su “nivel de incompetencia”, según el Principio de Peter, cuando accedió al cargo de secretario de Gobernación. En parte por la exhibición de él y sus negocios al menos deshonestos, si no es que fuera de la ley.
Juan Camilo era presidente de la Comisión de Energía de la Cámara de Diputados en la LVIII Legislatura. Y a la vez era representante legal de las empresas del señor Carlos Mouriño Atanes, su padre. Una de las empresas se llama Ivancar, Iván es el nombre que cariñosamente otorgaban a Juan Camilo sus familiares y amigos más cercanos. Por supuesto que eso no es prueba de nada. Pero, para las autoridades, tampoco fueron prueba las decenas de contratos que fueron exhibidos, en los que aparecía la firma de Juan Camilo Mouriño. Contratos que jamás fueron desmentidos con pruebas de algún tipo en ningún momento.
Luego Juan Camilo Mouriño Terrazo fue secretario particular de Felipe Calderón y, antes, miembro prominente de su equipo de campaña electoral. Ganaron la Presidencia de la República mediante un proceso fuertemente cuestionado ―un porcentaje cercano (o quizá por arriba) al 30 de los mexicanos consideran que el 2 de julio de 2006 el gobierno federal, varios gobiernos estatales, el Instituto Federal Electoral, el Sindicato de Maestros bajo el mando de Elba Esther Gordillo, el Tribunal Electoral de Poder Judicial de la Federación, un grupo importante de empresarios, algunos intelectuales privilegiados por los diferentes gobiernos recientes y algunos otros organismos y personajes― se coludieron para llevar a efecto un fraude electoral que sólo es comparable al ―hoy aceptado fraude― de Carlos Carlos Salinas de Gortari contra Cuauhtémoc Cárdenas. Pero este escrito está referido a Juan Camilo, volvamos.
Todavía como secretario particular de Calderón, Juan Camilo firmó contratos como representante de sus empresas (o las de su familia). Cuando fue públicamente denunciado por eso, sólo se justificó de manera poco convincente y sin presentar pruebas en contra, sino más bien admitiendo que sí habían ocurrido los hechos de los que se le acusaba, pero que eso no era delito y además él había renunciado a sus múltiples empresas para servir a la nación, entendamos para servirnos a todos. En lo personal siempre quise decirle “Oye, Camilo, por mí no te preocupes, vuelve a tus empresas”.
Lo cierto es que las denuncias lo debilitaron sensiblemente y lo colocaron en una difícil situación, en la que llegó casi al ostracismo imposibilitado para realizar interlocución con los diversos actores políticos y cuantimenos con los opositores.
Juan Camilo perpetró abundantes actos de corrupción, pero la justificación fue que no fueron mayores que los que realizó Diego Fernández de Cevallos, por ejemplo y mucho menos que aquellos con los que victimaron a México tanto los hermanos Bribiesca o la señora Martha Sahagún de Fox.
Luego Juan Camilo murió.
Un lamentable pero muy sospechoso accidente lo quitó del mundo. Y eso lo volvió un héroe. Felipe Calderón le rindió homenajes de estadista. Bueno. Pero eso no lo exculpa, y es que, como dijo el poeta Díaz Mirón, “El mérito es el náufrago del alma/ vivo se hunde, pero muerto flota”. En su momento, es decir, en fechas muy cercanas a la muerte de Mouriño, publiqué en el blog http://www.pterocles-arenarius.blogspot.com un artículo llamado Las raterías de Juan Camilo Mouriño.
Varios meses después, algún valiente, anónimo por supuesto, publicó un comentario en el blog llamándome mentiroso, listillo, mediocre, deficiente o retardado mental y finalmente mediocre con derecho a voto.
Me sorprende que con tanta vehemencia me insulte por tan sólo ejercer mi derecho de opinar sobre sucesos que probablemente fueron hechos delictivos que afectan a todos los mexicanos y en los que al parecer, se ha creado una protección de impunidad y, peor aun, han tratado de convertir a Mouriño en un mártir, cuando que, en realidad, no fue mucho más allá de ser un político corrupto, como la gran mayoría de los políticos mexicanos.
Con Mouriño se aplicó la que ya se está volviendo frase común para la justicia mexicana: “Sí se violó la ley, pero no tanto”, así se pronunció la Suprema Corte (más bien Tremenda Corte) de Justicia en el caso del confeso pederasta y gobernador de Puebla, Mario Marín, cuando éste, para proteger a su amigo igualmente pederasta Kamel Nacif Borge, cuando ambos coludidos ordenaron violar los derechos humanos de la periodista y defensora de derechos humanos Lydia Cacho.
Así se procedió igualmente en el caso del Fobaproa hace ya más de diez años, lo que ha costado miles y miles de millones de pesos al erario (30 mil millones sólo en 2008), es decir, a todos nosotros. Y todavía antes, se justificó el anatocismo, es decir, el cobro de intereses sobre intereses (o el robo legalizado). O bien, el colmo fue en las elecciones de 2006, en que la justicia prefirió dejar a un presidente sumido en el limbo de la ilegitimidad o del franco rechazo de millones de mexicanos, antes que investigar profundamente o acceder a la sentida demanda de revisar “Voto por voto y casilla por casilla” para legitimar perfectamente a Calderón o bien para establecer al verdadero triunfador. Y luego de aquello, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación nos hizo saber su veredicto: “Sí, se violó la ley, pero no tanto”, nada más cuando Fox intervino en el proceso electoral gastando miles de millones de pesos para promover a Calderón, los empresarios hicieron una sañuda y mentirosa campaña no menos ilegal, el Partido Acción Nacional hizo intervenir a extranjeros en nuestro proceso electoral al traer al político fascistoide español José María Aznar y a los asesores Antonio Solá y Dick Morris, gachupín el uno y gringo el otro. La intervención de una compañía de sofware de uno de sus cuñados, Hildebrando Gómez del Campo, en el padrón del Instituto Federal Electoral, un hecho del que hasta el momento no se ha probado la no intervención del familiar de Calderón a través de sus compañías y en cambio sí sabemos que Hildebrando y sus empresas hicieron trabajos para el IFE. Igualmente no se ha aclarado el hecho de que las actas fueron de manera reiterada (y seguramente) masiva alteradas ya en pleno proceso electoral. Tampoco se han aclarado las múltiples denuncias que hace Luis Mandoki en su película México Fraude 2006. No menos recordamos que Elba Esther Gordillo colocó en la calles a cientos o quizá miles de sus operadores para llevar a efecto el fraude electoral in situ, para lo cual la profesora tiene amplia experiencia como presidenta vitalicia del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
El país se encuentra estancado desde hace un cuarto de siglo sin crecer económicamente. Una pandilla de sujetos poderosos se han apoderado de todas las instituciones, las han prostituido. Mediante la justificación de que la libre competencia es lo ideal para el país, han impedido toda competencia y han creado lo que en el extranjero llaman una “Economía de compadres”, donde los únicos que pueden ganar son ellos, los únicos que pueden violar la ley, pero no tanto, son ellos; los únicos que pueden quitar y poner gobernantes son ellos. Ellos pusieron a Calderón, por encima de la voluntad de la mayoría de los mexicanos.
Pero hoy México está al borde del colapso, por más que traten de ocultarlo. Los gobiernos panistas, del último de los cuales Camilo Mouriño fue conspicuo miembro, han hecho un papel peor que mediocre gobernando al país. Los datos que arrojan los periódicos son alarmantes. En México se están matando más personas que en Irak, país en guerra. Los mexicanos pobres tienen niveles de vida propios de los países pobres de Africa. La concentración de la riqueza es una de las peores del mundo. Y el PAN se encuentra en tan precarias condiciones que la gente ha estado votando por el bien conocido (por corrupto) PRI antes que refrendar el poder al PAN.
A todo eso colaboró Juan Camilo Mouriño Terrazo. Y lo seguiremos diciendo a pesar de los insultos y las agresiones. En 2004, por criticar (acremente, es cierto) a los diputados panistas del congreso local de Guanajuato, el que esto escribe, luego de un tortuoso procedimiento, fui expulsado de mi trabajo en el periódico Correo de aquel estado. Y en Guanajuato, toda expresión crítica es permanentemente acallada o al menos sometida a fuertes presiones desde el poder.
Y luego este sujeto (el anónimo insultándome en mi blog) considera, al decir que tengo derecho al voto, que no debiera tenerlo porque pensará que los que critican al gobierno no deben votar. Sin embargo, tenemos ese derecho, criticar a los gobiernos corruptos del partido que sean. Señalar sus infamias, aunque haya sujetos intolerantes que pretendan defender la corrupción sólo porque comparten creencias de alguna índole con los políticos corruptos.
El PAN tiene el deshonor de haber dado a México el presidente más tonto y a la vez el más ignorante de la historia: Vicente Fox Quesada. Para autoagraviarse más, no les importó refrendar la Presidencia mediante un fraude electoral histórico. Los lamentabilísimos resultados están siendo vistos. No importa que digan que la crisis viene del extranjero. Las advertencias fueron hechas desde el año 2007.
Hoy el país está a la deriva en medio de gravísimos problemas y no es con insultos ni amenazas como van a resolver los problemas que ellos mismos, los panistas, han colaborado a crear o se han negado a corregir. Finalmente, constantemente se ha denunciado que desde la Secretaría de Gobernación hay un grupo pagado por la institución para monitorear a los opositores y someterlos a insultos y amenazas, como ha ocurrido con mi blog.

lunes 16 de marzo de 2009

El informe Valladares (La justicia de lo alto)

El Informe Valladares es un cuento que retrata a la justicia mexicana, la desnuda. El cuento fue escrito hace, al menos cuatro años, cuando nadie pensaba que algo como lo que se narra en este cuento fuera posible. Pero los que vivimos en el México real, sabíamos desde hace muchos años que la justicia mexicana es totalmente corrupta, con mínimas salvedades. Tan corrupta es que ya es difícil distinguirla de lo que ellos mismos llaman "el crimen organizado". Hoy, lo que narra el cuento es cotidiano, bien podría ser más bien y con algún recorte, una nota periodística.
El Informe Valladares
(La Justicia de lo Alto)


Pterocles Arenarius

Lo mejor y más alto que puede lograr
el hombre ha de obtenerlo mediante un delito.

Friedrich Nietzsche



–Quiero que lo lea y que algún día me diga lo que opina, señor Arenarius. –Era un caballero ya venerable que un buen día apareció en la cantina de medio pelo que yo frecuentaba para hacer corrillo con algunos conocidos. Luego habría de enterarme que era el Magistrado Abelardo Valladares, un hombre cuya indumentaria de figurín old fashioned, más una nítida pulcritud acentuaban su aspecto luminoso: la piel de su rostro, aunque fatigada, mostraba el sonrosamiento, la delicada finura del que ha gozado de por vida comodidades y deleites materiales de aquéllos a quienes siempre ha rodeado la abundancia y, por lo mismo, suelen despreciar los excesos. Moderado en todo ámbito y con la sensatez de los hombres cuyo dilatado tránsito por la existencia parecen –con su solo talante, refinado y discreto–, comunicar sabiduría. Su modo de hablar, casi literario, denunciaba una educación más que esmerada. Sin embargo había en él una melancolía, daba la impresión de una elegante decadencia que llegaba a rayar en la dejadez; sólo la inercia de su disciplina desde la infancia y su buena posición social habían evitado que descendiera a los abismos del alcoholismo indigente.
–Con mucho gusto y atención lo leeré. Y lo comentamos, como no. –Desde el día en que trabamos conversación no pasó un mes cuando me proporcionó el texto que ahora transcribo. Sólo agrego esta aclaración y el título con carácter de informe, el otro es el original. Además, creo que es el testimonio personal, como me dijo, de la interminable decadencia de una sociedad y quizá de un mundo. El magistrado Valladares no ha vuelto, lo previó, pero me dejó autorizado a que haga conocer este texto si es mi deseo y si tengo algún medio. Del Magistrado Valladares, hasta el momento, ignoro más destino.

La justicia de lo alto.
Aquel día pudiera haber estado en la cantina, pero creo que tenía que enfrentarme con mi destino. Porque se llega a una edad en que ya no hay diversión mejor que la cantina. Templo de la tristeza carcajeante y la felicidad embrutecida. Ni el golf, ni los libros, ni siquiera las mujeres; la cantina era el único, el final consuelo que por fortuna existe y me tocó en suerte descubrir. Y llegó un momento en que la misma cantina se volvió costumbre y tedio. Otra opción era estar en casa con la familia. Algo difícil de soportar, y eso que cuanto se hace en esta vida es para ellos, para su bienestar. Y así, decidí en aquella ocasión permanecer de guardia, gran parte de la noche. Soy, era desde entonces, alguien que puede decidir eso y mucho más. No me imaginaba que iba a enfrentar a mi destino. El trabajo era lo único que, a veces, aún me conseguía satisfacciones. Pero aquel día se volvió el motivo del peor vacío.
Mi trabajo de juez era decidir el destino de algunas pobres gentes y más bien el de muchos imbéciles. Condenar siempre. Absolver casi nunca. Cuantos llegaron ante mí, por ese solo hecho, eran imbéciles. Y lo que hice fue condenarlos pues los humanos no merecen perdón. Algunos por su estupidez y la mayoría por su maldad. Estupidez y maldad deben ser castigadas, sin tomar en cuenta la inocencia. Pues no hay inocentes. Condenar nos da alguna felicidad, un residuo de felicidad, porque nos hace creer que no somos tan imbéciles o, en su caso, no tan malos. Ambas convicciones son satisfactorias. Absolver no es gratificante porque íntimamente tenemos la convicción de que nadie merece ser absuelto. Cuando tenía la mitad de la edad que ahora tengo, hace treinta años, estaba seguro que mucho antes de esta edad habría alcanzado la felicidad. Confundía la felicidad con la justicia, y ambas con el éxito profesional. Ciertamente, el dinero y el poder –que nada tienen que ver con la justicia que inventamos, pero sí con la real– simulan bastante bien la felicidad, pero ni con mucho lo son. Sé que casi todos los ignorantes y hasta algunos miserables son felices. Y de quienes acumulamos dinero y poder, casi ninguno. Y terminamos renunciando a la intención de la felicidad. Y nos conformamos con el dinero, es decir, con el poder, gracias a la consciencia de que la vida podría ser mucho peor. Pero cuando el destino nos muestra que hay más poderes y mayores caemos en el vacío y descubrimos, creo que con mayor claridad que nadie, que esto, la justicia, más que nada, es un montaje de locos, una farsa imbécil y que sólo los idiotas y los engañados la obedecen.
Guardia de viernes a sábado. Cuando se trabaja en el oficio de remover la mierda, esto pudiera llegar a ser un infierno. La fortuna es que cualquier situación infernal es posible transfigurarla en paraíso, aunque sea un paraíso un tanto vil. Si es que hay dinero para allegarse algún placer. Por eso aquel día ordené:
–Ordóñez, láncese por algo.
–A sus órdenes, licenciado. ¿Lo de siempre? –Contestó mostrándose exultado con impudicia, pues se trata de un sujeto sin control sobre sus emociones, como el júbilo que más bien ascendía desde sus instintos, sobre los cuales tiene un control aun menor. Resultaba repugnante: el señor era feliz como un infante al saber que tragaría y bebería gratis. Detesto su miserable felicidad. Aquí puedo reconocer que también la envidio. Porque ya no soy capaz de sentir felicidad con placeres tan rudimentarios. He ahí una fisura de La Justicia, la Gran justicia, la abstracta. ¿O será ésa la real justicia?, ¿que semejante miserable tenga momentos de felicidad, mientras alguien como yo la ve alejarse más cada vez?
–Terry. Y consígase... qué será... unas cuatro patonas de bacardí blanco para el personal de aquí y los de patrullaje; ah y tráigales unos doscientos tacos de suadero, chorizo y tripa para que también cenen.
–Sí, licenciado. Sí, licenciado. Con cargo a la corporación ¿verdá?
–¿Y preguntas?
–Perdón, licenciado.
–Consíguete también algo de botana para nosotros y los emepés, unos pollos o unas pitzas. Ándale.
–Sí, licenciado. –Se largó presuroso y sonriente, cretina bestia. A pesar de ser viernes no había caído nada. Pero antes que regresara Ordóñez teníamos a cinco incautos que se embriagaban en la calle. Mandé a Rejano a que les tomara los generales, los pasara con el doc y le recomendé que les cargara lo que más se le fuera antojando. Teníamos del mes pasado, septiembre, dos asesinatos, cuatro violaciones, diez robos de auto y ocho asaltos diversos con violencia unos, mediante engaño otros, en casa habitación tres; además de cinco secuestros. Sin resolver, claro. Imposible en todo término encontrar, capturar e incluso procesar a tanto maleante. Los detenidos nos darían solución para un par de casos. Para que aprendieran que con la ley no se juega. O sea, estábamos trabajando normal. Incluso mejor que otras delegaciones de justicia. La delincuencia está cada día más fuerte, más armados, más crueles, más astutos, porque se les agregan policías activos y ex policías. Nosotros también. Estamos mejor. Porque a la fuerza policiaca incorporamos ex delincuentes y delincuentes activos. Resolvemos muchos más casos porque estos ex delincuentes conocen muy bien el modus operandi de sus colegas. Pero en la misma proporción crecen los que no resolvemos. Algunos, sin duda, porque los cometen nuestros muchachos. Esa es la justicia.
Regresó rápido Ordóñez; se había ido en patrulla a sirena abierta. Eficiente el cabrón en tales misiones, como cuando hay que ganar dinero sucio. Un tipo normal. Pero desagradable. Todos los tipos normales son desagradables.
Mandé traer a la licenciada Ofelia Samarrón, Ministerio Público número 62, una ramera, lo cual no importa; una mujer regordeta, sobremaquillada, alcohólica inconfesa, de apariencia embrutecida y gesto patético, datos asimismo triviales; pero lo importante es que se trata de una persona vil. Se ha tirado a los secretarios, a los mecanógrafos, al personal de intendencia y a un número indeterminado de los detenidos en los últimos ocho años, lo cual me parece muy bien, excepto porque digamos que a muchos de ellos los ha violado, es decir, los ha obligado con amenazas a algunos, con rebajas en sus condenas a otros y, en su caso, con engaños y promesas. Un sujeto no se metería en una cama con ella desinteresadamente jamás. Una mujer, pues, como muchas hay.
También hice que viniera el licenciado Everardo Hernández, ministerio público; un cerdo, no sólo por lo insaciable para tragar (pues él no come); también para esquilmar detenidos mediante la extorsión y las transas más escabrosas, pero además es físicamente porcino: chaparro, obeso, alcohólico, ratero y con cara y gesto, por supuesto, de puerco; brutal y prepotente con los detenidos, risueño y rastrero con sus superiores, como ante mí. Bueno, un hombre normal que lucha como puede por su vida y su bienestar.
También vinieron los secretarios de turno y Ordóñez. Una punta de imbéciles. Mis subordinados, mis huestes. Mi equipo para impartir justicia. ¿Qué dirán de mí?
–Licenciada Samarrón, hágame el favor. Acepte un uisquito, ¿qué le parece?
–Ay, licenciado, pero nada más dos.
–Licenciado Hernández
–Señor, es un honor.
–Muy bien, ¿gustan un bocadillo? Aquí nuestro buen Ordóñez organizó. Hay pollos y pitza. Reséndiz, Quintanilla, Magallón; suspendan un minuto, vengan a cenar. Ordóñez, lleva los tacos para el resto. Que les guarden algo a los de patrullas.
Empezamos a comer. La Samarrón tragaba como si compitiera. Everardo prefería combinar las tarascadas mascándolas entre líquido, hacía un ruido harto repugnante, pues iba regando cada bocado con impresionantes gárgaras de Terry. Los secretarios y Ordóñez procuraban atascarse de comida y bebida con la mayor hipocresía, haciéndose de la boca chiquita. Yo picoteaba las aceitunas de las pizzas; un poco de queso, probaditas de las partes más doradas de los pollos rostizados. Y tragos bien grandes de whisky, para soportar a esta gente. Estoy seguro de que si la gente que condenamos y el público en general nos viera comer, no aceptaría nuestros veredictos, así de indignos se veían. Incluyéndome.
Al cuarto whisky sentí el alumbramiento y me animé. Quería hacerlos sentir como a los detenidos, que aquí son desecho social en el desamparo, que tiemblan de terror frente a nosotros, el poder, el poder judicial, implacable, inhumano. El poder que está tan lejos de la justicia. Si la justicia ocurriera no existiría el poder, ningún poder y menos que ninguno el poder judicial, ni el supuesto equilibrio entre los tres poderes. Se supone que yo, Abelardo Valladares, Decimonono Magistrado de Circuito, usufructúo jurisdicción para enjuiciar, si es procedente, al mismo presidente de la república. Jamás. No soy estúpido. El poder crea y reparte su justicia. Nosotros somos sus alfiles cuando mucho. Y simulan creer que así, repartiendo el poder se equilibraría, se haría humano. Si el poder se humanizara dejaría de serlo. Siempre pensé que “un día tengo que escribir esto”. Y necesité confrontarme con mi destino para hacerlo.
El poder. Los tres poderes de la Federación son la maldad organizada para imponer al mundo los intereses de un grupúsculo. El resto son las masas, desecho que algún día tendremos a nuestros pies suplicante y aterrada. Qué duda cabe, este mundo es una porquería. Pero había pequeños consuelos que debemos disfrutar, desde los goces animales, hasta otros, superiores. Hoy no sé si hay algo. Nuestro precario paraíso sólo era posible gracias a los múltiples infiernos del resto. Si no hubiera eso, no valdría la pena vivir en semejante mundo. Pero cuando también eso desaparece, cuando nos imponen el infierno entonces ¿qué? Cuando nos conducen a la animalidad la vida toma sentido por sí misma.
Sin mayor preámbulo me desaté (supongo que se lo esperaban: “cuando el juez Valladares invita es porque, de otra manera, nos lo va a cobrar muy caro”), pues sí, para qué otra cosa podían servir, si son tan corruptos que, estoy seguro, ya ni siquiera recuerdan el procedimental para juicios legales y regulares; toda su puta vida han resuelto los casos a punta de chantaje, de transa y de soborno, si no es que también de asesinato y no sabrían hacer nada más en la vida. Pero así es la justicia de los hombres. O sea la de Dios. Por eso no debemos permitir que nadie nos la arrebate. Porque impondrá su justicia falsa. De lo contrario la justicia no existe. Y –puesto que, quizás, así sea– entonces ¿qué he hecho toda mi vida?
–Estimados colegas, ustedes saben que estamos aquí para cumplir y hacer cumplir La Ley. La Ley del Estado. La Ley que protege a la sociedad, a la convivencia humana. Lo que es esta Ley, la Ley Humana. La Ley que ha surgido a través de la ciencia del Derecho. Esa es nuestra misión en este mundo, queridos colegas. Miren ustedes, nosotros somos el rigor. Somos los designados, así nos lo encarga la sociedad, aplicar severos correctivos a quienes infrinjan los límites que nos hemos determinado. Y ustedes me dirán, queridos colegas, de acuerdo, pero sólo a menos que el indiciado no tenga mucho dinero. El rigor, entonces, se suaviza un poco. Porque el dinero duele al que lo pierde, pero es la mayor caricia para el que lo gana. A los inocentes todo el rigor y a los culpables, si poderosos, ni siquiera un poco del rigor de la ley. Y, ustedes lo saben, ésa es otra justicia. Ustedes lo saben, la justicia no existe. Esto es nuestro trabajo, condenar a la gente que cae en nuestras manos, a menos que tengan poder; la justicia es algo demasiado inmenso y abstracto y a la vez minucioso para que nosotros impartamos justicia. Si ni siquiera Dios es justo. Lo sabe usted, licenciada, lo sabe usted, Everardo, lo sabemos aquí, pero allá afuera no lo saben y hemos condenado a pobres sujetos sin que sean culpables las más de las veces. Hemos absuelto a seres humanos espantosos, empedernidos criminales sin rasgo de humanidad. Culpables de crímenes abominables. Pero en este mundo no hay culpables, hay poderosos y hay débiles, hay inteligentes y hay imbéciles, no hay culpables ni inocentes, o mejor, todos son culpables, todos son transgresores, que es como lo manejamos, todos son infractores, criminales o al menos ilegales, no existe ser humano en el mundo que no pueda ser juzgado y condenado por la ley, pero hay unos, la mayoría, que pagan por el resto, por los que delinquen de verdad, son los convictos, los otros cometen crímenes sin medida y sin humanidad pero nada ni nadie los convence y, además, tienen de sobra quien pague por ellos, las masas a las que de una u otra manera, desde uno u otro sitial, gobiernan. Se dice que somos corruptos. Totalmente corruptos. Pero quienes lo dicen, ignoran que eso también es justicia, en los hechos esa es la verdadera justicia. Es la justicia de lo más alto. La verdadera justicia que es espantosa. La justicia que no tiene que ver con ministerio público ni juez. La justicia del mundo, que decapita y asesina a los pendejos pero premia y da poder a los cabrones. El evangelio lo dice: “Al que tiene más le doy y al que no tiene le quito”, y si ya le quitaron lo maldigo y si ya lo maldijeron lo condeno y una vez condenado lo metemos a que su alma se pudra en la cárcel. Ustedes lo saben, el dinero suaviza y lubrica al rigor más acerado. Yo estoy aquí, nosotros estamos aquí para proporcionar severos correctivos a la gente pendeja, que es la gente que no tiene dinero. Cumplimos una misión de Dios, para que la gente sufra. ¿O de qué otra manera se van a aplicar los castigos y las pruebas que ha de sufrir la gente? Si la vida es sufrimiento. Veamos la naturaleza. En este mundo hay que sufrir. El sufrimiento engrandece a los humanos. Este mundo es para que sufran unos, pero también para que gocen otros, los que lo tienen todo. Los que aplican la justicia, los que ministran el sufrimiento. Estoy, estamos, entre éstos. Y no tenemos la culpa. Así es el mundo y no lo podemos cambiar. Ni queremos, por cierto. Somos el lado oscuro de la justicia y nuestra misión es la justicia de lo más alto, la peor de todas. Por otra parte tenemos que tomar lo bueno de la vida y, en nuestro caso, aplicar la justicia de los hombres, que, de una o de otra manera es la ley de Dios.
Cuando tomé la palabra se atascaban de comida, pero se hicieron los mustios, comían más despacio, simulando que me prestaban atención. Nadie de ellos llegará jamás a elucidar ideas de tal envergadura, vamos, ni siquiera de la mitad. Pero ahí estaban, simulando que oían, pero tragando y bebiendo, fingiendo preferir el discurso. La marrana de la Samarrón disimulaba muy poco y comía más descaradamente que el resto, no podía esperar menos de una mujer a quien sólo le interesa en el mundo comer, embriagarse, pero más que nada, el colgajo que traen los hombres jóvenes y desamparados que llegan aquí detenidos o los que hacen el trabajo sucio con las manos, pues el verdadero trabajo sucio lo hacemos nosotros; el referido colgajo es su motivación vital, su felicidad. Lo que nunca he logrado, la felicidad para ella se centra en eso y me lo corroboró haciendo lo que nadie se hubiera atrevido a hacer, envalentonada por sentirse ya un poco briaga, interrumpirme para exponer los dogmas de su fe:
–Ay, licenciado, le diré. Sé de otras formas que también suavizan. Licenciado, con su venia por interrumpir su tan sabio panegírico, la belleza, licenciado. Cómo castigar a la belleza y más, cómo punir a la belleza que nos proporciona sus placeres. La belleza alcanza y hasta rebasa a la justicia, licenciado. Es más, creo que la belleza es una forma de la justicia, y la más alta, ésa de la que usted hablaba, para mi gusto y entender, licenciado. Y con el perdón de los caballeros aquí presentes, pero mal haríamos; pecado sería, que es la gran injusticia contra sí mismo, si teniendo a la mano la juventud, la hermosura de un mancebo y hablo como mujer, en este sitio, este nicho de privilegio en el que nos ha colocado la sociedad, no lo aprovecháramos.
–¡Ah!, sabias son sus palabras, licenciada. Estoy de acuerdo, la belleza es la belleza. Y también cuesta, cómo no. Bendito es el que tiene dinero para pagar la belleza. –Dijo Everardo entre masticadas y degluciones, atreviéndose puesto que ya la otra lo había hecho, aquello era para mi sorpresa, pues no me era posible concebir en ambos semejantes profundidades conceptuales–. En esta vida todo cuesta y la verdadera belleza es muy cara. Por eso, lo más importante es tener el dinero, o el poder, en su caso, para comprar lo que se necesite comprar. –Éstos son los ministerios públicos: los encargados de vigilar que la ley se aplique con justicia. Sin embargo, me asombraba su fluencia filosófica.
En efecto, una insaciable ramera y un repelente cerdo. Eran mis más cercanos colaboradores. Quise hacerles sentir que gente así es una basura, pero alguien como ellos, que abusan de los que caen en sus manos son unas hienas carroñeras. Sugerírselo... ¿Soy mejor que ellos tan sólo porque no me ensucio las manos? Pero quería que se sintieran despreciables. En ese momento llegó patrullaje con detenidos y mandamos a los secretarios a tomarles declaración. No quería que nos molestaran. Pero éstos regresaron inmediatamente y dijeron que era paquete; venía un balaceado, dos picados, un moribundo remitido a urgencias y hasta un occiso todavía por levantar. Riña entre gente normal. Bueno, levantar al occiso, dar fe, podía esperar, dos, tres horas. Que termináramos de cenar, que los hiciera sentir como se merecen. Todo podía esperar, hasta las declaraciones, a menos que los lesionados estuvieran graves, no fueran a morirse sin declarar. Ordené:
–Licenciada, licenciado, ni hablar, parece que más vale sacar esto rápido. Y regresamos en un rato a convivir, ¿cómo ven?
–A sus órdenes, licenciado –se apresuró Everardo. La Samarrón no pareció muy de acuerdo pero aceptó, ¿qué opción le quedaba? Fueron saliendo furiosos en fila india de mi cubículo.
Cinco minutos después llegaron hasta mi oficina tres elementos fuertemente armados. Con ellos venían Ordóñez y Rejano. –Baltasar Ordóñez, indíquele a los señores lo que ya bien saben, ningún personal armado puede entrar en esta oficina.
–Licenciado... –Entonces noté que Ordóñez, sólo por lo prieto, no estaba transparente de palidez. Uno de los sujetos, con un arma en la mano, un AK47, mejor conocido como cuerno de chivo, me preguntó señalándome con el arma:
–Juez Valladares, ¿verdá? Vente pa’cá, gordo, el jefe quiere verte.
–¿Cómo se atreve? Yo no tengo jefes. ¿Cuál es su nombre, señor? Acaba de perder su empleo. Ordóñez, Rejano, ¿quién es éste? Arréstenlo quince días.
–Li, cen, ciado... –ambos estaban tan aterrorizados que no podían hablar. Y ocurrió lo inimaginable, dos de los empistolados me levantaron agarrándome de los hombros del saco y me sacaron a empellones. No lo creía. Me llevaron con violencia, casi cargando, como si fuera un costal de basura, como si me odiaran, usando esa maldita costumbre, lo descubrí en ese momento, de levantar al detenido de la presilla posterior del pantalón haciendo que la ropa se meta enojosamente por el culo, me condujeron entre pasillos y cubículos hasta el área de atención al público. Busqué con la mirada a mis compañeros de trabajo; los conducían en condiciones muy parecidas.
Un hombre de mi edad estaba apoltronado en la mejor silla, al centro de los escritorios. Tenía lentes negros. Parecía ajeno a la aberración que estaba ocurriendo. Era el jefe. Los empleados de guardia y los policías permanecían replegados a la pared, los efectivos policiacos habían sido desarmados y tres sujetos de aspecto rural y metralleta en mano los vigilaban. Otros sicarios estaban descaradamente sentados sobre los escritorios fumando, riendo y picándose los dientes, sin apartar jamás de sus manos el arma de alto poder. Pensé, para hacer un operativo de esta naturaleza deben tener un arsenal que aquí ni siquiera soñamos y una fuerza de fuego de al menos cincuenta matones. ¿¡Quiénes eran!?
–Este gordo es el juez Abelardo Valladares –le dijeron al jefe. Éste hizo un movimiento leve, como un dios, entonces un pistolero me empujó:
–¡Siéntate! –Sentí su mano fría en mi calva, me obligó a sentarme... en el suelo, ante el jefe y, lo peor, a la vista del personal subordinado. El jefe con calma imperial entregó un teléfono celular a su matón. Éste me lo puso en el oído. Escuché:
–¡Papá, dales lo que quieran!, tienen una pistola en mi frente y ya cortaron cartucho. –Casi comprendí todo.
–No te preocupes, hijo. Ahorita resuelvo todo con los señores. –Inmediatamente lanzaron al piso, frente a mí, un gran fajo de papeles.
–Fírmalos. –Dijo el empistolado. Examiné los encabezados. Eran las actas de libertad de gran número de detenidos, quizá de todos los de aquí y también de otros reclusorios–. Te dije que los firmes, cabrón, no que los leas.
Algo ordenó el jefe, con una seña imperceptible. Yo me buscaba un bolígrafo entre la ropa. Trajeron jaloneando a Everardo. Lo pusieron de pie frente a mí. Miré desde abajo su rostro cenizo y aterrorizado, lo vi mirarme: última imagen de su vida. Se oyó el trueno atroz y seco. Increíblemente breve. Increíblemente fuerte. Salpicó de sangre y de un material grisáceo amarillento, sucio, gelatinoso, encefálico hasta dos metros en abanico a su alrededor, fue como si nos escupiera un litro de líquido rojo, la gelatina amarillenta llegó hasta las paredes, Everardo emitió un penetrante y brevísimo chillido porcino pegó un salto y me cayó encima desmadejado. Todavía convulsionó dos veces, luego se estiró como quien despierta, al final soltó el cuerpo, estaba más muerto que las losetas del piso; quedamos bañados en sangre tanto él como yo. Gritos de mujeres, gritos como si las mataran a ellas. Ofelia Samarrón se movió y fue brutalmente golpeada, cayó al suelo sangrando. Una o dos mujeres más también se derrumbaron. Varios policías y secretarios voltearon el rostro. El asesino que me había dado los papeles apartó, como si fuera un bulto, a Everardo Hernández, ministerio público, aplastado contra el frío piso como una alfombra de bestia desollada, su rostro era igual que una de esas máscaras de cerdo que exhiben en los mercados de barrial; ya no era humano sino un montón de carne sanguinolenta, un monigote repugnante y siniestro que había adoptado una postura grotesca y difícil de creer. En el teléfono se oyó:
–¡Papá!, ¡¿papá, estás bien?, háblame, por favor! ¡Papá!
–Estoy bien, estoy bien, hijo. No te preocupes, estoy negociando con los señores. –Y me puse a firmar. Uno de los matones gritó:
–El que vuelva a gritar es el que sigue. –Los sollozos siguieron, ahora apagados, más bien como ronquidos–. Todo el mundo al fondo. Fuera ropa. A encuerarse todos. El que quiera irse al infierno no obedezca. ¡Órale, rápido, a encuerarse!
En pocos minutos estaban todos los funcionarios desnudos en la demarcación policiaca, donde impartimos la justicia. Yo seguía firmando, a gatas en el suelo. Todo era miseria, gordura, pellejos, grasa, carne fofa, pelos, lonjas, piel descolorida, gente temblorosa, llantos ahogados, mujeres cubriéndose el sexo con una mano y los senos con el otro brazo. Descubrí que casi sólo seres muy desagradables trabajan en este lugar. La desnudez de la Samarrón era aborrecible, lamentabilísima. Cuando casi terminaba de firmar órdenes de liberación para el total de reclusos que teníamos, uno de los transgresores me ordenó levantarme con una patada en el trasero:
–Párate y encuérate, viejo pendejo. –Obedecí con resignada lentitud, el jefe de ellos parecía ajeno a lo que ocurría, impenetrable detrás de sus anteojos negros–; que vengan tus ayudantes.
Señalé a Ordóñez y a Magallón; más repugnantes que cuando están vestidos. Nos llevaron temblando gelatinosamente nuestras miserables humanidades, hasta el área de separos. Una aparición divina estaba de pie en la entrada al pasillo. Muy joven, casi niña, con el bulto de su ropa a sus pies, como una diosa o un ángel de color canela, resplandeciente y como inmune a lo que ocurría, armada de belleza, creí ver que le rendían una reverencia cuantos pasaban ante ella ya desnudos, ya vestidos. Era como un ángel poderoso que en cualquier momento nos salvaría. Una chiquilla que barría y trapeaba los suelos mientras nosotros condenamos.
–Le vas a dar su acta de liberación a cada uno. –Dijo el pistolero frente a los detenidos; éstos, asombrados, desconcertados, mirando las desnudeces repulsivas del personal que los había sometido y que estaba encargado de aplicarles la justicia se apiñaron y comenzaron a salir en estampida de bestias.
Fui entregando documentos, flanqueado por dos miserables desnudos como yo. Los delincuentes llegaban con violencia, empujando al resto, me arrebataban el documento, algunos me escupieron la cara, otros me abofetearon. Había indigentes alcoholizados que reían y gritaban. Algún ex detenido comenzó a golpear salvajemente a un policía. Luego se generalizaron las agresiones. No eran más de cincuenta pero parecían muchos más golpeando policías indefensos y desnudos, aovillados, revolcándose por el suelo recibiendo brutal golpiza. Se oían ruidos increíbles, cuerpos que se estrellaban en suelo, paredes y columnas. Los pistoleros, entre risotadas, los invitaban a largarse pero no eran obedecidos. Varios delincuentes empezaron a saquear los escritorios. Parece que en el ínterin llegaron patrullas. Los policías fueron capturados y desarmados, creo que mataron a alguno más, los sobrevivientes entraron ya desnudos en las instalaciones de la aberración. Regresamos y, ante el jefe, de nuevo me aplastaron colocándome de rodillas ante él. Luego me senté.
De pronto el jefe se levantó. Lo vi mirarme desde su estatura, yo, en aquel entonces décimonono juez federal de distrito, de nalgas en el suelo y desnudo, miserable; él, serio, impertérrito. Creí descubrir el desprecio por nuestra justicia en sus ojos detrás de los lentes negros. Al mismo tiempo sentí el peso del poder, de su justicia. Se fue caminando con parsimonia, con ligereza, como si paseara. Abandonaron a los reclusos y treparon, el jefe y su estado mayor, en una lujosa camioneta de vidrios negros que apareció en la misma puerta, sobre la banqueta de la delegación policiaca. El resto fueron por sus vehículos en las calles adyacentes, supongo. En menos de un minuto no había nadie de los invasores. Los ex reclusos continuaban el saqueo, pero ya para entonces policías desnudos peleaban con ellos, aunque la gran mayoría huyó, alcanzamos a reaprehender a unos quince. Las mujeres y los civiles se vestían presurosos y desvergonzados, rebuscando y escogiendo su ropa casi en camaradería, como si aquel atentado los hubiera redimido de la impudicia. Tomé mi ropa y me encerré en mi oficina. Comprobé que no había forma de comunicarse con el exterior. Regresé vestido. Ya había algún control. Incluso los policías estaban uniformados y algunos de los ex liberados, de nuevo reclusos. Impartí las órdenes pertinentes, procedimientos de rutina para los cadáveres de los policías y el de Everardo. La Samarrón lloraba empinada, agarrando el despojo, tan lastimosa como un animal desamparado, como un ser humano, embarrada en la sangre de aquel hombre. Jamás lo hubiera imaginado. Lo amaba. No la creía capaz. Qué más secretos habría, aparte del ángel que desapareció y los sentimientos de Ofelia, de los que nunca me enteré. Me fui a mi casa. Mi hijo fue liberado ese mismo día. Un secuaz de aquel ejército criminal a quien tuvimos detenido –individuo del que seguimos desconociendo su identidad– había sido liberado en el operativo del que fuimos víctimas. Tuve que llamar y a veces visitar, en una labor intensiva y tenaz, durante los días subsecuentes, con total y acuciosa discreción, a los amigos y colegas más cercanos y encumbrados, incluyendo al señor Procurador, para enterarlos y, a la vez, para que los sucesos no se filtraran a los medios. De una u otra forma resolví la situación jurídica de los detenidos que fueron liberados aquella noche, tanto de los que recapturamos como de los que no. La justicia puede hacer eso. Ahora vivimos en la incertidumbre. En cualquier momento, el crimen organizado puede operar para imponernos lo que ellos llamarán Su Justicia y quizá crean que es la verdadera. Y hasta es posible que lo sea, quién puede asegurar que no. Un poder nos ha rebasado. La justicia fue, una vez más, sometida al poder en turno.


(última modificación 27 XI 2006)

miércoles 25 de febrero de 2009

Venganza contra los pueblos defensores de la tierra

Venganza contra los Pueblos Defensores de la Tierra.

Pterocles Arenarius

Ignacio del Valle era el líder más importante del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra. En este momento este hombre está condenado a 112 años de prisión y se encuentra recluido en el penal de alta seguridad del Altiplano. ¿Es Ignacio del Valle un peligroso criminal como el Mochaorejas o tantos y tantos funcionarios que han robado al erario escandalosamente? ¿Se robó ―como dijo Luis Téllez que sí lo hizo Carlos Salinas, aunque luego se haya desdicho―, cientos de millones de pesos que pertenecen a todos los mexicanos? No, por cierto. ¿Cuál es el espantoso crimen que cometió Ignacio del Valle para ser condenado a dos vidas de cárcel?
Defender a su pueblo, San Salvador Atenco, contra la voracidad de funcionarios tan corruptos como el ex presidente Vicente Fox Quesada quien intentara apropiarse de las tierras donde vivía Ignacio del Valle para realizar un negocio de ganancias sin medida: construir un aeropuerto para lo cual antes debían despojar de sus tierras a los habitantes de San Salvador Atenco y otros pueblos.
Acusan a Ignacio del Valle de asociación delictuosa, ¿como la que realizan el gobernador Enrique Peña Nieto para proteger a su familiar el ex gobernador Arturo Montiel, quien saqueó impunemente las arcas del gobierno del Estado de México? ¿O como la que lleva a cabo el señor Vicente Fox para defender a sus entenados los hermanos Bribiesca contra el castigo que se merecen por las miles de raterías que cometieron al amparo de su padrastro presidente y su mamá, la señora Marta Sahagún? ¿O como la protección que el gobierno guarda para esta misma señora Sahagún luego de seis años de que se dedicara a cometer todo género de latrocinios a través de la organización Vamos México? ¿O al menos Ignacio del Valle cometería los monumentales saqueos que llevó a efecto Diego Fernández de Ceballos actuando como coyote de grandes empresas desde su posición privilegiada de senador? ¿Puede ser que haya actuado como el difunto (qepd) Camilo Mouriño, quien siendo presidente de la Comisión de Energía del Congreso de la Unión y luego subsecretario de Energía proveía de asesoramiento (y contratos) a las empresas de su familia?
¿Algo así hizo Ignacio del Valle para que lo hayan condenado a pasar más de la vida entera en una prisión que, al mantenerlo incomunicado, al impedirle las visitas de sus parientes, al mantenerlo con prohibición para hablar por teléfono, al permitirle sólo media hora de asolearse por semana, lo tratan como si fuera un peligroso criminal, violando sus derechos humanos? Lo acusan de “secuestro equiparado”. ¿Ignacio del Valle torturó a los funcionaretes corruptos que los militantes del FPDT retuvieron? ¿Les pidieron dinero o sólo les exigieron que cumplieran con su obligación? ¿Les mocharon una oreja o un dedo? ¿Les robaron algo? Nada de eso hicieron los militantes del FPDT contra unos gobernantes que han saqueado permanentemente los dineros que pertenecen al pueblo, que han reprimido sin medida ni compasión, que son mentirosos por sistema y que tienen al país al borde del colapso.
El castigo contra Ignacio del Valle y dos militantes más del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra es más bien una venganza de los gobiernos federal, primero Fox, luego Calderón y Enrique Peña Nieto, alias la Barbie o la Gaviota. E igualmente pretende ser un ejemplo contra todos los luchadores sociales, para que no se opongan a las medidas en contra de la mayoría de los mexicanos que está aplicando el actual gobierno.
Un país no puede estar bien si los expertos a quienes se encarga la impartición de justicia tienen resoluciones sesgadas en favor de grupos particulares. Así ocurrió en el año 2006, cuando el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación dio su fallo admitiendo que en las elecciones presidenciales había habido irregularidades, que se había violado la ley, pero que eso no había sido definitorio para el resultado de ese proceso electoral. En lenguaje llano diríamos que “Se violó la ley, pero poquito” y dejaron a Felipe Calderón con la imborrable marca de Presidente Ilegítimo. Título hoy suavizado por su compinche Lorenzo Servitje quien lo llamó “pobrecito señor presidente”.
Antes, en el año 98 del siglo pasado, cuando la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) examinó el acto de anatocismo dictaminó que este despojo era legal, es decir, que los deudores están obligados a pagar intereses de intereses, en un fallo que es escandalosamente favorable a la gente que se cuenta entre los que gozan de más privilegios, los banqueros.
En el Consejo de la Judicatura, los magistrados que se encargan de vigilar a los jueces, magistrados e incluso ministerios públicos, jamás ha enjuiciado a ningún miembro del Poder Judicial. ¿Por qué? Sin duda debe ser porque estos magistrados creen que todos los miembros del poder judicial mexicano son absolutamente impolutos. Lo cierto es, como sabemos todos los mexicanos, que la justicia mexicana es de las más corruptas del mundo, tanto que se encuentra en gran medida comprada por el crimen organizado, los narcotraficantes.
En otro momento, la SCJN, en un acto incalificablemente absurdo falló para exculpar al llamado “góber precioso” Mario Marín, presunto culpable de actos de pederastia y de diversas violaciones a la ley para perjudicar a la defensora de derechos humanos y militante feminista Lydia Cacho.
Y la última hazaña de la Suprema Corte de Justicia es la de dictaminar que sí hubo excesos en el uso de la fuerza (entendamos violaciones a los derechos humanos y dos asesinatos entre ellos) enviada por Enrique Peña Nieto, gobernador del Estado de México y Manuel Medina Mora, entonces director de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) para reprimir el movimiento del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, estos funcionarios, según la Suprema Corte de Justicia, no tienen culpa alguna en tales violaciones.
Y para que sea más notorio el odio contra los luchadores sociales, apenas el 18 de febrero de 2009 salieron de prisión los autores, el intelectual y el material del asesinato del destacado periodista Manuel Buendía: José Antonio Zorrilla, el que fuera temible jefe de la siniestra Dirección Federal de Seguridad y Juan Rafael Moro Ávila Camacho, descendiente de Manuel Ávila Camacho, ex presidente de México y asesino material del periodista. Es decir, los criminales confesos y comprobados tienen perdón y hasta pueden salvarse. Los defensores del pueblo no.
La descomposición de la sociedad mexicana es efecto esencialmente de tres fenómenos: uno, el crecimiento cero de la economía mexicana durante poco más de un cuarto de siglo; dos, la monstruosa desigualdad de ingresos o el abismo que se ha creado entre pocos sujetos archimillonarios y gran número de pobres que están muy cerca de la hambruna y tres, la corrupción rampante en el gobierno. Lo extraño es que el desastre que está ocurriendo en este momento no hubiera ocurrido antes. Otra cosa que sorprende es que la situación no sea peor.
Lo que alarma es que el gobierno sea incapaz de gobernar ante los compadres que se han apropiado de la economía y gran parte de los recursos de nuestro país; los que han creado la “economía de compadres” que ha sido ampliamente señalada en diversos foros del mundo. Los compadres tienen secuestrado a México. Nadie puede progresar en este país si no son ellos.
Hoy las instituciones, desde la Presidencia de la República (cuyo titular, en un acto descabellado asistió a la llamada cumbre de Davos a proponer un ¡Fobaproa mundial!) se han deslegitimado a sí mismas tanto que darían risa si no fuera porque perjudican a millones de personas y provocan con ello el clima de ingobernabilidad, de caos (en Estados Unidos ya consideran a México un “Estado Fallido” o tierra sin ley) y continúan agrandando las inmensas desigualdades e injusticias que agravian a la mayoría de los habitantes de este país.

miércoles 28 de enero de 2009

Guanajuato, ciudad cultural

Guanajuato, ciudad cultural


Que regresen los rateros,
pero que ya se vayan los pendejos.
Graffiti

Pterocles Arenarius

En Guanajuato hay un lugar lujosísimo para hacer deporte: alberca olímpica, fosa de clavados, cancha futbolística reglamentaria y con pasto, gimnasio perfectamente equipado, juegos infantiles, canchas de tenis de arcilla, pista de tartán, es un centro del llamado CEDAJ, Comisión Estatal para el Deporte y Atención a la Juventud. Se encuentra pocas decenas de metros afuera de la ciudad de Guanajuato, en la carretera hacia Dolores Hidalgo y siempre está vacío. Es decir, casi nunca se ven personas, jóvenes ni adultas practicando deporte.
Frente a un sitio llamado Los Pastitos, en la única otra salida de la ciudad, está otra construcción, menos lujosa pero no menos vacía de usuarios, también pertenece al CEDAJ, es menos lujosa y menos grande, sobre una colina casi enfrente de la plaza de las ranitas que hizo el notable artista plástico Javier de Jesús Hernández Capelo. Tal centro deportivo siempre lo he visto sin usuarios. Es más, nunca lo he visto abierto.
En las llamadas curvas peligrosas, está la Ciudad Deportiva de la ciudad. Ahí va la gente a jugar futbol, beisbol, basquetbol, las instalaciones están bastante aceptables. Cobran por sólo entrar.
La casa de la cultura, la única en esta ciudad de unos 150 mil habitantes, tiene ocho pianos para enseñar a todos los niños de Guanajuato. Las exposiciones suelen salir de esta casa para ser ofrecidas a una ciudad que no tiene idea de lo que hacen sus artistas, ni siquiera saben que existen.
En Guanajuato, primera ciudad cervantina de América, patrimonio de la humanidad (¡ay cabrón!), sede del Festival Internacional Cervantino, nunca (excepto en el Cervantino) hay funciones de teatro, leyeron bien, nunca. La orquesta sinfónica de la Universidad de Guanajuato se presenta cada semana en el teatro Principal, pero sólo en su temporada de presentaciones, tres meses al año. En Guanajuato hay dos cines, dos. Y eso a pesar de que han surgido extraordinarios artistas como Amat Escalante, premiado en Cannes, desconocido en su ciudad y, peor, olvidado por las autoridades.
De repente hay alguna exposición de pintura o de escultura que correrá con gran suerte si no es censurada por los yunquistas que dirigen (hacia el abismo) la cultura de esta “ciudad cultural”, la Atenas de por aquí, dijo Jorge Ibargüengoitia.
Pero regresemos al arduo misterio, ¿por qué están vacíos de deportistas los CEDAJ? Porque cobran. 160 pesos mensuales por persona. Antes te cobraron la inscripción, aparte de las mensualidades y lo hacen cada año. Ah, pero también cobran por entrar en esas instalaciones. Las cuales, al menos las de la salida a Dolores están preciosas, ¿será porque no las usa nadie?
Guanajuato es una cañada, el centro, fastuoso, de la ciudad se encuentra en el fondo, rodeado de cerros, del Cuarto, de los Leones, del Gallo. En esos cerros viven los chavos marginados. Ahí sí suele ser peligroso andar de noche. Los chavos fuman mota y beben caguama en la vía pública, se madrean los de este cerro con los del que sigue y muchos no trabajan (porque Guanajuato es un pueblo en el que no hay nada que hacer), no estudian porque la inscripción a la prepa cuesta dos mil 500 pesos y además porque en el examen de admisión (que cuesta mil pesos) sólo consiguen ingresar menos del 50 por ciento de los que se presentan. ¿Qué hacen esos chavos, sin escuela, sin trabajo, sin futuro? Echar chela y fumar mota. Prepararse para ser carne de cañón o de presidio. Cuando, al revés, el gobierno de funcionaretes ineptos, deberían estar agradecidos de que los chavos estén fumando mota, porque así, entretenidos en su autodestrucción no van a exigir lo que debían hacer por ellos esos funcionaretes sobrepagados de nuestros impuestos.
Ah, pero eso sí, cada tres años cambian el piso del centro de la ciudad a un costo estratosférico, en un negociazo para los síndicos y síndicas y cuates que los acompañan. Los chavos sin trabajo, sin escuela y sin futuro… que se pudran.
En Guanajuato, el agua cuesta unas diez veces más que en el DF. Y si no se paga un mes, como si estuvieras en guerra, el Simapag, Sistema Municipal de Agua Potable y Alcantarillado de Guanajuato, manda un trabajador a que te la corte, como si estuviéramos en guerra. Ah, pero si vas y pagas lo que debes, te cobran 170 pesos por reinstalarte el servicio. Cuando lo haces sólo dices “Qué poca madre”. Además, cada mes que vas y pagas el agua te cobran un rubro “voluntario” para los bomberos y la Cruz Roja y otros, el 7 por ciento de lo que pagues de agua, por servicio de alcantarillado, de tal manera que la cuenta te la inflan agregándole además el IVA del IVA.
Así, mientras los CEDAJ están vacíos, mientras hay sólo UNA prepa oficial para toda la ciudad, mientras la casa de la cultura se hace pedazos para atender a todos los niños con ocho pianos, al mismo tiempo los chavos se sientan en piedras en los callejones chuecos de los cerros, se toman una caguama, se dan un toque. Y cuando ya no tienen para comprar material se animan a asaltar a algún desconocido bajando un poco del cerro. E inician así la preparación para hacer carrera como delincuentes.
Y luego no quieren que haya inseguridad. Y luego quieren que haya muchos más policías. Y luego no quieren que el narco y lo que llaman “el crimen organizado” no crezca ni prospere. Los políticos que debieran procurar el bienestar de los ciudadanos sólo llegan vorazmente a los cargos y saquean el erario y se largan a buscar otros cargos para seguir saqueando aparte de los sueldazos que se autoasignan. Más de 30 mil mensuales los ediles. Cerca de 60 mil el alcalde. Cerca de 40 mil los síndicos. Sin hacer nada. Bueno, más bien cobran por perjudicar al prójimo.
En Guanajuato, primera ciudad cervantina de América, patrimonio de la humanidad y sede del FIC; ciudad de intocable arquitectura por los mencionados pergaminos, debiera haber, si se pretende ciudad cultural, diez casas de la cultura, por lo menos. En cada una un taller de artes plásticas de primer nivel, dirigido por un artista de talla nacional. Igualmente, un taller de literatura que coordinara un escritor de primer orden. En cada una de esas casas debiera ensayar un grupo de teatro digno de actuar en Bellas Artes y otro de danza del mismo nivel. Grupos musicales de diversos géneros, desde el rock hasta el huapango y el son que se cultivan en el norte del estado. Y muchos grupos de cada disciplina en niveles menores para atender a la mayor cantidad posible de los chavos de los cerros. De ahí se obtendrían formidables presentaciones para el FIC, con gente de la propia ciudad.
Aquí en Guanajuato casi nunca se presenta un libro. La editorial de la universidad edita menos de 20 libros al año. Y tales volúmenes se ven sólo cuando hacen su feria anual del libro.
¿Todo esto es una ciudad “cultural”? Todo esto es la razón por la que se ha deteriorado el tejido social. Todo esto es la razón por la que los narcotraficantes tienen a su disposición mano de obra, miles, millones de muchachos que han perdido su futuro, porque los peores políticos del mundo, pero los mejor pagados del mundo se lo han robado. Lo único extraño es que la descomposición no haya ocurrido antes. Más extraño es que el estallido social tampoco.

viernes 23 de enero de 2009

Plomo impune. Eduardo Galeano

OPERACIÓN PLOMO IMPUNE

por Eduardo Galeano (publicado en el semanario Brecha, Montevideo, Uruguay, el 16 de enero de 2009)

Este artículo está dedicado a mis amigos judíos asesinados por las dictaduras latinoamericanas que Israel asesoró.

Para justificarse, el terrorismo de Estado fabrica terroristas: siembra odio y cosecha coartadas. Todo indica que esta carnicería de Gaza, que según sus autores quiere acabar con los terroristas, logrará multiplicarlos. Desde 1948, los palestinos viven condenados a humillación perpetua. No pueden ni respirar sin permiso. Han perdido su patria, sus tierras, su agua, su libertad, su todo. Ni siquiera tienen derecho a elegir sus gobernantes. Cuando votan a quien no deben votar, son castigados. Gaza está siendo castigada. Se convirtió en una ratonera sin salida, desde que Hamas ganó limpiamente las elecciones en el año 2006. Algo parecido había ocurrido en 1932, cuando el Partido Comunista triunfó en las elecciones de El Salvador. Bañados en sangre, los salvadoreños expiaron su mala conducta y desde entonces vivieron sometidos a dictaduras militares. La democracia es un lujo que no todos merecen. Son hijos de la impotencia los cohetes caseros que los militantes de Hamas, acorralados en Gaza, disparan con chambona puntería sobre las tierras que habían sido palestinas y que la ocupación israelita usurpó. Y la desesperación, a la orilla de la locura suicida, es la madre de las bravatas que niegan el derecho a la existencia de Israel, gritos sin ninguna eficacia, mientras la muy eficaz guerra de exterminio está negando, desde hace años, el derecho a la existencia de Palestina. Ya poca Palestina queda. Paso a paso, Israel la está borrando del mapa. Los colonos invaden, y tras ellos los soldados van corrigiendo la frontera. Las balas sacralizan el despojo, en legítima defensa. No hay guerra agresiva que no diga ser guerra defensiva. Hitler invadió Polonia para evitar que Polonia invadiera Alemania. Bush invadió Irak para evitar que Irak invadiera el mundo. En cada una de sus guerras defensivas, Israel se ha tragado otro pedazo de Palestina, y los almuerzos siguen. La devoración se justifica por los títulos de propiedad que la Biblia otorgó, por los dos mil años de persecución que el pueblo judío sufrió, y por el pánico que generan los palestinos al acecho. Israel es el país que jamás cumple las recomendaciones ni las resoluciones de las Naciones Unidas, el que nunca acata las sentencias de los tribunales internacionales, el que se burla de las leyes internacionales, y es también el único país que ha legalizado la tortura de prisioneros. ¿Quién le regaló el derecho de negar todos los derechos? ¿De dónde viene la impunidad con que Israel está ejecutando la matanza de Gaza? El gobierno español no hubiera podido bombardear impunemente al País Vasco para acabar con ETA, ni el gobierno británico hubiera podido arrasar Irlanda para liquidar a IRA. ¿Acaso la tragedia del Holocausto implica una póliza de eterna impunidad? ¿O esa luz verde proviene de la potencia mandamás que tiene en Israel al más incondicional de sus vasallos? El ejército israelí, el más moderno y sofisticado del mundo, sabe a quien mata. No mata por error. Mata por horror. Las víctimas civiles se llaman daños colaterales, según el diccionario de otras guerras imperiales. En Gaza, de cada diez daños colaterales, tres son niños. Y suman miles los mutilados, víctimas de la tecnología del descuartizamiento humano, que la industria militar está ensayando exitosamente en esta operación de limpieza étnica. Y como siempre, siempre lo mismo: en Gaza, cien a uno. Por cada cien palestinos muertos, un israelí. Gente peligrosa, advierte el otro bombardeo, a cargo de los medios masivos de manipulación, que nos invitan a creer que una vida israelí vale tanto como cien vidas palestinas. Y esos medios también nos invitan a creer que son humanitarias las doscientas bombas atómicas de Israel, y que una potencia nuclear llamada Irán fue la que aniquiló Hiroshima y Nagasaki. La llamada comunidad internacional, ¿existe? ¿Es algo más que un club de mercaderes, banqueros y guerreros? ¿Es algo más que el nombre artístico que los Estados Unidos se ponen cuando hacen teatro? Ante la tragedia de Gaza, la hipocresía mundial se luce una vez más. Como siempre, la indiferencia, los discursos vacíos, las declaraciones huecas, las declamaciones altisonantes, las posturas ambiguas, rinden tributo a la sagrada impunidad. Ante la tragedia de Gaza, los países árabes se lavan las manos. Como siempre. Y como siempre, los países europeos se frotan las manos. La vieja Europa, tan capaz de belleza y de perversidad, derrama alguna que otra lágrima, mientras secretamente celebra esta jugada maestra. Porque la cacería de judíos fue siempre una costumbre europea, pero desde hace medio siglo esa deuda histórica está siendo cobrada a los palestinos, que también son semitas y que nunca fueron, ni son, antisemitas. Ellos están pagando, en sangre contante y sonante, una cuenta ajena.

sábado 10 de enero de 2009

Dicel el pelele que en México no se masacra a civiles. Miente.

Tomado de http://colectivodosdejulio.blogspot.com


sábado 10 de enero de 2009

MENTIRA QUE EN MEXICO SE MASACRE A CIVILES TAMBIEN SE LES VIOLA , TORTURA,AMENAZA ,INCOMUNICA ,ROBA,GOLPEA, DEGRADA Y MATA

CREO QUE EL ESPURIO CALDERON SE DIO UN PASON SABROSO CON CANABIS Y RON PUES DECLARA QUE EN MEXICO NO SE MASACRA A CIVILES ,TAL VEZ SE REFIERA A FECALANDIA O CALDEROLANDIA: PERMITAME RECORDARLE MI ESTIMADO INQUILINO DEL BAR Y CASA DE DESCANSO " LOS PINOS" LAS SIGUIENTES CIFRAS DE ENERO 2007 A JULIO DE 2008 SE HAN PRESENTADO 630 DENUNCIAS CONTRA EL EJERCITO. AQUI ALGUNAS DE ELLAS:

JUNIO 2007- EFECTIVOS MILITARES EN EL CERRO DE LA LESNA FRONTERA CON EEUU DE LADO DE SONORA ENCAÑONAN Y DETIENEN A UN HOMBRE (JOSE GALVEZ MUNGUIA) QUE ESPERABA A UN POLLERO , LO TORTURAN Y LE CLAVAN ASTILLAS EN LOS DEDOS

AGOSTO DE 2007--ELEMENTOS MILITARES EN UN RECORRIDO POR NACO, SONORA SE TOPAN CON TRES LUGAREÑOS, LOS DETIENEN VARIAS HORAS Y SOLO PRESENTAN A DOS ANTE LAS AUTORIDADES, EL TECERO APARECE MUERTO AL OTRO DIA CON HUELLAS DE GOLPES Y TORTURA.

AGOSTO DE 2007-- 5 ELEMENTOS HACEN SU RECORRIDO POR LAS CALLES DE URUAPAN, DETIENEN A UN HOMBRE, LO TORTURAN APLICANDOLE EL POCITO Y CHOQUES ELECTRICOS.

OCTUBRE 2007--ELEMENTOS DEL BATALLO NN DE INFANTERIA EN ZAMORA, MICHOACAN IRRUMPEN VIOLENTAMENTE EN EL DOMICILIO DE ANTONIO PANIAGUA ROBANDOLE Y ROMPIENDO SUS PERTENENENCIAS Y TORTURANDOLO CON CHOQUES ELECTRICOS EN LOS GENITALES.

ENERO 2008--EL MENOR VICTOR DE LA PAZ DE 17 AÑOS VIAJA EN AUTOMOVIL POR LAS CALLES DE HUETAMO MICH. SE TOPAN CON EL EJERCITO Y SON BALEADOS. VICTOR MUERE Y EL CONDUCTOR DE 19 AÑOS SALE HERIDO.

FEBRERO 2008--TRES MILITARES DE LA BASE MOVIL TRUJILLO ACCIONAN SUS ARMAS CONTRA LOS TRIPULANTES DE UN AUTOMOVIL, SEGUN ELLOS PARA REPELER UNA SUPUESTA AGRESION. MUERE EL CONDUCTOR , NUNCA SE ENCONTRO EL ARMA DE FUEGO Y EL ANALISIS PARA ENCONTRAR POLVORA POR EFECTOS DEL DISPARO DIO NEGATIVOEN LOS BALEADOS.

MARZO DE 2008--SEIS HABITANTES DE LA COMUNIDAD DE SANTIAGO DE LOS CABALLEROS EN BADIGUARATO, SINALOA CIRCULAN EN UNA HUMMER SE ENCUENTRAN CON UN RETEN MILITAR LOS MILITARES LES DISPARAN SIN RAZON ALGUNA, SALDO: CUATRO ASESINADOSY UN HERIDO, TODOS ESTOS HECHOS ESTAN BIEN DOCUMENTADOS (REVISTA EMEQUIS 14 DE JULIO 2008)

RELACION DE QUEJAS EN CONTRA DEL EJERCITO DURANTE EL ACTUAL GOBIERNO ESPURIO:
AÑO 2006------8 QUEJAS.
AÑO 2007------384 QUEJAS
AÑO 2008 (1 DE ENERO A 17 DE MAYO 2008)---242 QUEJAS

TOTAL DE QUEJAS DURANTE EL GOBIERNO ESPURIO DE CALDERON 634, DE ESTAS 634 QUEJAS TENEMOS:

250 CASOS DE EJERCICIO INDEBIDO DE LA FUNCION PUBLICA

221 CATEOS Y ALLANAMIENTOS ILEGALES

182 TRATO CRUEL Y DENIGRANTE (PRINCIPALMENTE CON LA POBLACION DE LAS ETNIAS)

147 DETENCIONES ARBITRARIAS

94 EJERCICIOS INDEBIDOS DEL CARGO

85 ROBOS

55 PRESTACIONES INDEBIDAS DEL SERVICIO PUBLICO

41 AMENAZAS

40 RETENCIONES ILEGALES

32 INTIMIDACIONES

26 VIOLACIONES AL DERECHO DE LEGALIDAD Y SEGURIDAD JURIDICA

23IMPUTACION INDEBIDA DE HECHOS

20 NEGATIVAS AL DERECHO DE PETICIONESTAS.
ESTAS SON LAS VIOLACIONES MAS COMUNES DEL EJERCITO HACIA LA POBLACION CIVIL.

LAS ENTIDADES DONDE HAY MAS QUEJAS:

MICHOACAN 139

DISTRITO FEDERAL 106

TAMAULIPAS 68

SINALOA 38

CHIHUAHUA 33

COAHUILA 31

NUEVO LEON 29

OAXACA 28

SONORA 22

CHIAPAS 21

CON ESTAS CIFRAS LOS CONSULES Y EMBAJADORES QUE ESCUCHARON A CALDERON SEGURAMENTE PENSARAN QUE ESTA MARIGUANO O BORRACHO PUES POR DECRETO CALDERON QUIERE DRA UNA IMAGEN DE PAZ Y SEGURIDAD QUE NO EXISTE

jueves 8 de enero de 2009

La masacre contra la cultura guanajuatense

A Guanajuatizar a suchi…


Pterocles Arenarius

Hace pocas semanas un sujeto de voluminosos carrillos y pelado militar, de nombre Germán Martínez Cázares (GMC), quien dice fungir como presidente del Partido Acción Nacional regurgitó, en un ominoso y ostensiblemente emotivo bufido, que se comprometía a guanajuatizar a México. En la madre…
¿Quién puede saber qué significa eso? Nadie y menos aun GMC. Sin embargo, podemos colegir que intentó decir que él y su partido tratarían que todo el país fuera como es en este momento el estado de Guanajuato, en donde ellos, el PAN, ejercen el poder tan mal o incluso peor que en el viejo estilo del PRI, al menos en la modalidad de lo que se llamara “El carro completo”.
Este tocateclas (id est, irredimible amante de las teclas, no sólo de pianos y computadoras), se siente obligado a advertir a todos aquellos a quienes tuvieren a bien leer estas líneas qué sería lo que nos espera, según mis cortas luces, en caso de que los panuchos lograran “guanajuatizar” a México. La advertencia va principalmente en el ámbito de la cultura, un poco en el de la educación y menos aun, en el terreno de la política.
En primer lugar, tendríamos gobernantes ultramochilones, militantes católicos de línea dura como el actual “gober” guanajuatense, Juan Manuel Oliva, quien se enorgullece de participar en cuanta peregrinación y acto litúrgico católico le es posible. (Sólo le falta llegar con unos nopales directos a la piel, caminando de rodillas hasta la Basílica de Guanajuato). Este sujeto, al menos, no se jacta de ser briago como su correligionario, el mientamadres que dice gobernar Jalisco. Aparte de lo anterior, Oliva ha sido exhibido por el periodista Álvaro Delgado en la revista Proceso, como miembro del “Ejército de Dios”, El Yunque, grupo católico que tiene como humilde objetivo nada más el de “Implantar el reino de Dios en la Tierra”. Ai pinchemente, dicen en mi cuadra. No p’s ta’chido.
A propósito, ¿cuál Dios?, digo porque hay cientos de Dioses en este momento en este planeta y, más aun, ha habido miles, a cual más de respetable, en la historia de la humanidad y, por cierto, no pocos de aquéllos con sistemas filosófico-místicos mucho más coherentes que el del Dios católico y su santísima madre virgen.
Esos gobernantes, ejecutores y administradores del México guanajuatizado, serían aproximadamente analfabetas funcionales que confesarían, como aquel que se hacía llamar el Caballo Negro en la carrera por la presidencia antes del 2006, quien admitió que jamás en su vida había leído un libro completo. Como el ex gobernador guanajuatense Carlos Medina Plascencia que, a pregunta expresa, explicó que todos sus libros los tenía guardados en dos cajas desde cinco años atrás en que se mudó a la casa que habitaba en el momento de la entrevista. Como el Alto Vacío, Vicente Fox, que descubrió a uno de los más importantes autores imaginarios, José Luis Borgues ante los miembros de la Academia de la Lengua Española, para vergüenza de todos los mexicanos. Lo que haría porque, como él mismo dijo, “yo no he leído libros, yo leía las nubes”. Como la secretaria de Educación, Josefina Vázquez Jalas, autora de la profunda obra filosófica Dios mío, hazme viuda, por favor, la misma mujer que en su cara llamó Octavio Paz a Carlos Fuentes y le achacó a éste obras de aquél. Como este oscuro director del Instituto Estatal de Cultura de Guanajuato (IECG), quien hace pocos meses encargó a su subalterno correspondiente que invitara a Jaime Sabines a “leer poesías” aquí en Guanajuato.
Gobernantes que convocan a becas para apoyar a creadores artísticos “con trayectoria” y les ofrecen $4,200 mensuales, menos de lo que ganan los empleados de intendencia del municipio incluso “sin trayectoria” ($4,610) y mucho menos de lo que gana un policía municipal (mínimo $6,000). Dinero que “premia” a los artistas por escribir una novela, un poemario, un libro de narraciones que engrandezcan, but of course, el espíritu guanajuatense y hasta nacional. Ahora bien, los diputadetes locales, inocentes, se conforman con $127 217 mensuales más bonos y compensaciones. Y los cínicos de más arriba cobran más.
Serían gobernantes que han logrado mantener a Guanajuato como uno de los tres primeros estados de la República con más expulsados por miseria, sólo superado por Michoacán y Zacatecas, además de ser uno de los cinco estados menos alfabetizados del país.
Si lograran “guanajuatizar” al país, entonces todos los funcionarios de gobierno serían tan corruptos o más que los del PRI, como ahora ocurre en este estado, en donde los mejor colocados han metido al gobierno a toda su parentela; la universidad se pudre de yunquetos ineptos, sobrepagados e incondicionales, pero además se otorgarían sueldos estratosféricos como lo hacen aquí, ah pero eso sí, sentirían que siempre tienen la razón porque Dios está con ellos. Intentarían censurar ―si no les costara prestigio político― a la gran mayoría de las obras de arte que se generan en la actualidad, porque ellos, en cuestiones de arte se quedaron en el siglo XII, antes del renacimiento, porque ―oh insólito misterio― les reencabrona la exhibición pública de cuerpos humanos desnudos en proporción directa con la cachondería que sean capaces de provocar. Es decir, entre más hermosos más les encabronan.
Así han censurado a decenas de artistas en Guanajuato, pero lo hacen veladamente, de manera que no les cueste un pequeño escándalo. Así han atacado a pequeños centros culturales (al Café Bossanova le querían cobrar 500 mil pesos, sí, leyeron bien, medio millón de pesos por el uso de suelo ya que este café, donde ocurren diversos actos de cultura, trabaja con mesas en una plaza de la ciudad).
De igual manera están tratando de asfixiar lentamente al Festival Internacional Cervantino (FIC) trayendo cada año más pefepos prepotentes y corruptos a cuidar la “seguridad”, además de que desde hace años mantienen una política de prohibición y de saqueo contra los artistas que en ese festival actúan en las calles. En el FIC 2008, metieron a la cárcel a los miembros del grupo de rock La Resistencia y extorsionaron a decenas de chavos que llegaron con sus tambores a tocar en las calles. Les quitaron sus tambores y les cobraron multas de $800 por tambor para devolvérselos. Un verdadero atraco. El pretexto: “Está prohibido hacer ruido en la calle”.
Tendríamos legisladores como la regidora panista de Guanajuato capital, Teresita Rendón, quien ha promulgado un bando de policía y buen gobierno en el que se decretan multas hasta por mil pesos contra todo aquel que escupa en la calle, tire basura o diga majaderías. El bando ha sido publicado, pero no han multado ni llevado a nadie a la cárcel porque no se dan abasto pues los pinches guanajuatenses, desde los más chavitos hasta los ruquísimos, a pesar de ser bien mochilas, les encanta el vocabulario plagado de chingaderas en proporción de cuatro o cinco putas madres por cada diez palabras pronunciadas.
Sería un país en el que, como demostró mi amigo el escritor Ricardo García Muñoz al realizar una antología de narradores guanajuatenses, no hay escritores en el estado. En los ya casi 18 años que han gobernado los panistas en Guanajuato, ya lograron uno de sus más caros objetivos, secar al estado de escritores. Los guanajuatenses que han logrado estatura autoral, en su mayoría han abandonado su estado natal.
Finalmente, Guanajuato como caso particular, en tres sexenios y cacho de regímenes panistas no ha mejorado en los problemas que, en lo general, más dañan a México: la corrupción (los panistas han resultado al menos tan corruptos como lo fueran los priístas), la desigualdad, los ricos guanajuatenses son pocos pero más ricos que antes y los pobres son más pobres y más en número y, por último, la educación y la cultura son hoy más débiles, menos productivas que antes de ellos.

martes 30 de diciembre de 2008

Hay que leer poesía

Hay que leer poesía

Pterocles Arenarius

Hay gente que alimenta su cuerpo con cosas (pues no debiera llamárseles alimentos) que son ineficientes para lo que se destina a los nutrientes: restituir al cuerpo del desgaste físico, dotarlo de la necesaria energía que le permita realizar las actividades necesarias y mantenerlo en buenas condiciones de salud. Hay gente que, por ignorancia o bien por vicio, alimenta su cuerpo con lo que se ha dado en llamar alimentos chatarra; muy otro caso de quien se alimenta con deficiencia por pobreza.
Quien incurre en el consumo excesivo de alimentos chatarra sólo consigue obesidad y desnutrición simultáneas. Es decir torpeza, dificultades para manejar el propio cuerpo y a la vez debilidad, incompetencia para cualquier esfuerzo físico. La contraparte son los que se alimentan de manera equilibrada y con moderación para conservar un cuerpo esbelto, fuerte y sano, más o menos ―por añadidura pues ya depende de muchos otros factores― bello.
Ahora pensemos en otro ámbito de la condición humana, el intelecto. A esta parte de la persona también podría considerársele un cuerpo, aunque no tenga las cualidades físicas de masa, volumen ni solidez física. Veamos, de igual manera que al cuerpo constantemente al intelecto le exigimos resultados en los hechos, trabajos que dan productos, se supone que se piensa cada uno de los actos que realizamos. Pero en las decisiones importantes del día o de la vida, tenemos que pensar con detenimiento para decidir. Y una larga época de la vida ―se supone― está dedicada a ejercitar el pensamiento, a fortalecer el intelecto. Porque, es cierto, una mente bien entrenada, sometida con frecuencia a la resolución de problemas intelectuales, nos vuelve cada vez más inteligentes, logra que nuestro pensamiento sea más refinado, que logremos mayor destreza para resolver los problemas que se nos presentan en las cotidianas labores. Esa larga época dedicada a adiestrar el pensamiento es la infancia y la primera juventud, el lugar es la escuela. Ahora bien, puesto que hemos considerado que el intelecto es un cuerpo ¿con qué alimentamos al intelecto?
Al igual que las ofertas más tentadoras para alimentar el cuerpo con delicias (inútiles), el mercado, insaciable de ganancias y ausente de la ética ofrece para alimentar al intelecto productos tan chatarra al menos como los así llamados alimentos. La televisión ofrece ejemplos ad náuseam y es común que la misma televisión sea el gran escaparate de estos seudoalimentos.
Por cierto y ya que hicimos el parangón entre el cuerpo físico y el intelectual, es clara la relación entre ambos, su interdependencia. Aunque tenemos que admitir que el cuerpo físico pocas veces es capaz de obtener resultados plausibles sin el concurso del pensamiento consciente; de hecho, en algunas circunstancias nos asombra, nos asusta que protagonicemos un suceso en el que hayamos actuado sin pensar, sin consciencia, “en automático”, decimos. Por otra parte, el intelecto sí es capaz de realizar logros con el mínimo concurso del cuerpo físico. La relación entre el cuerpo y el intelecto es tan intrínseca como la que hay entre ―en términos cibernéticos― el hardware, el cuerpo y el software, el intelecto.
Ahora bien, un intelecto alimentado con los productos chatarra de la televisión y los tristes, tontos cómics comerciales, provoca que quien tal consumo realice se convierta en un obeso, un torpe, es decir, casi un incapacitado intelectual. Así como los productos “intelectuales” de la televisión ofenden a la inteligencia, los alimentos chatarra dañan al cuerpo físico cuando se consumen no como un bocadillo, como un pecado menor, como un desliz, sino como una costumbre pervertida, como un vicio. Giovanni Sartori, el teórico italiano, ha dicho y, creo, con razón, que la televisión causa daños graves a las facultades intelectuales (los que hayan ejercido el oficio de enseñar lo habrán notado: los niños, los jóvenes tienen una casi nula capacidad de fijar la atención, uno de los más claros y referidos síntomas de los niños teleadictos). Pero Sartori asegura además que los daños de la teleadicción son también físicos. La televisión, un instrumento formidable de comunicación, lastimosamente en manos de personas que sólo ven al espectador como un signo de pesos y que cancela las posibilidades incalculables de este medio como difusor de cultura, de conocimiento, de civilización.
Pero la circunstancia humana no se queda en lo que he mencionado. Existe el ámbito de los sentimientos que es no menos importante, pues en gran medida determina el comportamiento inmediato de las personas, con gran frecuencia por encima incluso del pensamiento. ¿De qué alimenta el mercado nuestros sentimientos? De la mezquindad telenovelesca, de uno de los anzuelos favoritos de la televisión, la concupiscencia, que no llega a erotismo (pues el erotismo es un arte, aunque el sublime ejercicio de tal arte no sea público); la concupiscencia castrada, escandalosa pero por estúpida y además hipócrita de los cómics, otro tóxico es el de la insensibilidad animal con que se permiten presentar matanzas humanas por decenas o cientos en un solo programa o en una película y que pretendan que somos tan imbéciles que nuestra inteligencia, nuestra razón aceptarán sus historias. Así, intelecto y sentimientos bien alimentados jamás aceptarían productos tan embusteros y perniciosos. La televisión es el alimento chatarra para los cuerpos intelectual y sentimental de los seres humanos. A propósito, una de las más espantosas enfermedades es el llamado mal de Alzheimer, el que según dicen, está relacionado con dos de los vicios modernos, la mala alimentación causada por el consumo de alimentos empacados que contienen colorantes, saborizantes y conservadores artificiales. Y la otra es la falta de ejercicio mental, pues la inteligencia, como cualquier músculo se atrofia con la falta de uso.
Basta. No hablemos más de esa corruptora, de esa difusora de la estulticia, de esa engañadora, de esa puta emputecedora, la televisión.
Vamos a la salvación, al contraejemplo, a la antítesis de lo anterior. ¿Cómo alimentar al intelecto y a los sentimientos?
Creo que la cumbre en estos ámbitos humanos la consigue el arte, las artes. Y, en particular, como dice Octavio Paz, la poesía en su sentido más amplio, la que aparece en toda obra de arte cuando ésta consigue tal estatura, la de obra de arte.
En ninguna otra de las empresas humanas aparecen mejor empleados en simultaneidad los atributos humanos de intelecto y sentimientos que en el arte. Ahora bien, con salvedades, creo que la obra de arte más accesible es la literatura. En este instante vale la pena preguntarnos ¿Para qué sirve la poesía?
La literatura, que tiene como fuente y como esencia a la poesía; la obra de arte que se hace con las mismas palabras que empleamos a cada momento para comunicarnos. La literatura que es, como casi ninguna otra actividad humana, un ejercicio intelectual pero que contiene los más profundos y sublimes sentimientos que en algún momento han brotado del corazón humano. Profundos pero no necesariamente, diríamos, positivos. También los perversos y aun los criminales. De igual manera que, se ha anotado, los sublimes. Por eso es plena de sabiduría la afirmación del esplendoroso Jorge Luis Borges (ahora hay que escribir su nombre completo siempre, para combatir la confusión que a este respecto introdujo cierto personaje otrora investido de gran poder, pero recubierto de asombrosa ignorancia), Borges, cito de memoria, dijo que “gracias a la literatura en esta vida he vivido varias vidas”. Ya lo creo. La literatura excita de tal manera a la imaginación, convoca con tal fuerza a los sentimientos pero a la vez estimula a la inigualable agudeza de la inteligencia que, no tengo la menor duda, es el más nutritivo, el más poderoso alimento no sólo para el espíritu sino para los sentimientos. Y es por semejantes impresiones que, en efecto, se cumple la sentencia borgiana; no es necesario presenciar ni cometer un asesinato, Dostoyevski nos pone a vivir (y a sufrir) tan espantoso trance con lujo de detalles, con inigualable dolor y con bárbara brutalidad. ¿Qué impresión quieres vivir? ¿El erotismo desaforado, orgiástico, libérrimo o libertino hasta la enfermedad? Ahí está el divino Marqués de Sade o Guillaume Apollinaire o Leopold Von Sacher Masoch. ¿Qué impresión quieres vivir? La literatura no tiene límite. Por la poesía, llegamos sin duda a la asunción de la máxima latina clásica: Hombre soy y nada de lo humano me es ajeno.
La literatura, la poesía en su condición más amplia, nos feminiza en el mejor sentido de esta palabra, es decir, nos hace detonar las mejores cualidades femeninas: la compasión, la sensibilidad, la delicadeza. La poesía nos hace tolerantes porque nos otorga la inmensa virtud de sentir lo que otros sienten, imaginarlo, conmovernos y por ese camino llegar a uno de los mejores sentimientos humanos: la compasión (compartir la pasión del prójimo, el próximo) compartir con quien se ama la pasión, con todo lo que implica. La pasión es lo que a alguien le pasa (a veces por encima, arrasándolo).
Gracias a la literatura, a la poesía en su manifestación más amplia, entendemos todo lo humano. Y gracias a ella, ya lo dijo el poeta, “Hay plumajes que cruzan el pantano y no se manchan/Mi plumaje es de esos”. Porque lo leído, lo vivido (lo bailado, pues, ni Dios lo quita). Ah, pero gracias a la literatura tiene usted la libertad de elegir el mencionado verso del volcánico bardo veracruzano, y proclamar (y vivir diciendo) “Mi pantano es de esos”. La literatura es el plumaje que nos permite entrar en el pantano y, si queremos, permanecer inmaculados aunque, ciertamente, no inocentes. Pero además da la oportunidad de descubrir, de valorar, el propio pantano. Esto es, el conocimiento más invaluable de cuantos conocimientos existen, el conocimiento de sí mismo.
Tan sólo lo anotado justificaría con creces a la poesía, a la literatura. Pero la literatura, la poesía, pues, es capaz de llevarnos más allá.
He hablado de la compasión; de los sublimes sentimientos, del poderoso intelecto inmejorablemente nutridos por la poesía, cuya amplitud nos lleva más allá todavía. Los grandes poetas sufren de un hambre de infinito que con frecuencia los hace despreciar al hambre de comida, qué vulgaridad. La gran literatura siempre va la los extremos. Así, no es tan extraño que los poetas alcancen el vislumbre, el deslumbramiento de la divinidad. Sé de ateos recalcitrantes que a través de la poesía han debido admitir que el universo no es sólo material o al menos que, ya lo dijo, otra vez, Borges (no José Luis, no Borgues) “¿Pero hay algo que no sea sagrado?”; la divinidad que reside en cuanto existe. Por otro camino, la compasión en su último extremo no es otra que el sacrificio crístico, que nada tiene que ver con jerarquías eclesiásticas de cardenales y obispos gordos que “dirigen” a la cristiandad (no pocos de los cuales practican la pederastia, lets remember Marcial Maciel y sus legionarios del billete). Pero mejor que esos hablemos de La noche oscura del alma, de San Juan de la Cruz, del “no sé qué que queda balbuciendo”, o de la (...) sombra de mi bien esquivo/ imagen del hechizo que más quiero/ bella ilusión por quien alegre muero/ dulce ficción por quien penosa vivo. La poesía mística; la que lleva a los poetas a vislumbrar un más allá en el que las delicias de los gozos divinos los hacen decir que Vivo sin vivir en mí/ Y tan alta vida espero/ que muero porque no muero. Como a Santa Teresa de Jesús.
Ver un mundo en un grano de arena/ y el cielo en una flor silvestre/ hace que el infinito quepa en la palma de la mano/ y la eternidad en una hora. Es la pasmosa idea que William Blake, en un estado del espíritu, con la consciencia alterada quién lo duda, fue capaz de decirnos, para que, a través de la poesía nos comunique tan incomunicables sensaciones, estados de la mente, del espíritu. En efecto, porque la poesía, la literatura en general nos permite vivir lo que no viviríamos por más intensa y variada de estímulos que fuera nuestra existencia. En tal sentido, la poesía nos puede llevar a una existencia, que sería nuestra elección angélica como dice Borges que dijo Emanuel Swedenborg: buenos sentimientos, buenos pensamientos, buenas acciones, lo que no es otra cosa que el ser bueno y ser (por eso) bello, el areté griego. La frónesis, la prudencia en la vida, derivada de la sabiduría. El culmen espiritual.
Hay un filósofo ruso, creo, medio empírico, medio iluminado, medio esotérico, quizá masón, Piotr Demianovich Ouspensky que, sin embargo, sostiene una idea que no deja de ser interesante, habla de que el estado ideal del hombre es el equilibrio entre el cuerpo físico, el intelectual y el espiritual. Bendito es aquél que en algún momento de su vida haya llegado a semejante equilibrio: el vigor físico, el poderío intelectual y el oro del espíritu, la percepción de la divinidad.
Y sólo hasta ahora podemos responder a la pregunta planteada, ¿para qué sirve la poesía? En realidad no sirve para cosa alguna de las que se consideran valiosas en este mundo materialista y hoy globalizado. Pero la poesía sirve para ejercer la libertad más allá de toda moral y conveniencia material. Para algo que no es material ha de servir puesto que los mejores humanos se han interesado y han gozado de la poesía, en efecto, hay un gran prestigio de la poesía a pesar de que “no sirve para nada”. Y agreguemos que la poesía es un medio que nos permite el Conocerse a sí mismo que es una respuesta a una de las más terribles preguntas que cualquier humano puede plantearse: ¿para qué estamos en esta vida?
La poesía es salvación. La civilización que llamamos occidental está gravemente enferma. Cada vez se animaliza, huérfana de espiritualidad, gracias a sus prodigios tecnológicos que han terminado siendo algo así como profanaciones de cuanto tocan. La civilización occidental ha olvidado la poesía. Es decir, la salvación.
Lo dijo Paz en El arco y la lira, “si la poesía está olvidada no es que la poesía esté enferma, en decadencia, la enfermedad radica en la sociedad”. O algo así.
Nadie vaya a creerme. Nadie intente realizar experimentos como los que aquí se anotan sin la supervisión de un adulto (entiéndase un gurú, un experto, un chamán, un iluminado) o que cada cual haga como dijo Françoise Rabelais que se estilaba en el monasterio de Theleme, cuyo reglamento era regido por un precepto único: Haz lo que quieras. Que cada uno haga lo que quiera. Al fin que existe la poesía.
Por último. Acerca del cuerpo, bueno, basta con que consumamos carne, pescados y mariscos, leche, huevos, frutas y verduras. Excepcionalmente, ¿por qué no?, alguna porquería de ésas, un alimento chatarra, como cuando accedemos a la debilidad de ceder a un exceso, aplicarnos una mediana borrachera o cometer un pecadillo contra nosotros mismos.

viernes 19 de diciembre de 2008

Matar a la gallina de los huevos de oro

In Naturalibus


Matar a la gallina de los huevos de oro
Pterocles Arenarius


En medio de augurios temibles nos aproximamos al final de otro año. La crisis que golpeó severamente a la economía más poderosa del mundo, aquí arriba de nosotros en varios sentidos de la palabra, terminó por dañar al sistema mexicano, a pesar de las optimistas declaraciones y de la presumida autodenominación de “nave de gran calado” para la economía de nuestro país.
En Estados Unidos brilla la esperanza cuando un negro ha ganado la presidencia de aquella república gracias a prometer que será un presidente cuyas políticas serán totalmente opuestas a las del saliente George W. Bush, invasor de países ex aliados y responsable de la catástrofe económica de su país. Cuando las cosas empiecen a recomponerse en EU provocará que también ocurra en México la recuperación. Pero para que esto ocurra habrán de pasar unos cuantos años.
Por lo pronto la circunstancia apunta a empeorar allá, del otro lado, y por consiguiente más grave aún será en México. Es decir, lo peor todavía no llega. El sentimiento más fuerte entre los mexicanos en este momento es de incertidumbre. A esto tenemos que agregarle la inseguridad derivada de la explosión delincuencial y la guerra entre narcotraficantes y entre grupos de éstos contra las fuerzas del gobierno.
La moral de los mexicanos no es buena. Entre la mayor parte de la gente hay inseguridad en el presente y desesperanza hacia el futuro. Es sensible la desconfianza en el gobierno que ha incumplido una por una todas sus promesas o peor, con frecuencia ha venido haciendo lo contrario de lo que prometió.
Una calamidad más, de la que casi nadie ha dicho algo, es la de las Administradoras de Fondos para el Retiro (Afores) que, en la terrible crisis norteamericana, han perdido alrededor del cuarenta por ciento de sus fondos. Es decir, los trabajadores mexicanos que ahorraron cien pesos, ya sólo tienen sesenta. Esta monstruosidad (entregar a bancos extranjeros el dinero para el retiro de los trabajadores mexicanos, para que lo pusieran a jugar en la bolsa) que fue señalada en su momento, hoy da los peores resultados posibles. Es un buen ejemplo de lo que puede pasar si se permite al gobierno privatizar el petróleo. Ante la premisa elemental de “Poner nuestra riqueza en manos extranjeras”, la conclusión no puede ser más desalentadora: “Nadie va a cuidar lo nuestro mejor que nosotros mismos”, a pesar de todo.
México está viviendo una cotidiana degradación en todos los órdenes. Las noticias alarmantes se suceden de tal suerte que la siguiente es peor y más atroz que la anterior.
Lamentablemente el actual gobierno ha reproducido los execrables vicios del régimen de un solo partido que supuestamente se había terminado con la llamada alternancia en el poder. Incluyendo en lo anterior las crisis económicas, aunque el actual gobierno diga que no tiene responsabilidad en la actual crisis.
Este gobierno está actuando tan desacomedida, tan torpe, tan irresponsablemente que el augurio indica el regreso del PRI, tan poderoso como en sus mejores tiempos. En otras palabras “¿Más vale pésimo por bien conocido que el mediocre que se está dando a conocer?”.
Así, el fin de año, la temporada navideña que para algunos nos resulta siempre deprimente, hoy acumula ingredientes devastadores para las personas que consideran que la felicidad navideña tiene que ver con el consumo, los regalos, las comilonas y el alcoholismo mal disfrazado.
Este, como ningún otro, es el momento en que debemos esmerarnos en apreciar que la verdadera dicha desde lo más simple, desde lo austero. Es el momento de volvernos como dicen los franciscanos: “Para vivir necesito poco y lo poco que necesito lo necesito poco”. Como establecen los budistas, el origen del dolor está en los deseos, si no deseamos no hay dolor. Como contraparte de esta época que ya ha hecho tradición de consumismo desmesurado.
“La gente es feliz pero no se da cuenta”, dice mi amigo el escritor Enrique Galván. Sostiene que para ser realmente feliz se requiere muy poco, sin embargo, hay gente que tiene mucho más de lo que necesita (“Nadie tiene derecho a lo superfluo/ mientras alguien carezca de lo estricto”, dice Díaz Mirón), pero estas personas se inventan sus desgracias y “sufren” por carencias creadas por los publicistas de la televisión y, sin duda, superfluas. Para ser realmente infeliz sostiene Galván tendríamos que haber pasado por una hambruna, una guerra, un campo de concentración o el secuestro y la tortura en manos ya sea de policías o bien de secuestradores, que suelen ser los mismos.
Que en las antípodas de las costumbres franciscanas se queden los Agustín Carstens, de quien han publicado los periódicos, gasta $3 000 pesos diarios aparte de su sueldo en comidas ―tres mil pesos del erario que pagamos todos aparte de su salario que, entre paréntesis es de 154 mil 375.93 pesos mensuales libres, sin contar otras compensaciones y bonos―. ¿Quién puede gastar tres mil pesos por día en comida? La imagen del secretario de Hacienda se explica con semejantes gastos en comida. Lo cual no evita que los tres mil pesos diarios sean un exceso, ¿o su sueldo no le alcanzará al señor Carstens para comer lo suficiente sin pedir esa compensación extra?
Por si lo anterior no fuera suficiente, Televisa lleva a cabo, como cada año, su acopio de dinero para construir un hospital que atienda a niños que sufren diferentes enfermedades que provocan que tengan “capacidades diferentes”. En su Teletón Carlos Loret de Mola casi llora al entrevistar a un niño de once años que no puede caminar por un grave defecto congénito en sus piernas. Los productores de Televisa tuvieron buen cuidado de grabar al niño antes de que Televisa lo tomara para hacerse publicidad. Arrastrándose, porque era la única manera en que podía desplazarse. Y Loret de Mola nos dice que el niño ni siquiera estaba registrado, es decir, oficialmente no existía. Y mucha gente llora, el niño llora y su mamá llora. Todos lloran porque Televisa es muy buena y es la única que tiene compasión por el niño que se arrastraba.
Pero lo que no nos dicen es que los ricos no están regalando nada, las aportaciones millonarias que hacen a Teletón son deducibles de impuestos. Y mucho menos nos dicen que la situación de miseria extrema para gran cantidad de mexicanos en la que es casi normal que haya niños como aquel, la provocan ellos. Sus patrones, Emilio Azcárraga Jean que pertenece al pequeñísimo grupo de superpotentados que se apropia de la riqueza de México de una manera que no ocurre en ningún otro país en el mundo. Y no está exento el propio Loret de Mola, que está al servicio de su patrón Azcárraga y de todos los inmensamente ricos que son sus cómplices y aliados. Ellos, los que han hecho de México una economía de compadres en la que nadie puede progresar porque los poderosos monopolios impiden lo que dicen defender: la libre competencia, el famoso laissez faire.
México se hunde en el pantano de su propia corrupción. Pero lo extraño es que no hubiera ocurrido antes, si al anterior presidente, el señor Fox, se le perdieron ―o al menos se niega a decir que pasó con el dinero― 300 mil millones de pesos que Pemex recibió extras por el sobreprecio del petróleo en el año 2005; si en México el servicio telefónico es el más caro del mundo. Los bancos; todos extranjeros, cobran las comisiones más altas del mundo por usar nuestro dinero para enriquecerse y aun así, insaciables, reciben alrededor de 30 mil millones de pesos al año del erario por el famoso Fobaproa. Si los líderes sindicales como el petrolero Romero Deschamps juegan millones de pesos a la ruleta en Las Vegas. Si los policías de alto nivel, como se está descubriendo, trabajan para el enemigo: los cárteles de la droga. Si el llamado crimen organizado ejecuta a un promedio de 20 personas por día, superando el número de muertes que ocurren en Irak, país ocupado militarmente por nuestro poderosísimo vecino del norte. Si los ahorros de los trabajadores están siendo arriesgados en un pozo sin fondo que es el juego de la bolsa de valores de Nueva York.
La desigualdad, la corrupción y el crimen organizado, son los tres más grandes problemas de México. Los tres están relacionados profundamente y no sabemos cuál es el que dio origen a los otros. El famoso caricaturista del periódico La Jornada que firma como Helguera ha hecho un cartón en el que se refiere al inmenso poder acumulado por el crimen organizado y afirma que casi gobierna a México. Y en el dibujo observamos que se refiere a los altos funcionarios de gobierno, líderes sindicales, magistrados de la Suprema Corte de Justicia, legisladores, etc.
Los sucesivos gobiernos de México, desde Díaz Ordaz hasta el actual, están logrando lo que en los tiempos del diazordazato parecía imposible: matar a la gallina de los huevos de oro.
Los simples ciudadanos que vivimos en medio de la catástrofe, sin embargo, tenemos la obligación de procurarnos la felicidad para nosotros mismos y para los que amamos. Hacer de este mundo paraíso, puesto que ya hay mucha gente ocupada en convertirlo en un infierno.
La prosperidad, que es sentirse completo y contento sin lo superfluo. La armonía interior que nos provoca el bienestar exterior. Y el buen humor de todo, por todo y para todo. Eso se desea a todo el mundo en esta época de fiestas decembrinas.

martes 9 de diciembre de 2008

Dos artículos de Leonardo Boff

¿ESTÁ POR LLEGAR LO PEOR DE LA CRISIS?

Leonardo Boff

(difundida el 28 de noviembre de 2008)

En un artículo anterior, afirmábamos que la crisis actual más que económico-financiera es una crisis de humanidad. Se han visto afectados los cimientos que sustentan la sociabilidad humana —la confianza, la verdad y la cooperación—, destruidos por la voracidad del capital. Sin ellos es imposible la política y la economía. Irrumpe la barbarie. Queremos presentar esta reflexión de sentido filosófico inspirados en dos notables pensadores: Karl Marx y Max Horkheimer. Este último fue prominente figura de la escuela de Frankfurt, al lado de Adorno y Habermas. Antes incluso del final de la guerra, en 1944, tuvo el valor de decir en unas conferencias en la Universidad de Columbia (USA), publicadas bajo el título Eclipse de la razón, que la victoria inminente de los aliados iba a servir de poco. El motivo principal que había generado la guerra seguía estando activo en el núcleo de la cultura dominante. Era el secuestro de la razón para el mundo de la técnica y de la producción, por lo tanto, para el mundo de los medios, olvidando totalmente la discusión sobre los fines. Es decir, el ser humano ya no se preguntaba por un sentido más alto de la vida. Vivir es producir sin fin y consumir todo lo que se pueda. Es un propósito meramente material, sin ninguna grandeza. La razón fue usada para hacer operativa esta voracidad. Al someterse, se oscureció, dejando de hacerse las preguntas que siempre había planteado: ¿qué sentido tiene la vida y el universo, cuál es nuestro lugar? Sin respuestas a estas preguntas, sólo nos queda la voluntad de poder que lleva a la guerra como en la Europa de Hitler. Algo semejante decía Marx en el tercer libro de El Capital. En él deja claro que el punto de partida y de llegada del capital es el propio capital en su voluntad ilimitada de acumulación. Su objetivo es el aumento sin fin de la producción, para la producción y por la propia producción, asociada al consumo, con vistas al desarrollo de todas las fuerzas productivas. Es el imperio de los medios sin discutir los fines ni cuál es el sentido de este proceso delirante. Son los fines humanitarios los que sostienen la sociedad y dan propósito a la vida. Bien lo ha expresado nuestro economista-pensador Celso Furtado: “El desafío que se plantea en el umbral del siglo XXI es nada menos que cambiar el curso de la civilización, desplazar el eje de la lógica de los medios al servicio de la acumulación, en un corto horizonte de tiempo, hacia una lógica de los fines en función del bienestar social, del ejercicio de la libertad y de la cooperación entre los pueblos” (Brasil: a construção interrompida, 1993, 76). No fue eso lo que los ideólogos del neoliberalismo, de la desregulación de la economía y del laissez-faire de los mercados nos aconsejaron. Ellos mintieron a toda la humanidad prometiéndole el mejor de los mundos. No existían alternativas a esa vía, decían. Todo eso ha sido ahora desenmascarado, generando una crisis que va a ser aún peor. La razón de ello reside en el hecho de que la crisis actual se ha establecido en el seno de otras crisis todavía más graves: la del calentamiento planetario, que va a tener dimensiones catastróficas para millones de seres humanos, y la de la insostenibilidad de la Tierra como consecuencia de la virulencia productivista y consumista. Necesitamos un tercio más de Tierra, es decir, la Tierra ya ha sobrepasado 30% de su capacidad de reposición. No aguanta más el crecimiento de la producción y del consumo actuales, como propone cada país. Y va a defenderse produciendo caos, no creativo sino destructivo. Aquí se sitúa el límite del capital: en el límite de la Tierra. Eso no existía en la crisis de 1929. Se daba por descontado la capacidad de soporte de la Tierra. Hoy no: si no salvamos la sostenibilidad de la Tierra, no habrá base para el proyecto del capital en su propósito de crecimiento. Después de haber vuelto precario el trabajo, sustituyéndolo por la máquina, ahora está liquidando la naturaleza. Estas consideraciones raramente aparecen en el debate actual. Predomina el tema de la extensión de la crisis, de los índices da recesión y del nivel de desempleo. En este campo, los peores consejeros son los economistas, especialmente los ministros de Hacienda. Ellos son rehenes de un tipo de razón que los ciega para estas cuestiones vitales. Hay que oír a los pensadores y a los que aman la vida y cuidan de la Tierra.






------------------ NO AMAN LA VIDA

Leonardo Boff

(difundida el 5 de diciembre de 2008)


La búsqueda de una salida para la crisis económico-financiera mundial está rodeada de peligros. El primero es que los países ricos busquen soluciones que resuelvan sus problemas, olvidando el carácter interdependiente de todas las economías. La inclusión de los países emergentes significó poco, pues sus propuestas fueron escasamente tendidas en cuenta. Siguió prevaleciendo la lógica neoliberal, que asegura la parte leonina a los ricos. El segundo peligro es perder de vista las demás crisis: la ecológica, la climática, la energética y la alimentaria. Concentrarse solamente en la cuestión económica sin considerar las otras es jugar con la insostenibilidad, a medio plazo. Cabe recordar lo que dice la Carta de la Tierra: “nuestros desafíos ambientales, económicos, políticos, sociales y espirituales están interligados, y juntos podemos forjar soluciones incluyentes” (Preámbulo). El tercer peligro, más grave, consiste en mejorar sólo las reglas existentes en vez de buscar alternativas, con la ilusión de que el viejo paradigma neoliberal tenga todavía la capacidad de volver creativo el caos actual. El problema no es la Tierra. Ella puede continuar sin nosotros, y continuará. La magna quaestio, la cuestión magna, es el ser humano, voraz e irresponsable, que ama más la muerte que la vida, más el lucro que la cooperación, más su bienestar individual que el bien general de toda la comunidad de vida. Si los responsables de las decisiones globales no consideran la inter-retro-dependencia de todas estas cuestiones y no forjan una coalición de fuerzas capaz de equilibrarlas, entonces sí estaremos literalmente perdidos. En realidad, si hubiera un mínimo de buen sentido, la solución del cataclismo económico y de los principales problemas infraestructurales de la humanidad se podría encontrar. Bastaría proceder a un desarme amplio y general, ya que no existen enfrentamientos entre potencias militares. La construcción de armas, propiciada por el complejo industrial-militar, es la segunda mayor fuente de lucro del capital. El presupuesto militar mundial es del orden de un billón cien mil millones de dólares/año. Sólo en Irak se han gastado ya dos billones de dólares. Para este año, el gobierno estadounidense comprometió un gasto de armas por valor de un billón y medio de dólares. Estudios de organismos de paz revelaron que con 24 mil millones dólares/año —apenas 2.6% del presupuesto militar total— se podría reducir a la mitad el hambre del mundo. Con 12 mil millones —1.3% del referido presupuesto— se podría asegurar la salud reproductiva de todas las mujeres de la Tierra. Con gran valentía, el actual presidente de la Asamblea de la ONU, el padre nicaragüense Miguel d’Escoto, denunciaba en su discurso inaugural de mediados de octubre: existen aproximadamente 31 000 ojivas nucleares en depósitos, 13 000 distribuidas en varios lugares del mundo y 4 600 en estado de alerta máxima, es decir, listas para ser lanzadas en pocos minutos. La fuerza destructora de estas armas es aproximadamente de 5 000 megatones, fuerza destructiva 200 000 veces mayor que la bomba lanzada sobre Hiroshima. Sumadas a las armas químicas y biológicas, se puede destruir de 25 formas diferentes toda la especie humana. Postular el desarme no es ingenuidad, es ser racional y garantizar la vida que ama la vida y que huye de la muerte. Aquí se ama la muerte. Sólo este hecho muestra que la humanidad está formada en gran parte por gente irracional, violenta, obtusa, enemiga de la vida y de sí misma. La naturaleza de la guerra moderna ha cambiado sustancialmente. Antaño “moría quien iba a la guerra”. Ahora no, las principales víctimas son civiles. De cada 100 muertos en guerra, 7 son soldados y 93 son civiles, 34 de los cuales niños. En la guerra de Irak han muerto ya 650 00 civiles y solamente unos 3 000 soldados aliados. Hoy presenciamos algo absolutamente inédito y de extrema irracionalidad: la guerra contra la Tierra. Siempre se hacían guerras entre ejércitos, pueblos y naciones. Ahora, todos unidos, hacemos la guerra contra Gaia: no dejamos un momento de agredirla y explotarla hasta derramar toda su sangre. Y todavía invocamos la legitimación divina para nuestro crimen, pues cumplimos el mandato: “multiplicaos, llenad la Tierra y sometedla” (Gn 1,28). Haciéndolo así, ¿hacia dónde vamos? No hacia el reino de la vida.

jueves 27 de noviembre de 2008

Penuria del arte y la cultura

Pterocles Arenarius

La cultura se encuentra en todo lo que hacemos cada día. Aparece hasta en la forma de moverse, como me hizo notar cierto amigo cubano, de antecedentes raciales originarios en la negritud y por ello dueño de un impresionante ritmo. Este tipo me aseguraba que “los mexicanos caminan muy rígidos” y ejemplificaba con las maneras de caminar de otros pueblos. Me aseguraba que eso, el ritmo para caminar, tenía que ver con prácticamente todas las actividades. Según esto, en la manera de caminar es posible determinar el carácter, la felicidad, la capacidad sexual, la armonía interna y hasta gran cantidad de desajustes mentales.
La cultura, cuando se refina hasta la exquisitez, llega a alcanzar estatus de arte. De tal manera que en todo lo que hacemos es posible llevar el refinamiento hasta un grado de especialización, de exquisitez, de buen gusto, de intensidad, de delicadeza, etcétera, de tal manera que aquella actividad pueda ser considerada un acto artístico. Sea un manjar en la cocina, la manera de caminar como decía mi amigo cubano, el arreglo de los muebles, el cotidiano trato con las personas, la preparación del café o los huevos estrellados, la forma y el ámbito para dormir o para hacer el amor. Y todo lo demás, por supuesto.
Para que alguien llegue, en una sola actividad, a la altura del arte, requiere una gran cantidad de virtudes. En primer lugar, conocimiento amplio y profundo de la actividad que se trate. Libertad total: tiempo, mucho tiempo. Creatividad sin límites. Inteligencia reflexiva, profunda y aguda. Experimentación sin prejuicios y de gran originalidad, incluso extravagante. Y también información. Bueno, agreguemos que tales objetos o actividades alcanzarán la estatura de obra de arte si, como afirman algunos teóricos, “no sirven para nada” por haber alcanzado el carácter de únicos e insuperables. Entendamos que no sirven para nada práctico, ni siquiera para decorar.
Y no es de sorprender que alguna persona que alcance el prodigio de crear una obra de arte en cualquier actividad, la procurará en muchos otros ámbitos o actos de su vida, o al menos ya no se conformará con lo mal hecho –más bien, con lo que no sea sublime– en ningún ámbito, en ninguna circunstancia. Tales personas se vuelven exigentes.
Una vida de alta calidad implica, necesariamente, que el arte se encuentre en varias, o en todas, las esferas de la cotidianidad de las personas. Pero no sólo el arte como especialización de la cultura, sino también las bellas artes: la pintura, la escultura, la música, la danza, el cine, la literatura, el teatro. Es decir, que haya los objetos o los actos que trascienden civilizaciones y épocas, que se vuelven arquetipos.
Sin embargo, para que la vida de las personas adquiera semejante calidad es imprescindible que cada individuo cubra, antes que nada, sus necesidades elementales. Sería ingenuo y hasta perverso intentar que una persona desnutrida goce las obras de arte. Lamentablemente, vivimos en un país que no da a sus hijos ni siquiera lo elemental para que tengan una vida normal, es decir, con la calidad mínima de vida.
En el último cuarto de siglo México transcurrió sometido a una sucesión de crisis económicas, o bien a una sola, interminable y –en este momento– agudizada. Los gravísimos problemas que enfrenta EU, han provocado ya la devaluación del peso mexicano y lo peor todavía no llega.
La situación crítica permanente en la economía ha provocado que los presupuestos nacionales se diseñen restringiendo las partidas que no son prioritarias. Y siempre que se castiga un concepto por causa de crisis, ese es, en primer lugar, la cultura y en segundo, la educación.
En nuestro país ocurren cosas asombrosas: mientras nuestra crisis ha durado 25 años, dentro de ese mismo lapso se forjó la fortuna más grande del mundo en manos de un solo hombre: Carlos Slim. Pero no sólo eso, los políticos que han llevado al país a semejante catástrofe son los mejor pagados del mundo. Y otro datos que provoca asombro e indignación es la distribución de la riqueza. Mientras un pequeño grupo de personas que son acaso el 0.5 por ciento de la población se apropian del 40 por ciento de la riqueza. Y en el otro extremo el 30 por ciento más pobre tiene que sobrevivir con un 0.7 de la riqueza que producimos todos.
Mientras que el índice de desarrollo personal –un indicador que demuestra las posibilidades de los habitantes de un país para escalar en las clases sociales– en Noruega, por ejemplo es el más alto del mundo, en México, se encuentra en el mismo nivel que el de Ecuador. Pero con una pequeña diferencia, México es la décimo segunda economía del mundo, según se jactan los gobernantes y ecuador no figura entre las 70 primeras y la economía de Noruega está abajo del número 25 en el mundo.
“Las escaleras, para asearse, tiene que empezarse desde arriba”, dice un refrán. Los gobiernos corruptos deben hacerlo de igual manera. Y es que en México se ha hablado de “Renovación moral de la sociedad”, en el delamadriato de “Lucha contra la corrupción” en el salinato; de “Moralización de la vida pública” en el Zedillato; de combate a las víboras prietas y todo género de alimañas en el Foxato. Nunca nadie de esos presidentes cumplió y, por el contrario, todos incurrieron en actos de corrupción.
Y todos, eso sí, han restringido el presupuesto, primero para la cultura y luego para la educación hasta que han hecho de esta última imprescindible actividad una catástrofe.
En tanto en la cultura la situación no es mejor.
Los presupuestos para la cultura son exageradamente raquíticos. Y la cultura nacional, el arte se mantienen en muy buen nivel, a pesar de la destrucción a que han sido sometidas por el gobierno. Y a pesar de que los políticos siempre se jactan de los grandes logros y la alta calidad de nuestra cultura.
En Guanajuato, mientras los gobernantes se dedican a participar en las peregrinaciones católicas y a beneficiar a los grupos que son adictos a esa religión, y a la vez están recibiendo grandes recursos del gobierno federal por ser el ejemplo a seguir en el ámbito nacional, incluso han hablado de “guanajuatizar” a México, ofrecen a la cultura una miseria.
Por ejemplo, el gobierno de Guanajuato, a través del Instituto Estatal de Cultura convoca a artistas e intelectuales a presentar proyectos culturales para darles apoyos económicos, convoca también a ejecutantes artísticos de danza y música, creadores en literatura y artes plásticas e investigadores en monumentos históricos.
Para los creadores, por ejemplo en literatura, ofrecen 3 mil 500 pesos mensuales. Esto es 2.24 salarios mínimos. Ah, pero para los que ellos llaman “creadores con trayectoria” tienen un premio de 4 200 pesos mensuales, que equivalen a 2.7 salarios mínimos.
Me parece que un creador que se respete considerará un insulto semejante ofrecimiento. Y más aún si es un “creador con trayectoria” como dicen los del Instituto Estatal de la Cultura de Guanajuato. Incluso un creador con cualquier trayectoria.
Vale la pena comparar estos “apoyos” a los artistas guanajuatenses con los salarios, por ejemplo, de los policías. Un policía municipal tiene un sueldo que puede ir de 6 mil a 7 mil pesos mensuales según su nivel. Un policía ministerial obtiene como mínimo 11 mil y como máximo 13 mil, también según su nivel. ¿El mensaje? Parece muy claro, más vale meterse de policía municipal o incluso ministerial para doblar los ingresos, qué hace usted como creador artístico o ejecutante o investigador.
Efectivamente, la labor de los policías –cuando no son corruptos, extorsionadores, abusivos, incluso ladrones; ya no pidamos que no sean ignorantes– es muy loable y urgente en la circunstancia de inseguridad en que nos debatimos, pero ¿por qué esta burla tan sanguinaria a los intelectuales y artistas de Guanajuato? ¿Cuál es el nivel y la calidad de la obra que esperan que se realice con semejantes “apoyos”? ¿Esos ofrecimientos son la estimación que tienen los gobernantes por el arte y la cultura? Por supuesto.
Examinemos ahora los sueldos de algunos funcionarios. Por ejemplo, los diputados locales, ejemplares próceres de la patria, humildemente se resignan a recibir 127 mil 217 pesos mensuales, esto es, unas ¡treinta veces más! de lo que ofrecen a un vulgar creador artístico que ellos llaman “con trayectoria”. Los otros, los simplemente llamados “creadores”, con sus 3 mil 500 mensuales de “apoyo” ganan menos que los empleados del ayuntamiento más humildes, los intendentes, cuyo sueldo es de 4 mil 610, el que es incluso superior al de creadores “con trayectoria”. Será porque son intendentes con “más trayectoria”.
Aunque los síndicos de León se conforman con 44 mil 556 pesos mensuales, apenas 10 veces más que los “creadores con trayectoria”.
Habría que preguntar a todos esos funcionarios sobrepagados qué hacen por la cultura, por la educación, por el bienestar de los guanajuatenses. Porque lo que podemos ver desde hace años y con más gravedad en este momento es el deterioro constante de las condiciones de vida de la población.
Los funcionarios de gobierno en México tienen sueldos que se encuentran entre los mejores del orbe, incluyendo a los países del primer mundo. Pero los servicios que retribuyen a la población son de tercer mundo, como lo indica la organización global Transparencia Internacional que otorga una calificación de 3.6 para México, de 10 puntos posibles. Y ubica los niveles de corrupción en México en el número 72 de 180 países calificados. La calificación de México está por debajo de países como Ghana, Colombia y El Salvador.
Y curiosamente Transparencia Internacional afirma que la corrupción en México radica de manera más notoria en los funcionarios públicos y entre éstos, siempre según TI, los más corruptos son los policías. En segundo lugar los partidos políticos. En tercero, los legisladores y en cuarto el sistema judicial.
Pero eso sí, cuando los funcionaretes –no merecen ser llamados de otra manera– hablan de la cultura y el arte mexicanos, entonces sí se llenan la boca para jactarse, aunque jamás dicen que los logros se deben a pesar de ellos y jamás gracias a su trabajo.

lunes 17 de noviembre de 2008

¡El avión!, artículo de Carlos Fazio. La Jornada

Carlos Fazio


¡El avión!


Dice Hans M. Enzensberger que “tan pronto como la criminalidad se organiza, se convierte, tendenciosamente, en un Estado dentro del Estado”. La frase remite al México actual, con sus distintos niveles de violencia reguladora. Con algunas puntualizaciones: cuando en enero de 2007 Felipe Calderón sacó al Ejército de los cuarteles y declaró su “guerra” al crimen organizado, el país entró en una fase de “colombianización”. Pero ya antes, desde mediados del sexenio de Carlos Salinas, cuando de la mano de la “narcotización” de la política surgió una nueva economía criminal, se había venido incubando un larvado proceso de desintegración de la sociedad en el marco de la conformación de un nuevo Estado oligárquico autoritario de tipo delincuencial y mafioso.
Los últimos hechos, incluidas las revelaciones sobre la infiltración de grupos criminales al más alto nivel de las fuerzas armadas, la Procuraduría General de la República y la Secretaría de Seguridad Pública, así como la polémica en torno a si las muertes de Juan Camilo Mouriño y José Luis Santiago Vasconcelos fueron producto de accidente o sabotaje, exhiben dinámicas complejas y mezclas muy íntimas entre las estructuras criminales y estatales, donde una amplia red de actores está completamente integrada en los niveles operativos de la economía criminal.
En ese contexto, la imagen que muestra un aparato estatal asediado por criminales “en busca de protección para sus viles actos”, o que le “ha declarado la guerra al Estado”, carece de veracidad. Tampoco se trata de una guerra de buenos contra malos: es una guerra de malos contra malos por la regulación del mercado.
“¿Dónde se origina la mafia?”, se preguntaba Pável Voshchanov. Y respondía: “Es simple: comienza con los intereses comunes de políticos, hombres de negocios y gánsters. Todos los demás son rehenes de esta sagrada alianza”. Se trata de una nueva manifestación del “capitalismo salvaje”, que no respeta ninguna forma de regulación de naturaleza jurídica o moral. Cuando y donde no hay regulación y control por parte de la fuerza legítima del Estado, se impone el control despiadado y caótico de las fuerzas ilegítimas de grupos privados violentos. Se privatizan el poder y la seguridad. Los mercados sin restricciones equivalen a sociedades salvajes, donde se libra una guerra de todos contra todos.
La escasez de legalidad produce la contra-institucionalización del gobierno criminal. Según Giulio Sapelli, un gobierno criminal “crea, con un mercado propio, una clase política propia, que regula, administra y reproduce el sistema”. El elemento fundamental de la corrupción son las empresas, pues son las constructoras sociales de los mercados, del monopolio y del oligopolio. Se trata de empresas ilegales, que adquieren –como ha demostrado Pino Arlacchi en el caso mafioso italiano, y sobran ejemplos en México– ventajas competitivas a través de la violencia, la evasión fiscal y tributaria, la circulación de enormes masas de capital que derivan de actividades ilícitas, entre las que destaca el narcotráfico. Lo que caracteriza a la economía mafiosa, y por ende la relación entre individuos y empresas dentro de ese sistema y con la economía en su conjunto, es una acentuada competencia; pero el arma fundamental de esa competencia está representada por la violencia reguladora, que incluye la muerte, sea por accidente, gastritis aguda, sabotaje o descuartizamiento.
En cuanto a redes delincuenciales, el caso más sonado de los últimos años es el de la famiglia Salinas, que de acuerdo con las investigaciones de la justicia suiza involucró, entre otros, al jefe del clan, Raúl Salinas Lozano, y a sus hijos Carlos y Raúl Salinas de Gortari, así como a una larga lista de gobernantes, políticos, empresarios, banqueros, militares, policías, representantes de la justicia y capos del narcotráfico. Muchos de ellos siguen funcionando dentro del sistema, se han reciclado, y otros murieron víctimas de la violencia propia de ese tipo de empresas criminales.
Ante el resquebrajamiento del antiguo régimen, las facciones, mafias y organizaciones criminales que formaron parte de la llamada “familia revolucionaria” en el interior del PRI –en un juego de equilibrios, acuerdos y complicidades– cobraron autonomía y multiplicaron su poder. El desgaste del viejo modelo se hizo evidente en 1993-94, periodo en el que se produjeron tres crímenes de Estado: los asesinatos del cardenal Posadas, Luis Donaldo Colosio y José Francisco Ruiz Massieu. A partir de allí la violencia se generalizó y exhibe, hoy, que no se ha podido disciplinar o conciliar con los jefes de los distintos clanes o familias que controlan el millonario negocio criminal. Es decir, que no se ha podido consolidar el antiguo pacto mafioso y que –para citar a un clásico– los demonios siguen sueltos.
Cabe enfatizar que las mafias criminales –de las que el narcotráfico es sólo su expresión más visible– no son un fenómeno aislado de la sociedad o una “conspiración” de maleantes en un Estado limpio, sino más bien una especie de empresa de carácter ilegal, con un pie bien implantado en los sectores cruciales de la sociedad y del Estado: el mundo financiero, los negocios, la clase política, los cuerpos de seguridad y el aparato judicial. Como buenas vacas lecheras, los capos de la droga son protegidos, se les ordeña y, cuando ya no sirven, se les mete a la cárcel o se les manda a la carnicería. No se trata, pues, de Los Zetas o Los Pelones. La violencia actual tiene que ver con la ruptura de la antigua regulación de los pactos inter oligárquicos. El viejo modelo de dominación cleptocrático, basado en las conexiones oligopólicas y monopólicas con el clientelismo político, se agotó. Por eso la violencia desestabilizadora provocada por las pugnas y traiciones intermafias alcanza los niveles superiores de la cadena criminal-corruptora, colapsa instituciones y genera turbulencias que, de manera misteriosa, puede hasta tirar aviones. El cambio en Bucareli podría propiciar una tregua.

sábado 15 de noviembre de 2008

López Obrador en Guanajuato

AMLO en guanajuato

Pterocles Arenarius


Guanajuato, Gto., 15 de Noviembre de 2008. Andrés Manuel López Obrador llegó a Guanajuato en una mañana soleada pero fría. Un aironazo helado enrojecía los rostros y unas doscientas personas lo esperaban desde las 9:30 en la Plaza de la Paz, frente al edificio del Congreso legislativo estatal.
Un cantor amenizaba la espera entonando el No nos moverán y de pronto, dejando a un lado la letra de la canción pero con el rasgueo de la guitarra en fondo, se puso a echar rollo, a denunciar las “lindezas” del gobierno calderonista, las alzas a la gasolina, a los productos básicos y la gente le correspondía aplaudiéndole.
Andrés Manuel no se hizo esperar mucho. A eso de las 9:50 llegó con su pequeña comitiva en dos camionetas blancas. Lo esperaban los dirigentes locales del Partido de la Revolución Democrática, todavía, porque el partido está dominado en este estado de la República por el grupo denominado los chuchos, los que a través de Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, se apropiaron de la dirigencia del partido, provocando la intromisión de un más que cuestionado organismo dizque autónomo en el PRD.
Andrés Manuel llega al lugar y unos veinte metros antes del estrado se apea del vehículo y llega caminando entre la pequeña multitud. Avanza muy lentamente, firma libros, libretas, calendarios, banderas, fotos. Casi interminablemente. Él no necesita baños de pueblo, se mueve entre el pueblo como ave en el aire. La gente no sólo lo respeta y lo quiere, lo venera: las mujeres lo besan, los hombres se empujan por estrechar su mano, todos se emocionan y le gritan en la cara consignas alentadoras. Andrés Manuel se mantiene imperturbable.
El discurso del dirigente mayor de la izquierda –a pesar de todo y para estupor de muchos, pero no menos incomodidad de otros y hasta rabia de los leedores de noticias de las televisoras–, es un discurso reiterativo, machacón, tenaz. Dice casi las mismas cosas y casi con las mismas palabras que solemos leer en los periódicos. Pero estar en el suceso tiene algo de magia. Hay una reciedumbre en Andrés Manuel, hay una emoción entre la gente, hay una fuerza que se genera y la veneración por este hombre que, como nunca antes haya ocurrido en la historia de México, se otorga el lujo de llamar pelele, espurio, títere, inepto y corrompido ni más ni menos que al Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos: Felipe de Jesús Calderón Hinojosa. Y lo hace todos los días.
López Obrador no se da tregua. Llega a Guanajuato apenas después del desayuno y luego de cinco o seis actos un día antes. Habla veinte minutos ante cada vez más personas, se mueve entre el pueblo como uno más. ¿Quién pudiera de todos los políticos mexicanos, quién, uno sólo que haga esto? Creo que no hay ni uno que se atreva a mezclarse prácticamente sin guaruras –en realidad hay tres hombres que con gran discreción le cuidan las espaldas y más bien parecieran personas sin mayor relación con el dirigente– entre el pueblo raso.
Andrés Manuel tiene detractores indudablemente, pero los que hay entre el pueblo de a pie, no vienen a verlo a sus mítines, no se atreven a hacerlo, porque los que lo quieren, en todas partes de México, son muchos más.
Nos gustaría ver a Diego Fernández de Cevallos, a Manlio Fabio Beltrones, a Carlos Navarrete, a Emilio Gamboa Patrón, al inefable transa Chucho Ortega… a cualquiera, de los que en los cargos de importancia en este momento o a cualquiera del pasado… a cualquiera. Ninguno se atreverá… Ninguno puede. La gente lo recuerda en la consigna que corean “Este es el pueblo de López Obrador; dónde está el tuyo espurio Calderón”.
Andrés Manuel dialoga con la gente, se deja querer, atiende a cada persona que le solicita algo, un saludo, una firma, un beso las mujeres. Su popularidad pareciera la uno de esos bellacos que las televisoras llaman artistas y que son improvisados –a la vista del público en diversas “academias”– en unos cuantos meses. Pero ni siquiera ésos se mezclan entre el pueblo. Ése es el gran capital político de Andrés Manuel.
AMLO, se podría decir, es un tipo temerario. Hace lo que ni uno solo de los políticos actuales se atrevería a hacer: atacar a los hombres más ricos de México y a las todopoderosas televisoras. Las acusa, tanto a aquéllos como a éstas de mantener a su servicio al presidente de la República, de haberlo convertido en su pelele, de administrar la ignorancia, de ocultar la catástrofe que vive el país, de mentir cotidianamente. ¿Quién, uno solo, de los políticos oficiales, oficiosos, en los cargos partidarios, en los puestos medianos o en las cámaras legislativas o incluso desempleado es capaz de irse contra la sacrosanta televisión?
Pero Andrés Manuel no es temerario, es inteligente, sabe que su fuerza está en el pueblo, sabe que la gente se da cuenta que él no la está engañando, porque lo que hizo al frente del Gobierno del Distrito Federal le acarreó el respeto, el cariño, incluso la veneración de grandes grupos de la población.
No quita el dedo del renglón “Nos robaron la Presidencia”, dice. Pide el apoyo, el activismo de la gente y les advierte que a ellos se debe que este movimiento continúe vigente y que apenas haya evitado la privatización brutal, la entrega absoluta de la riqueza petrolera que pretendía el presidente espurio (así llama a Felipe Calderón).
Augura tiempos peores para el pueblo mexicano. Anota que la crisis económica de los Estados Unidos nos afectará todavía mucho más y denuncia que el gobierno está entregando el dinero que pertenece a todos los mexicanos para salvamento de las empresas, 15 mil millones de dólares desde que estalló la crisis de los gringos. 100 millones de dólares se entregarán a la empresa Vitro de Monterrey.
En su discurso no olvida felicitar a los movilizados, por cuyos hechos se logró la victoria frente al tozudo empeño privatizador del calderonismo, pero advierte que tal victoria puede ser totalmente inútil si se presenta, como denuncia, que el gobierno entregue inmensas zonas del Golfo de México para la exploración y explotación exclusiva a las grandes compañías petroleras norteamericanas, la inglesa y la española en concesiones que durarían 30 años, socavando así la soberanía nacional.
El tabasqueño dice a la gente algo que ya sabe, pero él lo sintetiza de una manera que no deja de ser admirable. Dice que el régimen de 30 potentados que se sienten dueños del país pero que en realidad son una mafia y como tal actúan. Su manera de hacerlo, denuncia, consiste en mangonear dos partidos políticos (el PRI y el PAN), un pelele cada vez más disminuido, abrumado, incapacitado y, agrega este reportante, ahora sin su brazo derecho, cerebro y gran amigo recién muerto. Y la otra arma, dice, es la televisión. Esa gran difusora de la ignorancia y la enajenación.
Luego Andrés Manuel entabla un diálogo con la gente y les demuestra que las televisoras ocultan la información. ¿Cuándo nos han dicho que el peso se devaluó, hasta este momento, en treinta por ciento? ¿En qué momento han dicho que México es el país que menos ha crecido en América Latina en los últimos dos años? ¿Por qué no han denunciado que el yerno de Elba Esther Gordillo es el subsecretario de Educación Pública? ¿Por qué no dicen que los sucesivos gobiernos, Salinas, Zedillo, Fox y Calderón han violado la Constitución de manera permanente al comprar energía eléctrica a compañías privadas a través de la Compañía Federal de Electricidad, lo cual está expresamente prohibido por la carta magna?
Anima a sus seguidores al recordar que en toda la historia de México no había habido tanta gente consciente y nos recuerda que nuestros próceres, fueron denostados y ofendidos, que a Hidalgo lo llamaron hereje, a Morelos falsario, a Juárez indio mugroso, a Villa y a Zapata bandidos, a Madero loco espiritista; sin embargo, informa que siempre que llegan a un municipio, para pedir informes del centro de la ciudad preguntan por la calle Hidalgo, Morelos o Juárez y pregunta a la gente cómo se llama la calle en donde se lleva a cabo el acto y el público responde Juárez.
El dirigente político de izquierda lleva mil 700 municipios del país visitados y dos millones de afiliados a la Convención Nacional Democrática. Otra vez, quisiéramos el nombre de un solo político de cualquier partido, activo o en la banca, que pudiera convocar a una fuerza ciudadana similar.
Y remata emotivamente su intervención diciendo que defenderemos a la nación como se pueda, con lo que se pueda y hasta donde se pueda, recordando una expresión de Benito Juárez. La gente, otra vez, lo asalta pidiéndole una firma, un saludo, las mujeres lo besan.

jueves 30 de octubre de 2008

El capitalismo en sus estertores

PIDO DISCULPAS


por Frei Betto, escritor, autor de “Cartas da Prisão” (Agir), entre otros libros(tomado del Servicio Informativo Alai-amlatina (http://alainet.org)


Estoy gravemente enfermo. Me gustaría manifestar públicamente mis excusas a todos los que confiaron ciegamente en mí. Creyeron en mi presunto poder de multiplicar fortunas. Depositaron en mis manos el fruto de años de trabajo, de economías familiares, el capital de sus emprendimientos.Pido disculpas a quien mira a sus economías evaporase por las chimeneas virtuales de las bolsas de valores, así como a aquellos que se encuentran asfixiados por la imposibilidad de pagar, los intereses altos, la escasez de crédito, la proximidad de la recesión.Sé que en las últimas décadas extrapolé mis propios límites. Me convertí en el rey Midas, creé alrededor mío una legión de devotos, como si yo tuviese poderes divinos. Mis apóstoles —los economistas neoliberales— salieron por el mundo a pregonar que la salud financiera de los países estaría tanto mejor cuanto más ellos se arrodillasen a mis pies.Hice que gobiernos y opinión pública crean que mi éxito sería proporcional a mi libertad. Me desaté de las amarras de la producción y del Estado, de las leyes y de la moralidad. Reduje todos los valores al casino global de las bolsas, transformé el crédito en producto de consumo, convencí a una parte significativa de la humanidad de que yo sería capaz de operar el milagro de hacer brotar dinero del propio dinero, sin el lastre de bienes y servicios.Abracé la fe de que, frente a las turbulencias, yo sería capaz de autorregularme, como ocurría con la naturaleza antes de que su equilibrio fuera afectado por la acción predatoria de la llamada civilización. Me volví omnipotente, me supuse omnisciente, me impuse al planeta como omnipresente. Me globalicé.Llegué a no dormir nunca. Si la Bolsa de Tokio callaba por la noche, allá estaba yo eufórico en la de São Paulo; si la de Nueva York cerraba a la baja, yo me recompensaba con el alza de Londres. Mi pregón en Wall Street hizo de su apertura una liturgia televisada para todo el orbe terrestre. Me transformé en la cornucopia de cuya boca muchos creían que habría siempre de chorrear riqueza fácil, inmediata, abundante.Pido disculpas por haber engañado a tantos en tan poco tiempo; en especial a los economistas que mucho se esforzaron para intentar inmunizarme de las influencias del Estado. Sé que, ahora, sus teorías se derriten como sus acciones, y el estado de depresión en que viven se compara al de los bancos y de las grandes empresas.Pido disculpas por inducir multitudes a acoger, como santificadas, las palabras de mi sumo pontífice Alan Greenspan, que ocupó la sede financiera durante 19 años. Admito haber incurrido en el pecado mortal de mantener los intereses bajos, inferiores al índice de la inflación, durante largo periodo. Así, se estimuló a millones de usamericanos a la búsqueda de realizar el sueño de la casa propia. Obtuvieron créditos, compraron inmuebles y, debido al aumento de la demanda, elevé los precios y presioné la inflación. Para contenerla, el gobierno subió los intereses... y el no pago se multiplicó como una peste, minando la supuesta solidez del sistema bancario.Sufrí un colapso. Los paradigmas que me sustentaban fueron engullidos por el imprevisible agujero negro de la falta de crédito. La fuente se secó. Con las sandalias de la humildad en los pies, ruego al Estado que me proteja de un deceso vergonzoso. No puedo soportar la idea de que yo, y no una revolución de izquierda, sea el único responsable por la progresiva estatización del sistema financiero. No puedo imaginarme tutelado por los gobiernos, como en los países socialistas. Justo ahora que los bancos centrales, una institución pública, ganaban autonomía en relación con los gobiernos que los crearon y tomaban asiento en la cena de mis cardenales, ¿qué es lo que veo? Se desmorona toda la cantaleta de que fuera de mí no hay salvación.Pido disculpas anticipadas por la quiebra que se desencadenará en este mundo globalizado. ¡Adiós al crédito consignado! Los intereses subirán en la proporción de la inseguridad generalizada. Cerrados los grifos del crédito, el consumidor se armará de cautela y las empresas padecerán la sed de capital; obligadas a reducir la producción, harán lo mismo con el número de trabajadores. Países exportadores, como Brasil, tendrán menos clientes del otro lado de la barra; por lo tanto, traerán menos dinero hacia sus arcas internas y necesitarán repensar sus políticas económicas.Pido disculpas a los contribuyentes de los países ricos que ven cómo sus impuestos sirven de boya de salvación de bancos y financieras, fortuna que debería ser invertida en derechos sociales, preservación ambiental y cultura.Yo, el mercado, pido disculpas por haber cometido tantos pecados y, ahora, transferir a ustedes el peso de la penitencia. Sé que soy cínico, perverso, ganancioso. Sólo me resta suplicar que el Estado tenga piedad de mí.No oso pedir perdón a Dios, cuyo lugar pretendí ocupar. Supongo que, a esta hora, Él me mira allá desde la cima con aquella misma sonrisa irónica con que presenció la caída de la Torre de Babel (traducción ALAI).

lunes 27 de octubre de 2008

Clausura del II Encuentro Latinoamericano de Escritores, Tulancingo 2008

Libertad de decisión de ser

Pterocles Arenarius

El primer día del año de 1994 que coincidía con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN) nos dio un hecho histórico trascendental: el levantamiento zapatista y la pequeña pero no por eso menos terrible guerra civil de doce días que sacudió a México y comenzó el derrumbe político del imperio salinista. Cuando se iniciaron las negociaciones entre los zapatistas y el gobierno, éste necesariamente debió legalizar a los rebeldes, ya que el Estado no puede ni debe ni quiere negociar con transgresores de la ley. Así los zapatistas fueron reconocidos como una fuerza indígena legal beligerante que había decidido actuar políticamente con violencia, etc… Pero entonces era preciso definir qué es indígena. Tal definición rigurosa se volvió tan escurridiza que terminó por establecerse que “Indígena es todo aquel individuo que asuma pertenecer a una etnia indígena”. Fue una de las pocas cosas inteligentes que se hicieron en ese momento: definir que es indígena el que diga “Yo soy indígena”, independientemente de sus rasgos fisonómicos, su lenguaje, su hábitat e incluso su ADN. Eso es trascendental, porque implica que las razas puras no existen. O bien que las razas puras son las de aquellos que asuman para sí la correspondiente con todas sus consecuencias.
La definición fue sabia por muchas razones de toda índole y hubiera resuelto en otra época una polémica de alto nivel intelectual que duró incluso décadas y que fue la de la identidad de lo mexicano. Abundaron los ensayos desde Vasconcelos pasando por Alfonso Reyes, Pedro Henríquez Ureña, Samuel Ramos, Santiago Ramírez, Octavio Paz, entre los más famosos. Lo cierto es que los mexicanos somos una multitudinaria mezcla que implica las no menos multitudinarias mezclas de las dos etnias y las dos culturas que se encontraron hace 516 años, la española y la mesoamericana.
La gran mezcla de mezclas significó en un plazo relativamente breve en términos históricos, en una monstruosa catástrofe para los indígenas habitantes originarios de estas tierras. La historia documenta que la población indígena de Mesoamérica pasó de unos 30 millones que habitaban la vasta región así llamada, para finales del siglo XVI se había reducido hasta 8 millones. Lo cierto es que los indígenas fueron sometidos a una masiva como feroz limpieza étnica que no estuvo tan lejos de lograr su exterminio por más que no fuera del todo consciente. Así como la invasión e imposición de la cultura católica de España estuvo muy cerca de acabar con todo vestigio de la no menos rica cultura prehispánica mesoamericana. Los indígenas de nuestro país fueron exterminados por asesinato directo, por sobreexplotación en el trabajo –en realidad esclavo– de las encomiendas, por las enfermedades infectocontagiosas que eran desconocidas por los aparatos inmunológicos de los aborígenes y por la violación sexual sistemática de las indígenas. La soberbia de los conquistadores y sus actitudes despiadadas contra los vencidos durante siglos han provocado lo que hoy somos como país. Los vicios de la época de la colonia no han terminado por erradicarse.
Así, hoy que vivimos desde el 2006 una polarización política han regresado los calificativos racistas con pretensiones denigrantes. Los mexicanos fuimos divididos, por la circunstancia política y los poderes fácticos en la gente bonita y los nacos. Los güeritos y el plebeyaje.
El poder económico y político llevó al poder a la derecha contra la voluntad del pueblo de México, una derecha que se niega a aceptar su nombre. Aunque su llegada al poder lo hicieron desde el sexenio pasado cuando lograron despertar la esperanza de que un “populista” (en realidad falso) que beneficiara supuestamente a las mayorías hubiera llegado al máximo cargo de decisión política, Vicente Fox pronto nos mostró sus escasas virtudes: ser atrabancado y dicharachero. Pero en su momento enseñó el verdadero rostro de la derecha mexicana, probó que ésta se ha degradado tanto que no pudieron más que llevar a dirigir a México a un hombre asombrosamente ignorante e inhabilitado para los “procesos complejos de pensamiento”. Luego de eso, en alianza con lo peor de la política mexicana y de los EU, consiguieron el entronizamiento terriblemente dificultoso, cuestionado y por ello marcado por la ilegitimidad de Felipe Calderón.
Todo esto nos ha obligado a preguntarnos si somos ese engendro racista que se pretende representado en el poder económico y en el político, la gente bonita; o bien somos la masa más o menos inconsciente y manipulada por la televisión que permitió el refrendo aunque haya sido por el fragmento, el 0.56 por ciento de una nariz de la derecha en el poder. Hablamos de esta derecha que lo hizo tan mal en todos los ámbitos durante el foxato y que lo sigue haciendo no igual sino peor ahora en el calderonato y entre paréntesis digo aquí públicamente que el señor Calderón carece –por múltiples razones, tanto derivadas del 2006, como de los momentos que vivimos– de autoridad moral para convocarnos a la unidad en torno a su gobierno.
En este momento de la historia en que la derecha se encuentra en el poder y considerando su origen, bien vale la pena que reflexionemos sobre el pensamiento de ese grupo no menos que de la manera en que están encarando los problemas de México.
Es urgente que recordemos que la derecha a que me refiero ha proclamado con alguna torpeza y nula lucidez política que “Este país –se refieren a México– fue creado por la iglesia católica. Antes de la llegada de la civilización española esta tierra era habitada por tribus que practicaban la idolatría, los sacrificios humanos y la antropofagia”. La prueba del pensamiento que se resume en tal descalificación de Mesoamérica se encuentra manifestada con prístina inocencia en la decisión de Vicente Fox durante su mandato para eliminar de los programas de estudio la historia de México anterior al siglo XVI. La derecha mexicana es católica y pretende que nuestra historia empezó precisamente hace 416 años con la llegada del catolicismo, justificador ideológico de la desaparición y suplantación de la gran cultura Mesoamericana.
Ciertamente la iglesia católica se ha opuesto a todo lo rescatable que ha ocurrido en México, desde la independencia cuando excomulgaron a Hidalgo, a Morelos y a sus seguidores. La iglesia católica hizo alianza con los invasores norteamericanos en 1847. Pero los peores anatemas se los consiguió Benito Juárez incluso hasta la fecha y los revolucionarios cuyos actos e idearios han trascendido, fueron en su momento condenados por la iglesia. Pero en el presente, el debilitamiento de esa institución religiosa, luego de múltiples escándalos de pederastia, abusos de los jerarcas contra su propia grey o sus esculapios y una intensa y extensa corrupción sólo apuntan e indican su decadencia. El catolicismo que fue impuesto a costa de muerte y sangre mexicana, a pesar de todo, tiene un trasfondo de humanismo –en la práctica olvidado por la jerarquía y por casi todos sus creyentes– que igualmente debe aportar valores de importancia a la real identidad mexicana progresista y libremente creada, escogida y asimilada.
Todo lo anterior nos lleva una vez más a preguntarnos por nuestra identidad; a que revisemos nuestro origen y, como se estableció en la Ley de concordia y pacificación que legalizaba a los zapatistas, los mexicanos seamos lo que deseamos ser. Que tomemos lo mejor de cada cultura que nos formó.
Octavio Paz se atrevió a decir que los mexicanos –por ser el producto de una violación histórica– éramos “los hijos de la chingada”, es decir, de la madre violada. Creo, sin la menor duda, que es nuestra obligación cancelar identidades tan denigrantes e incluso peyorativas como la de “Hijos de la chingada” y que, como sabiamente concluyó la ley indígena, es indígena todo aquel que así lo decida. Lo que implica que es mestizo o mexicano, todo aquel que así lo decida. Pero ser mexicano, mestizo tiene que implicar que nos apropiemos de lo mejor que nos heredaron las culturas que nos forman. Gabriel García Márquez dijo en una ocasión que “Los españoles nos quitaron todo (en cuanto a identidad y bienes materiales), pero nos dejaron todo”, en cuanto a lenguaje. Finalmente el lenguaje es una manera de apropiarse del mundo, y por cierto, es mucho más sana que la material. He tenido la fortuna de conocer a personas cultas y sensibles de origen español que padecen un sentimiento de culpa histórico por el genocidio que, sin exagerar, alcanza dimensiones planetarias –desaparecer a más de 20 millones de indígenas en 80 años es una hazaña de exterminio que habrían envidiado los nazis del siglo XX– que perpetraron sus antepasados en nuestro país, aunque esos españoles sean minoría.
Finalmente la mexicana ha sido –aunque ahora por fortuna está cambiando aceleradamente– una cultura sin padre, porque el padre de la época colonial y hasta finales del siglo XIX era el brutal cacique personificado en el arquetipo de Pedro Páramo, el que practicaba el “derecho de pernada” y en las familias mexicanas de principios del siglo XX, el papá era un pequeño tirano, un minúsculo Pedro Páramo que exigía obediencia y sumisión.
Es indudable que la identidad de los mexicanos, puesto que es factible de ser diseñada, construida y asumida, necesariamente debe allegarse las mejores virtudes de las fuentes que la constituyen. Para ello debe tener en cuenta que en Mesoamérica se dio –2000 años antes de Cristo– una hazaña del género humano, la de crear civilización espontáneamente, como producto de la más avanzada evolución natural de las comunidades humanas, fenómeno que sólo ocurrió en seis sitios de este planeta. También de eso –y mucho más que de otras cosas– somos descendientes. Las civilizaciones de Mesoamérica no fueron fracasadas ni erróneas, mucho menos permanecieron como tribus salvajes según pretende el pensamiento católico retrógrada y la derecha. Todas las civilizaciones humanas han sido, en algún momento, antropófagas, todas han practicado los sacrificios humanos; de hecho los católicos continuaban practicándolo hasta bien entrado el siglo XVII sometiendo a combustión en leña verde a todos los que no pensaran y creyeran como ellos.
Finalmente los mexicanos somos los hijos de una descomunal tragedia, los vástagos que sobrevivieron a la hecatombe. Los herederos tanto de la astronomía maya, como de la flor y el canto azteca, del Tloque-Nahuaque, el señor del cerca y el junto; de la excelsa cultura del Quetzalcóatl tolteca de estas tierras de Tula y Tulancingo, de la ciudad donde los hombres se transfiguran en Dioses, la legendaria Teotihuacan, no menos que de la lengua española que acumula vocablos del antiquísimo griego, lenguaje de los fundadores de la civilización occidental; del árabe, pueblo depositario de la cultura clásica mientras ocurría en Europa la etapa del oscurantismo; de múltiples prodigios del oriente que llegaron a nuestro país por Acapulco en la nao de China y Cipango y de los negros que fueron traídos en un acto humanitario para que ellos fueran los esclavos en vez de los indios, puesto que, como descubrieron los frailes, los indios sí tenían alma.
Hoy en la víspera del 12 octubre, luego de 516 años del primer arribo español a América –un suspiro en el devenir de la humanidad y un parpadeo en la evolución planetaria–, apelamos a lo más rico de nuestras múltiples herencias para escoger y crear nuestra identidad. Y aclararnos que si bien somos descendientes de tribus primitivas como todos los humanos, conviene que recordemos que cuando en Mesoamérica ya había ciudades, religión, escritura, urbanismo, matemáticas y astronomía, mil años antes de Cristo, en Europa, la mayoría de los humanos formaban parte del gran número de tribus nómadas apenas poco más avanzadas que las civilizaciones de la prehistoria neolítica. Asimismo no admitamos ser “Hijos de la chingada” o al menos no debemos asumirnos como tales, puesto que ninguna culpa nos toca en ello, finalmente los ancestros de este país, en una de sus vertientes, nos han heredado 40 siglos de arte y cultura, desde los remotos olmecas de Veracruz y Tabasco hasta este momento, orgullo del que muy pocas naciones del mundo pueden jactarse.
A contracorriente del momento oscuro que en muchos ámbitos transcurre nuestra vida como nación en este momento, tenemos que estar conscientes de que México ha resistido la asfixiante vecindad cercanísima con el imperio del norte de América, el que ha logrado acumular un poder de destrucción que es el más grande en la historia de la humanidad y que no ha vacilado en usarlo contra sus enemigos –la humanidad jamás debe olvidar Hiroshima y Nagasaki–. El país que habitamos se ha salvado –durante ya casi 200 años– del desmembramiento gracias en gran medida a las profundas raíces de nuestra cultura milenaria que sigue vigente en el pueblo con algunas modificaciones que le ha impuesto el devenir de la historia. En este momento, mientras en los estratos sociales económicamente superiores se deja sentir la fuerte influencia del imperio a través de la publicidad para imponer su cultura desechable y creada para gusto del lucro de los mercaderes, por abajo, en los estratos de lo que Guillermo Bonfil Batalla bautizó como el México profundo, la influencia de nuestra riqueza cultural aparece en las mismas entrañas del imperio y a la vez resiste tanto el embate de la rancia y retardataria derecha autóctona como el avance del imperio depredador dentro de nuestro país.
Para finalizar reitero que nuestra más grande riqueza sigue siendo nuestra cultura, pues mientras la literatura, las artes plásticas, la música, el cine y todas nuestras auténticas artes son de primer mundo, nuestros gobiernos, los que administran la riqueza que nos pertenece a todos han logrado indicadores de tercero o cuarto mundo. Como lo demuestra el hecho de que el índice de desarrollo personal en México está por debajo de la mitad de la tabla de los países del mundo, al nivel de naciones como Ecuador o Túnez, la corrupción se encuentra a la par de Tanzania o Senegal y la economía ha descendido del séptimo al duodécimo lugar en el mundo, lo cual sólo demuestra que la economía de México es muy grande por el tamaño de país y la gran cantidad de riquezas naturales, pero tal economía está pésimamente administrada, a pesar de que la conducen gobernantes que son de los mejor pagados del mundo.
En este momento a pesar del enorme peso político que se deja sentir en México desde el poderoso imperio norteamericano sumido en una terrible crisis que nos afectará gravemente, las manifestaciones de la resistencia en pro de las libertades, la soberanía nacional y la igualdad entre los individuos son fuertes y son la evidencia de que México se mueve en dirección correcta, hacia la evolución y el progreso de la especie humana y a contracorriente de las fuerzas que se oponen, por sus intereses históricamente momentáneos o de coyuntura, al avance de la civilización.
Ahorita, ante el monumento al escritor latinoamericano, apropiados de algo de lo mejor que, a cambio de quitarnos todo, nos dejaron los españoles, es decir, totalmente apropiados de la lengua de Góngora, Quevedo y Cervantes, desde los tiempos de Juana de Asbaje, dueños del castellano, que hemos modificado para darle nuestro propio sello, carácter y modismos, reivindiquemos lo mejor de nuestros múltiples orígenes y conmemoremos el primer contacto de los españoles con esta nuestra tierra. Finalmente el karma histórico corresponde a los españoles. Y los mexicanos si bien ya no somos exactamente indios, podemos serlo, pues eso es voluntad de cada uno como hasta la mismísima ley lo estableció; pero tampoco somos españoles, aunque nuestros nombres y apellidos tengan ese origen y es que, me parece, nadie desearía ser español y cargar con el peso de un crimen monstruoso como el que cometieron los antiguos españoles en México durante el primer siglo de la Colonia.
Aunque los tiempos sean oscuros por el momento, el sustrato profundo existe y nos conduce a realizar a futuro los cambios en el mejor sentido para nosotros y nuestros descendientes. Salud.

viernes 24 de octubre de 2008

El imperio gringo agoniza

Ricardo Rocha


Noticias del imperio

Estados Unidos, la otrora superpotencia mundial, el todopoderoso, está enfermo. Y tal vez de muerte

También Roma se murió por dentro. Suele ser así cuando el dominio es tan absoluto y la hegemonía tan insensata. No hay modo de matar el monstruo si no es por sus propias tripas. Ya está sucediendo en Estados Unidos. La otrora superpotencia mundial. La eterna vencedora en sus guerras de película. Los dueños de la patente del american way of life. El país de las ilusiones. El dueño del destino de la raza humana. El único con capacidad para destruir este planeta hasta siete veces, por si una no fuera suficiente. El propietario del gran garrote. El todopoderoso está enfermo. Y tal vez de muerte. Y no se trata de virus ajenos; son sus propios demonios los que lo devoran: Vietnam, Granada, Panamá, Afganistán y más recientemente la carísima invasión a Irak para quitarle su petróleo. Diez décadas de atropellos so pretexto de ser los ganadores en las dos grandes guerras de la historia. También un siglo de codicia sin fin. El capitalismo en todas sus modalidades. Un neoliberalismo hipócrita y un monetarismo salvaje que se roban las cosechas, el sudor y la sangre de los más pobres en forma de créditos y otros mecanismos de control absoluto. Pues ahora resulta que todo ese inmenso y abusivo poderío está al borde del colapso. Y que Estados Unidos vive la peor crisis económica de su historia desde los días de la gran depresión. Tal vez el fin de sus tiempos. Y todo por la avaricia desatada y sin control en ese reino de la especulación, las transacciones tramposas, las riquezas ficticias y la economía ficción. Una gigantesca burbuja que finalmente reventó. Por eso e independientemente de lo que haya ocurrido ayer en el Senado estadounidense o lo que pueda pasar en los próximos días, hay costos gigantescos: en lo político, el derrumbe de George W. Bush como el peor de los mandatarios que ha habido jamás; la pérdida de la Presidencia para los republicanos y la consecuente llegada de Barack Obama a la Casa Blanca. En lo económico, es inevitable una etapa recesiva de efectos globales; es probable que se acelere el proceso de potencias emergentes como China; y lo más importante es que es posible que estemos asistiendo al principio del fin de un sistema brutalmente injusto para las mayorías, en beneficio de unos cuantos. Lo hemos dicho siempre: el gran problema de nuestro tiempo es un modelo económico que provoca la concentración de la riqueza, el aumento incesante de la pobreza y la polarización social que genera tensiones crecientes e insoportables. Un modelo que con el añadido de la corrupción y la ineficiencia se hace todavía más cruel en países como México. Donde por cierto, la versión oficial es que no nos va a pasar nada porque estamos blindados y —como dice el secretario de Economía— "no vale la pena anticiparnos sobre algo que todavía no pasa". Falso, nos vienen años de vacas muy flacas: con una severa reducción en las exportaciones; una baja de muchos miles de millones de dólares en el envío de remesas; una reducción en el crecimiento y cada vez más desempleados. Y lo más grave es que no hay una estrategia definida para enfrentar esta gravísima crisis. Y menos aún un cambio en el totémico modelo económico. Otra vez, el país a la deriva. PD. Cuarenta años ya y el 2 de octubre que no se olvida. Y cómo, si la impunidad continúa. Y ahí está Echeverría, suelto, cuando debería estar en la cárcel. En cambio, el 68 —aunque no lo reconozcan sus escépticos— nos dejó una herencia enorme de libertad y democracia. Cuando éramos realistas y exigíamos lo imposible.

viernes 17 de octubre de 2008

López Obrador propone congelación de precios

PROPONE LÓPEZ OBRADOR SUSCRIBIR UN PACTO EN APOYO A LA ECONOMÍA Y

CONGELAR LOS PRECIOS DE ARTÍCULOS DE CONSUMO GENERALIZADO

Conferencia de prensa del presidente legítimo de México, Andrés Manuel López Obrador, para presentar una propuesta de suscripción de un pacto en apoyo a la economía popular

CARTA A LA OPINIÓN PÚBLICA

Hoy más que nunca se necesita utilizar todo el poder el Estado para proteger la economía popular y el bienestar de la población.
La crisis que está padeciendo la mayoría de los mexicanos y, desgraciadamente, el agravamiento futuro de la situación económica y social en nuestro país, exige la inmediata intervención de los gobiernos y de todas las instancias del Estado mexicano.
La gente está angustiada por la escasez de empleo, por los constantes aumentos de precios en bienes y servicios y por la falta de dinero para cubrir los gastos de alimentación, educación, salud y para pagar la luz, el agua, el gas y el pasaje.
En los 23 meses que lleva Calderón usurpando el gobierno, mientras el desempleo es el más alto de los últimos ocho años y el salario mínimo sólo se ha incrementado en 8 por ciento, el precio de la tortilla ha aumentado en 42 por ciento; el pan 60 por ciento; la leche 35 por ciento; el huevo 80 por ciento; el frijol 100 por ciento; la lenteja 130 por ciento; el arroz 130 por ciento; el aceite 113 por ciento; la carne de res 60 por ciento; la carne de cerdo 50 por ciento; el pollo 50 por ciento; el café 65 por ciento; el azúcar 40 por ciento; las pastas para sopa 62 por ciento; la gasolina 10 por ciento; el diesel 18 por ciento; el gas 20 por ciento; y la luz, sólo en lo que va del año, 100 por ciento.
Y tal parece que en el gobierno usurpador sólo están pensando en rescatar de la crisis a los potentados, sobre todo, a banqueros y grandes empresarios, como ha quedado de manifiesto al disponer, hasta ahora, de más de 11 mil millones de dólares de nuestras reservas internacionales para apoyar a especuladores y a quienes tienen grandes deudas contraídas en dólares.
Por eso, en el marco del plan anticrisis que hemos presentado al Congreso de la Unión, donde están representadas todas las fuerzas políticas del país, y en los momentos en que se está aprobando el presupuesto del año próximo, cuya facultad recae de manera exclusiva en la Cámara de Diputados, proponemos lo siguiente:
Que se convoque y persuada a los representantes de los sectores productivos y sociales, y se apliquen todos los instrumentos con que se dispone (presupuesto, leyes, decretos, subsidios, controles, regulación, entre otros) para suscribir y llevar a cabo un pacto en apoyo a la economía popular.
En una primera etapa, este pacto debe garantizar que no sigan aumentando, es decir, que se congelen los precios de los siguientes alimentos, productos y servicios:
1. Tortilla, 2. Pan, 3. Agua, 4. Leche, 5. Huevo, 6. Frijol, 7. Lenteja, 8. Arroz, 9. Aceite, 10. Carne de res y de cerdo, 11. Pollo, 12. Café, 13. Azúcar, 14. Pastas, 15. Gasolinas, 16. Diesel, 17. Energía eléctrica, 18. Gas, 19. Teléfono, 20. Transporte público, 21. Medicamentos, 22. Renta de vivienda, 23. Colegiaturas, 24. Predial, 25. Peajes de carreteras,
Este pacto debe mantenerse hasta que haya crecimiento económico, se generen empleos y se recupere el poder adquisitivo del salario, cuando menos, lo perdido en los últimos dos años.
Ya es tiempo de hacer a un lado el criterio neoliberal, la cantaleta de dejar al libre mercado y a la libre competencia, todo lo relacionado con la economía y que el Estado renuncie a su responsabilidad social. Lo cual además de carecer de sustento es una reverenda hipocresía porque siempre se ha utilizado el presupuesto público para rescatar a las instituciones financieras en quiebra y a las grandes corporaciones.
No es jugar limpio utilizar al Estado para defender intereses particulares y procurar desvanecerlo cuando se trata del beneficio de las mayorías.
Es el momento de destinar el presupuesto para proteger al pueblo y no seguirlo empleando sólo en beneficio de unos cuantos. Si de rescates se trata, rescatemos a los pobres y a las clases medias.

martes 14 de octubre de 2008

La soledad de América Latina


[Discurso de aceptación del Premio Nobel 1982 -Texto completo]


Gabriel García Márquez


Antonio Pigafetta, un navegante florentino que acompañó a Magallanes en el primer viaje alrededor del mundo, escribió a su paso por nuestra América meridional una crónica rigurosa que sin embargo parece una aventura de la imaginación. Contó que había visto cerdos con el ombligo en el lomo, y unos pájaros sin patas cuyas hembras empollaban en las espaldas del macho, y otros como alcatraces sin lengua cuyos picos parecían una cuchara. Contó que había visto un engendro animal con cabeza y orejas de mula, cuerpo de camello, patas de ciervo y relincho de caballo. Contó que al primer nativo que encontraron en la Patagonia le pusieron enfrente un espejo, y que aquel gigante enardecido perdió el uso de la razón por el pavor de su propia imagen.
Este libro breve y fascinante, en el cual ya se vislumbran los gérmenes de nuestras novelas de hoy, no es ni mucho menos el testimonios más asombroso de nuestra realidad de aquellos tiempos. Los Cronistas de Indias nos legaron otros incontables. Eldorado, nuestro país ilusorio tan codiciado, figuró en mapas numerosos durante largos años, cambiando de lugar y de forma según la fantasía de los cartógrafos. En busca de la fuente de la Eterna Juventud, el mítico Alvar Núñez Cabeza de Vaca exploró durante ocho años el norte de México, en una expedición venática cuyos miembros se comieron unos a otros y sólo llegaron cinco de los 600 que la emprendieron. Uno de los tantos misterios que nunca fueron descifrados, es el de las once mil mulas cargadas con cien libras de oro cada una, que un día salieron del Cuzco para pagar el rescate de Atahualpa y nunca llegaron a su destino. Más tarde, durante la colonia, se vendían en Cartagena de Indias unas gallinas criadas en tierras de aluvión, en cuyas mollejas se encontraban piedrecitas de oro. Este delirio áureo de nuestros fundadores nos persiguió hasta hace poco tiempo. Apenas en el siglo pasado la misión alemana de estudiar la construcción de un ferrocarril interoceánico en el istmo de Panamá, concluyó que el proyecto era viable con la condición de que los rieles no se hicieran de hierro, que era un metal escaso en la región, sino que se hicieran de oro.
La independencia del dominio español no nos puso a salvo de la demencia. El general Antonio López de Santana, que fue tres veces dictador de México, hizo enterrar con funerales magníficos la pierna derecha que había perdido en la llamada Guerra de los Pasteles. El general García Moreno gobernó al Ecuador durante 16 años como un monarca absoluto, y su cadáver fue velado con su uniforme de gala y su coraza de condecoraciones sentado en la silla presidencial. El general Maximiliano Hernández Martínez, el déspota teósofo de El Salvador que hizo exterminar en una matanza bárbara a 30 mil campesinos, había inventado un péndulo para averiguar si los alimentos estaban envenenados, e hizo cubrir con papel rojo el alumbrado público para combatir una epidemia de escarlatina. El monumento al general Francisco Morazán, erigido en la plaza mayor de Tegucigalpa, es en realidad una estatua del mariscal Ney comprada en París en un depósito de esculturas usadas.
Hace once años, uno de los poetas insignes de nuestro tiempo, el chileno Pablo Neruda, iluminó este ámbito con su palabra. En las buenas conciencias de Europa, y a veces también en las malas, han irrumpido desde entonces con más ímpetus que nunca las noticias fantasmales de la América Latina, esa patria inmensa de hombres alucinados y mujeres históricas, cuya terquedad sin fin se confunde con la leyenda. No hemos tenido un instante de sosiego. Un presidente prometeico atrincherado en su palacio en llamas murió peleando solo contra todo un ejército, y dos desastres aéreos sospechosos y nunca esclarecidos segaron la vida de otro de corazón generoso, y la de un militar demócrata que había restaurado la dignidad de su pueblo. En este lapso ha habido 5 guerras y 17 golpes de estado, y surgió un dictador luciferino que en el nombre de Dios lleva a cabo el primer etnocidio de América Latina en nuestro tiempo. Mientras tanto 20 millones de niños latinoamericanos morían antes de cumplir dos años, que son más de cuantos han nacido en Europa occidental desde 1970. Los desaparecidos por motivos de la represión son casi los 120 mil, que es como si hoy no se supiera dónde están todos los habitantes de la ciudad de Upsala. Numerosas mujeres arrestadas encintas dieron a luz en cárceles argentinas, pero aún se ignora el paradero y la identidad de sus hijos, que fueron dados en adopción clandestina o internados en orfanatos por las autoridades militares. Por no querer que las cosas siguieran así han muerto cerca de 200 mil mujeres y hombres en todo el continente, y más de 100 mil perecieron en tres pequeños y voluntariosos países de la América Central, Nicaragua, El Salvador y Guatemala. Si esto fuera en los Estados Unidos, la cifra proporcional sería de un millón 600 mil muertes violentas en cuatro años.
De Chile, país de tradiciones hospitalarias, ha huido un millón de personas: el 10 por ciento de su población. El Uruguay, una nación minúscula de dos y medio millones de habitantes que se consideraba como el país más civilizado del continente, ha perdido en el destierro a uno de cada cinco ciudadanos. La guerra civil en El Salvador ha causado desde 1979 casi un refugiado cada 20 minutos. El país que se pudiera hacer con todos los exiliados y emigrados forzosos de América latina, tendría una población más numerosa que Noruega.
Me atrevo a pensar que es esta realidad descomunal, y no sólo su expresión literaria, la que este año ha merecido la atención de la Academia Sueca de la Letras. Una realidad que no es la del papel, sino que vive con nosotros y determina cada instante de nuestras incontables muertes cotidianas, y que sustenta un manantial de creación insaciable, pleno de desdicha y de belleza, del cual éste colombiano errante y nostálgico no es más que una cifra más señalada por la suerte. Poetas y mendigos, músicos y profetas, guerreros y malandrines, todas las criaturas de aquella realidad desaforada hemos tenido que pedirle muy poco a la imaginación, porque el desafío mayor para nosotros ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida. Este es, amigos, el nudo de nuestra soledad.
Pues si estas dificultades nos entorpecen a nosotros, que somos de su esencia, no es difícil entender que los talentos racionales de este lado del mundo, extasiados en la contemplación de sus propias culturas, se hayan quedado sin un método válido para interpretarnos. Es comprensible que insistan en medirnos con la misma vara con que se miden a sí mismos, sin recordar que los estragos de la vida no son iguales para todos, y que la búsqueda de la identidad propia es tan ardua y sangrienta para nosotros como lo fue para ellos. La interpretació n de nuestra realidad con esquemas ajenos sólo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios. Tal vez la Europa venerable sería más comprensiva si tratara de vernos en su propio pasado. Si recordara que Londres necesitó 300 años para construir su primera muralla y otros 300 para tener un obispo, que Roma se debatió en las tinieblas de incertidumbre durante 20 siglos antes de que un rey etrusco la implantara en la historia, y que aún en el siglo XVI los pacíficos suizos de hoy, que nos deleitan con sus quesos mansos y sus relojes impávidos, ensangrentaron a Europa con soldados de fortuna. Aún en el apogeo del Renacimiento, 12 mil lansquenetes a sueldo de los ejércitos imperiales saquearon y devastaron a Roma, y pasaron a cuchillo a ocho mil de sus habitantes.
No pretendo encarnar las ilusiones de Tonio Kröger, cuyos sueños de unión entre un norte casto y un sur apasionado exaltaba Thomas Mann hace 53 años en este lugar. Pero creo que los europeos de espíritu clarificador, los que luchan también aquí por una patria grande más humana y más justa, podrían ayudarnos mejor si revisaran a fondo su manera de vernos. La solidaridad con nuestros sueños no nos haría sentir menos solos, mientras no se concrete con actos de respaldo legítimo a los pueblos que asuman la ilusión de tener una vida propia en el reparto del mundo.
América Latina no quiere ni tiene por qué ser un alfil sin albedrío, ni tiene nada de quimérico que sus designios de independencia y originalidad se conviertan en una aspiración occidental.
No obstante, los progresos de la navegación que han reducido tantas distancias entre nuestras Américas y Europa, parecen haber aumentado en cambio nuestra distancia cultural. ¿Por qué la originalidad que se nos admite sin reservas en la literatura se nos niega con toda clase de suspicacias en nuestras tentativas tan difíciles de cambio social? ¿Por qué pensar que la justicia social que los europeos de avanzada tratan de imponer en sus países no puede ser también un objetivo latinoamericano con métodos distintos en condiciones diferentes? No: la violencia y el dolor desmesurados de nuestra historia son el resultado de injusticias seculares y amarguras sin cuento, y no una confabulación urdida a 3 mil leguas de nuestra casa. Pero muchos dirigentes y pensadores europeos lo han creído, con el infantilismo de los abuelos que olvidaron las locuras fructíferas de su juventud, como si no fuera posible otro destino que vivir a merced de los dos grandes dueños del mundo. Este es, amigos, el tamaño de nuestra soledad.
Sin embargo, frente a la opresión, el saqueo y el abandono, nuestra respuesta es la vida. Ni los diluvios ni las pestes, ni las hambrunas ni los cataclismos, ni siquiera las guerras eternas a través de los siglos y los siglos han conseguido reducir la ventaja tenaz de la vida sobre la muerte. Una ventaja que aumenta y se acelera: cada año hay 74 millones más de nacimientos que de defunciones, una cantidad de vivos nuevos como para aumentar siete veces cada año la población de Nueva York. La mayoría de ellos nacen en los países con menos recursos, y entre éstos, por supuesto, los de América Latina. En cambio, los países más prósperos han logrado acumular suficiente poder de destrucción como para aniquilar cien veces no sólo a todos los seres humanos que han existido hasta hoy, sino la totalidad de los seres vivos que han pasado por este planeta de infortunios.
Un día como el de hoy, mi maestro William Faullkner dijo en este lugar: "Me niego a admitir el fin del hombre". No me sentiría digno de ocupar este sitio que fue suyo si no tuviera la conciencia plena de que por primera vez desde los orígenes de la humanidad, el desastre colosal que él se negaba a admitir hace 32 años es ahora nada más que una simple posibilidad científica. Ante esta realidad sobrecogedora que a través de todo el tiempo humano debió de parecer una utopía, los inventores de fábulas que todo lo creemos, nos sentimos con el derecho de creer que todavía no es demasiado tarde para emprender la creación de la utopía contraria. Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra.
Agradezco a la Academia de Letras de Suecia el que me haya distinguido con un premio que me coloca junto a muchos de quienes orientaron y enriquecieron mis años de lector y de cotidiano celebrante de ese delirio sin apelación que es el oficio de escribir. Sus nombres y sus obras se me presentan hoy como sombras tutelares, pero también como el compromiso, a menudo agobiante, que se adquiere con este honor. Un duro honor que en ellos me pareció de simple justicia, pero que en mí entiendo como una más de esas lecciones con las que suele sorprendernos el destino, y que hacen más evidente nuestra condición de juguetes de un azar indescifrable, cuya única y desoladora recompensa, suelen ser, la mayoría de las veces, la incomprensión y el olvido.
Es por ello apenas natural que me interrogara, allá en ese trasfondo secreto en donde solemos trasegar con las verdades más esenciales que conforman nuestra identidad, cuál ha sido el sustento constante de mi obra, qué pudo haber llamado la atención de una manera tan comprometedora a este tribunal de árbitros tan severos. Confieso sin falsas modestias que no me ha sido fácil encontrar la razón, pero quiero creer que ha sido la misma que yo hubiera deseado. Quiero creer, amigos, que este es, una vez más, un homenaje que se rinde a la poesía. A la poesía por cuya virtud el inventario abrumador de las naves que numeró en su Iliada el viejo Homero está visitado por un viento que las empuja a navegar con su presteza intemporal y alucinada. La poesía que sostiene, en el delgado andamiaje de los tercetos del Dante, toda la fábrica densa y colosal de la Edad Media. La poesía que con tan milagrosa totalidad rescata a nuestra América en las Alturas de Machu Pichu de Pablo Neruda el grande, el más grande, y donde destilan su tristeza milenaria nuestros mejores sueños sin salida. La poesía, en fin, esa energía secreta de la vida cotidiana, que cuece los garbanzos en la cocina, y contagia el amor y repite las imágenes en los espejos.
En cada línea que escribo trato siempre, con mayor o menor fortuna, de invocar los espíritus esquivos de la poesía, y trato de dejar en cada palabra el testimonio de mi devoción por sus virtudes de adivinación, y por su permanente victoria contra los sordos poderes de la muerte. El premio que acabo de recibir lo entiendo, con toda humildad, como la consoladora revelación de que mi intento no ha sido en vano. Es por eso que invito a todos ustedes a brindar por lo que un gran poeta de nuestras Américas, Luis Cardoza y Aragón, ha definido como la única prueba concreta de la existencia del hombre: la poesía. Muchas gracias.

lunes 29 de septiembre de 2008

Discurso de Andrés Manuel López Obrador

Mensaje íntegro de AMLO durante la asamblea del 28 de septiembre

La Jornada On Line Publicado: 28/09/2008 14:27

México, DF. Discurso íntegro de Andrés Manuel López Obrador, durante la asamblea informativa del Movimiento Nacional en Defensa del Petróleo, efectuado este domingo en el Zócalo de la ciudad de México


Amigas y amigos: La crisis del México actual es producto del agravamiento de dos males endémicos: la corrupción y la desigualdad. Es indudable que siempre se ha padecido de estas calamidades. Pero de 1983 a la fecha, la corrupción y la desigualdad se han fomentado desde el poder público; es decir, se han institucionalizado. Durante el periodo llamado neoliberal lo que realmente ha predominado es una política excluyente y de pillaje. Aquí insisto: desde 1983, un grupo muy selecto de traficantes de influencias, especuladores, banqueros, grandes empresarios y políticos corruptos se apoderaron del gobierno, se han venido apropiando de los bienes del pueblo y de la Nación y han utilizado el presupuesto público para su exclusivo beneficio. Todo este proceso ha sido operado por tecnócratas formados en escuelas del extranjero, donde se elaboran los sofismas o falsedades para justificar el predominio del interés económico de una minoría y la apropiación de los recursos naturales de las naciones por encima del bienestar de los pueblos. Incluso, como borregos, muchos intelectuales y comunicadores al servicio de la derecha repetían y consideraban válida la seudo teoría del goteo, según la cual, si le iba muy bien a los de arriba les iría bien a los de abajo. Si llovía fuerte arriba, goteaba abajo; como si la riqueza en sí misma fuese permeable o contagiosa. Veamos con precisión y objetividad cuál es el saldo de esta política de pillaje llamada neoliberal: De 1983 a la fecha, se han privatizado más de mil empresas públicas (entre ellas bancos, teléfonos, acero, minas, puertos, aeropuertos, líneas aéreas, ferrocarriles, electricidad). En los últimos veintiséis años se ha extraído tres veces más petróleo que todo lo producido en 81 años (de 1901, cuando inició la explotación petrolera, hasta 1982). De 1983 a la fecha, la deuda pública creció de 80 mil a 300 mil millones de dólares. En el periodo neoliberal se ha construido menos infraestructura y obras públicas (carreteras, hospitales, escuelas, presas, sistemas de riego), se abandonó el campo; se suprimió toda la política de fomento económico; se arruinó al pequeño y al mediano comercio; se ha desmantelado la industria nacional, y estas actividades pasaron casi por completo a manos de extranjeros. De 1982 a la actualidad, el salario mínimo ha perdido el 85 por ciento de su poder adquisitivo. En aquel entonces, el salario mínimo alcanzaba para comprar 56 kilos de tortilla, hoy sólo permite comprar 5 kilos; en 1982, del total de la población económicamente activa, 35 por ciento tenía empleo en la economía formal. Hoy sólo tiene ocupación formal 22 por ciento y, según cifras oficiales, 12 millones trabajan en la economía informal. En 1982, salieron del país a buscar trabajo al extranjero 210 mil mexicanos; en 2007 tuvieron la necesidad de emigrar 582 mil. En este periodo, mientras las universidades privadas aumentaron seis veces el número de sus estudiantes, las universidades públicas apenas duplicaron su matrícula. Este ha sido el periodo de mayor concentración de la riqueza en toda la historia de México. Un dato: en 2006, según Forbes y cifras del INEGI, el patrimonio de los 10 mexicanos más ricos era equivalente al ingreso de un año de la mitad de la población de nuestro país. Así mismo, en ese año, el 70 por ciento de las familias mexicanas vivía con ingresos menores a 8 mil pesos. Uno de los resultados más lamentables de esta política discriminatoria, es que de 1982 a la fecha, el número de pobres pasó de 32 millones a más de 60 millones; es decir, se duplicó. Aunque cruda, esta es la realidad. La espeluznante verdad: en México la riqueza de unos (pocos) se ha edificado con la miseria de otros (muchos). Por eso sostenemos que para enfrentar la crisis actual, lo primero que tiene que hacerse es cambiar esta política injusta y excluyente, que es la causa principal del empobrecimiento, de la inseguridad y de la violencia. En otras palabras, debe aplicarse una nueva política que tenga como objetivo central la atención a las necesidades del pueblo y no el lucro y los privilegios de una minoría. Este debe ser el gran tema del debate nacional. Sobre esta base es que estamos dispuestos a dialogar y a llegar a un acuerdo con otras fuerzas políticas y sectores sociales. Desde esta plaza pública defino con toda claridad lo siguiente: primero, rechazamos la violencia en cualquiera de sus manifestaciones, nuestro movimiento ha sido, es y seguirá siendo pacífico. Aquí abro un paréntesis para condenar una vez más, el acto terrorista de Morelia, que causó la muerte de 8 seres humanos y lesionó a más de 100 personas inocentes. Segundo, es necesario aclarar que no estamos en contra quienes, con esfuerzo, trabajo y de conformidad con la ley, crean riquezas y generan empleos, sino de aquellos que de la noche a la mañana amasan grandes fortunas en la ilegalidad o al amparo del poder público. Estamos a favor de una iniciativa privada con cultura productiva, con responsabilidad cívica y dimensión social. Tercero, siempre por encima de nuestros legítimos intereses personales o de grupo, estará el bienestar del pueblo y de la Nación. Cuarto, para rescatar al país de la crisis actual, estamos dispuestos a construir un acuerdo con todas las fuerzas políticas y con los representantes de todos los sectores sociales de México, siempre y cuando se convenga cambiar la política económica para apoyar a la mayoría de los mexicanos, y en especial a los pobres y desposeídos de nuestro país. Y todos nos comprometamos a no permitir la privatización de la industria petrolera en ninguna de sus modalidades. Quiero explicar a ustedes con mayor detalle por qué es indispensable cambiar la actual política y qué proponemos de manera concreta. Es innegable que la situación económica del país está en franco deterioro y si no se corrige el rumbo, la situación va a empeorar y será el pueblo pobre el que resulte más afectado. Aunque todos lo padeceremos porque en una sociedad siempre el destino de unos, está atado al de otros. Este año, el crecimiento económico de México es el más bajo de todos los países de América Latina y el Caribe. En los últimos tiempos ha sido mayor la pérdida de empleos. El salario y los ingresos están resultando insuficientes ante la carestía. Está creciendo la cartera vencida. Los bancos han reducido sus créditos. Las tiendas departamentales están bajando sus ventas. En estos días, la industria de la construcción no está creciendo. Por los efectos de la recesión en Estados Unidos, se está reduciendo el monto de las remesas de los trabajadores mexicanos en el extranjero; está cayendo la producción y las exportaciones mexicanas son menores; están bajando los niveles de ocupación en los destinos turísticos; hay falta de crédito internacional para proyectos de inversión. No quisiéramos que ocurriera, pero lo más lógico es que con el deterioro de la economía mundial habrá menores flujos de divisas hacia México por concepto de inversión, de crédito y de exportaciones. Adicionalmente, la caída en la producción de Pemex, ocasionada por su mal manejo, y una probable baja en los precios del petróleo, automáticamente plantea el riesgo del déficit creciente en la balanza de pagos. Sin considerar las exportaciones de petróleo, el déficit comercial, (es decir, cuando se compra en el extranjero más de lo que vendemos afuera) en el 2000, fue de 14 mil 149 millones de dólares; en 2007, de 53 mil 92 millones de dólares, y en 2008, según proyecciones, será de 68 mil 374 millones de dólares; es decir, crecerá 15 mil millones de dólares en un año. Y es importante señalar que el 86 por ciento de este incremento, se debe a la creciente compra en el extranjero de alimentos y petrolíferos, principalmente gasolinas. Y todavía así, el gobierno usurpador se ha negado a construir nuevas refinerías y no ha apoyado a los productores del campo mexicano para lograr la autosuficiencia alimentaria. Pareciera como si estuviera esperando una gran crisis de balanza de pagos para actuar. No es ningún secreto que un ambiente de turbulencia financiera internacional y de crédito restringido, un déficit de gran magnitud podría llevar a que la crisis económica pasara a crisis financiera, con consecuencias negativas para las tasas de interés o el tipo de cambio.
Añadir una crisis cambiaria a la crisis que hoy padecemos por falta de crecimiento, empleo y falta de seguridad tendría efectos muy graves para el bienestar de los mexicanos.
Por esta razón, desde esta plaza pública, proponemos al Congreso la aplicación de un plan anticrisis, bajo los siguientes lineamientos:
Consideramos que en materia económica, para enfrentar la crisis y evitar un mayor agravamiento, se debe fortalecer nuestra producción interna para, cuando menos, evitar un mayor desempleo y disminuir el déficit comercial.
Esto lo podemos lograr aumentando la producción para depender menos de las importaciones de gasolinas, diesel, gas natural, alimentos y toda la gama de productos manufacturados que no son competitivos por los altos costos de los energéticos y del crédito.
Los fondos para este plan anticrisis pueden obtenerse si se reduce en 200 mil millones de pesos el gasto superfluo del gobierno y se utilizan los 200 mil millones de pesos de excedentes que se recibirán este año por precios altos de petróleo.
Con esta bolsa de 400 mil millones de pesos, se deben financiar proyectos de alto impacto económico para mejorar el nivel de empleo, la competitividad y atemperar la crisis social y el clima de inseguridad.
El día 15, por la noche, propuse que se llevaran a cabo las siguientes medidas que ahora repito:
1. Que se cancelen los aumentos de precios de la gasolina, el diesel, el gas y la electricidad. Aquí añado que con esto lograremos mejorar la competitividad de la industria; dar alivio a los consumidores y reducir la presión inflacionaria.
2. Que se otorguen becas a todos los estudiantes de preparatoria del país como se hace en el Distrito Federal. Es necesario ver el gasto destinado a la juventud como una inversión social.
3. Que se aumente el presupuesto de las universidades públicas para resolver el problema de miles de jóvenes que son rechazados, con el pretexto de que no pasan el examen de admisión, cuando en realidad lo que sucede es que las universidades no tienen cupo o espacio por falta de presupuesto. Debe repararse el daño que se ha hecho con la política neoliberal, que ha dejado a los jóvenes sin oportunidad de trabajo y de estudio, y los ha orillado a emigrar o a tomar el camino de las conductas antisociales.
4. Que se otorgue una pensión alimentaria a todos los adultos mayores del país, equivalente a medio salario mínimo, como se lleva a cabo en el Distrito Federal. Este apoyo debe otorgarse desde los 65 años, cuando menos, en regiones indígenas y en las zonas de mayor pobreza del campo y la ciudad.
5. Que se entreguen de inmediato los ahorros de los exbraceros.
6. Que se aumente el presupuesto destinado al campo; se establezcan precios de garantía y subsidios al fertilizante y a otros insumos. Con ello se pueden reducir las importaciones de alimentos; evitar más aumentos en los precios de los alimentos básicos; mejorar la economía de campesinos y productores, y atemperar el fenómeno migratorio.
7. Que se construyan las tres refinerías que se necesitan en el país para dejar de comprar gasolinas en el extranjero. Con esta decisión se reducirían las importaciones de gasolina que ya se acercan al 50 por ciento de lo que consumimos, se daría valor agregado al petróleo crudo, se generarían empleos y se ahorrarían divisas.
8. Que se cancele la llamada Alianza Educativa, y en particular, que no se permita el cierre de las escuelas normales y se otorguen plazas a todos sus egresados.
9. Que se lleve a cabo un programa de construcción de obras públicas para reactivar la economía y generar empleos; de manera particular, que se atienda la falta de servicios públicos y de vivienda, en beneficio de la gente pobre de los centros urbanos y de las ciudades fronterizas.
10. Que renuncien de inmediato los secretarios de Gobernación y de Seguridad Pública y el procurador General de la República, por carecer de integridad y ser ineficaces en el combate a la inseguridad y la violencia.
Adicionalmente, nosotros estaríamos dispuestos a llegar a un acuerdo con nuestros adversarios, si además, repito, se hace el compromiso de retirar en definitiva las iniciativas de privatización de Pemex y a cambio de ello, se apoya el Programa de Acción Inmediata para el Fortalecimiento de Pemex, que ha sido elaborado por un grupo muy diverso de personas de diferentes ideologías, militantes de varios partidos, y otros que no militan en ninguno. Este programa, según ellos mismos, atiende la urgencia de rescatar a Pemex de la postración en que lo han sumido las políticas de los últimos gobiernos. Con este programa se asignarán mayores recursos a Pemex para que los destine a actividades que se han rezagado: exploración, refinación, conservación y mantenimiento de equipos y plantas, petroquímica, ductos, almacenamiento, e investigación y desarrollo.
Con este programa, sin ninguna reforma legal y mucho menos violando el espíritu y la letra de la Constitución, se demuestra que existen recursos suficientes para garantizar el sano crecimiento y diversificación de las actividades de Pemex y para comenzar a fortalecer su infraestructura e iniciar nuevas plantas de refinación e instalaciones de transporte y almacenamiento. Se demuestra, también, que no se requiere invitar a inversionistas del exterior para fortalecer a Pemex.
Amigas y amigos:
Si se aplica todo lo aquí expresado, se puede frenar la crisis, enfrentar la incertidumbre y crear un ambiente de seguridad, de aliento y de esperanza al pueblo de México.
Si aceptan estas propuestas, vamos al acuerdo para salvar al país y proteger a nuestro pueblo.
Este acuerdo podría llevarse a cabo en el Poder Legislativo, donde están representadas todas las fuerzas políticas del país y desde el Congreso, podría convocarse al resto de la sociedad. Además, la Cámara de Diputados tiene la facultad exclusiva de aprobar el presupuesto y la mayor parte de nuestras propuestas, dependen de una nueva orientación del gasto público. En pocas palabras, se necesita que el destinatario del presupuesto sea el pueblo y no los potentados y la alta burocracia. En consecuencia, voy a solicitar respetuosamente a los legisladores del Frente Amplio Progresista que presenten a sus homólogos de otros partidos este plan anticrisis.
Claro está, se trata de algo serio, que exige voluntad, compromisos y responsabilidad de todos. También es obvio que no aceptaremos la simulación ni el engaño.
Si nuestros adversarios optan por seguir haciendo la política de siempre, esa donde sólo cuentan los intereses de una minoría y no las demandas y aspiraciones del pueblo. De una vez les decimos, que sigan su camino, que nosotros vamos a continuar ejerciendo el legítimo derecho de hacer una nueva política para construir una República más justa, más humana y más igualitaria.
Por eso también aprovecho esta reunión para convocarlos a seguir trabajando en defensa del pueblo, de los bienes nacionales y de la transformación del país. De manera particular, les pido que estemos atentos a cualquier llamado, porque si Calderón y las cúpulas del PRI y del PAN insisten en aprobar un dictamen que privatice la industria petrolera, vamos a movilizarnos, habrá resistencia civil pacífica. Y no habrá multa o sanción que nos impida ejercer el derecho constitucional de manifestación. Además, la libertad y la justicia no se imploran, se conquistan.
Amigas y amigos: Desde esta plaza pública exigimos que se atienda el grave problema de contaminación del Río Santiago que afecta a los habitantes de los municipios de Juanacatlán y El Salto en Jalisco, donde está en peligro la salud de la gente, e inclusive, perdió la vida recientemente un niño por la terrible contaminación de las aguas.
Reiteramos nuestro rechazo al basurero de residuos tóxicos de una empresa española en Zimapán, Hidalgo. A la destrucción del cerro de San Pedro por la minera canadiense San Xavier, en San Luis Potosí, y a la devastación de Huizopa, Chihuahua, por otra minera canadiense.
También expresamos nuestro apoyo a las luchas en defensa del agua, los bosques y el medio ambiente. Nuestra solidaridad con los trabajadores y maestros que luchan en contra de las reformas a la Ley del ISSSTE y de la llamada Alianza Educativa.
Exigimos la libertad de los presos políticos de Atenco y a todos los luchadores sociales que se encuentran privados de su libertad por la defensa de causas populares.
En cuatro días se cumplen cuarenta años del movimiento estudiantil y popular de 1968. Desde esta plaza queremos rendir un sincero homenaje a esos jóvenes que abrieron los cauces democráticos en nuestro país. Cuarenta años después, como ellos, seguimos luchando por la justicia, la democracia y la libertad.
También nuestra solidaridad con los mexicanos que están siendo maltratados y deportados de Estados Unidos por las medidas injustas del gobierno de ese país.
Amigas y amigos:
Aquí repito lo fundamental: mantengamos la convicción de que en el camino hacia la construcción de una nueva República tenemos que ir creando, y eso es lo que estimo más importante, una nueva corriente de pensamiento que se arraigue y permanezca en la conciencia del pueblo. Una nueva corriente de pensamiento que reconozca y exalte la cultura y la inmensa bondad que hay en nuestro pueblo. Una nueva corriente de pensamiento que haga surgir una voluntad colectiva para impedir que en la política y en la vida pública predominen el engaño, la intolerancia, la corrupción y el afán de lucro, en vez de la verdad, la diversidad, los valores morales y el amor al prójimo. Una nueva corriente de pensamiento para evitar que el dinero triunfe sobre la dignidad y el ser humano valga por su trabajo, rectitud y generosidad.
Sigamos luchando con la moral en alto, sabedores que la verdadera felicidad se alcanza cuando se está bien con uno mismo, con nuestras conciencias y con nuestros semejantes. ¡Viva el movimiento estudiantil y popular de 1968! ¡Viva el Movimiento en Defensa del Petróleo! ¡Vivan los hombres y mujeres libres y conscientes! ¡Viva nuestro movimiento! ¡Viva México!

sábado 20 de septiembre de 2008

La caída del ciclista

Víctor M. Toledo vtoledo@oikos.unam.mx

La caída del ciclista

¿Juega Dios con los ciclistas? No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que no sólo hay dioses; también hay demonios de las pequeñas cosas, duendes diminutos, juguetones chaneques, gnomos, pequeños seres bromistas, dedicados todos ellos a promover sorpresas, hechos inesperados, sucesos imprevistos. Para la ciencia, estos eventos impredecibles han dado lugar a la llamada “teoría del caos”, dedicada a atender situaciones en las que “un pequeñísimo cambio en las condiciones iniciales puede modificar drásticamente el comportamiento general de un sistema en el largo plazo”: El aleteo de una mariposa puede provocar un huracán, un tornillo mal colocado la caída de un avión, un microbio el colapso de un imperio, y… una caída en bicicleta el inicio de la ingobernabilidad de un país.
Todo indica que la mayoría de los accidentes no son hechos fortuitos o derivados del azar, sino el resultado de eventos consciente o inconscientemente inducidos o facilitados por el accidentado. Dicho de otra forma, cada quien promueve sus propios accidentes. Quien anda en bicicleta sabe que ya posee la habilidad de mantener un equilibrio, por ello el ciclista es, en cierto modo, un maestro en el arte de balancear. El ciclista que cae debido a una pérdida aunque sea temporal de su pericia, ha perdido su capacidad de mantener su balance, de sostenerse en movimiento por medio de dos ciclos y mediante el justo medio entre dos fuerzas opuestas: una que viene de la izquierda, la otra desde la derecha.
Probablemente no hay mayor desgracia para un gobernante que sufrir un accidente en bicicleta, porque el evento devela, como metáfora y suceso, una situación personal de pérdida de control (interno y/o externo), de ingobernabilidad sobre el instrumento que conduce. Como un contrapunteo invisible pero efectivo, se pierde doblemente el equilibrio: en la conducción bicicletera y en la dirección gubernamental. El colmo: el ciclista se cae, y por el diccionario de sinónimos sabemos que caída significa declinación, descenso, decadencia, desplome, derrumbamiento, desmoronamiento, hundimiento, ocaso. Y todo hecho inusual, por diminuto o personal que parezca, encierra la posibilidad de convertirse en símbolo, en icono, en parteaguas de la historia de los individuos, las comunidades y las sociedades.
Cuando el ciclista que cae es además un presidente acorralado, acotado, debilitado por los acontecimientos y las fuerzas que estaría obligado a gobernar, la probabilidad de que le ocurra un accidente es muy alta. Creo que nunca ha habido, en la historia reciente del país, un presidente con tan poca capacidad de maniobra como el que actualmente nos (des) gobierna. Investido mediante un mecanismo fraudulento (ahí siguen, amordazadas pero vivas, las urnas de la elección de 2006 a la espera de ser interrogadas), su “debilidad de origen” lo ha llevado a obligadas alianzas con las poderosas elites económicas, los líderes más corruptos del sindicalismo, las televisoras, los gobernadores prepotentes y mafiosos, las corporaciones trasnacionales (¿alguien se imaginaba a un presidente mexicano llevándole un pastel al gigante Wal-Mart?), los bancos extranjeros, y un grupo de funcionarios públicos leales pero ineficaces y corruptos. Ello lo deja sin autoridad moral y, en consecuencia, sin capacidad para la acción, frente a las dos grandes fuerzas que lo amenazan de manera permanente: el crimen organizado ya empoderado social y militarmente, y la oposición política, social y ciudadana de un país cada vez más injusto e inseguro.
La caída del ciclista tiene un último y peculiar significado. No se pueden hacer análisis políticos acertados en un país tan lleno de magia colectiva como México sin tomar en cuenta la fecha cabalística de la ruptura histórica. El 2010 está tan presente en el inconsciente social de los mexicanos como el maíz, el águila y la serpiente, la Virgen de Guadalupe o el mole poblano. Conforme nos acercamos a esa fecha, a ese “accidente societario” soñado, columbrado, intuido y deseado por millones de ciudadanos, nos aproximamos a un momento en el que el anhelo por un cambio induce y condiciona una esperanza que marea. En la intimidad, la gente, los ciudadanos, bien pueden otorgar un significado premonitorio a la caída de la bicicleta.
Es en este contexto que las propuestas de Porfirio Muñoz Ledo, aparentemente inoportunas, excesivas o descabelladas, son de una enorme trascendencia. Solamente una reforma profunda del Estado, de sus formas y reglas, incluida la posibilidad de revocar los mandatos de quienes gobiernan, puede ofrecer una salida democrática y evitar la opción autoritaria y violenta. La caída del ciclista no es solamente una alegoría, una broma de los demonios de las pequeñas cosas o una nueva demostración de la teoría del caos. También es una señal, diáfana y oportuna, de la llegada de un límite y de la debilidad de un régimen, y de un “estado de cosas”. En algún lugar de algún momento futuro los mexicanos hablarán, con nostalgia o con coraje, con placer o con amargura, de aquel hecho extraño y absurdo que desencadenó el cambio que el país necesitaba. En la memoria colectiva se grabó con letras de oro como la “parábola de los ciclistas que caen”. Roguemos por ellos.
“Dicen que queremos derrocarlo, pero él se cae solo”: A.M. López Obrador

martes 16 de septiembre de 2008

Zoe, La irremediablemente bella









El pequeño Pteroclitos o León Davidovich Bronstein, es decir, el vivo diablo en persona









Discurso del Grito de Independencia de Andrés Manuel López Obrador

Ciudad de México, 16 de septiembre de 2008Servicio informativo núm.


520http://serviciodenoticiasisa.blogspot.com



CONVOCA AMLO A NUEVA MOVILIZACIÓN PARA EL 28 DE SEPTIEMBRE. PRESENTA PLAN PARA FRENAR EL EMPOBRECIMIENTO Y LA INSEGURIDAD EN MÉXICO

Discurso de Andrés Manuel López Obrador, presidente legítimo de México, durante la ceremonia conmemorativa del 198 aniversario del inicio de la Independencia Nacional, en el Zócalo de la Ciudad de México, el 15 de septiembre de 2008. Amigas y amigos: Nos reunimos para conmemorar el 198 Aniversario de nuestra Independencia nacional, en uno de los momentos más aciagos de nuestra patria. Hoy nuestro país está inmerso en una profunda crisis económica, política, educativa, cultural y de bienestar social. A demasiados mexicanos los agobian problemas económicos y de toda índole. Domina el temor y la incertidumbre. Es frecuente escuchar las preguntas ¿Qué va a pasar? ¿En qué va a parar todo esto? Para estas interrogantes no hay respuestas aisladas y lo primero es conocer las causas de la crisis, saber cómo se ha llegado a estos extremos de decadencia. Como es lógico, esta descomposición social no es producto del destino o de la fatalidad; es, en una medida esencial, el resultado del mal gobierno y de las políticas que se han venido imponiendo para favorecer a una minoría, a costa de la opresión y el sufrimiento de la mayoría de los mexicanos. Toda esta crisis comenzó a gestarse desde que un grupo de tecnócratas, comandados por Carlos Salinas, convirtió de plano al gobierno en un comité al servicio de una minoría de banqueros, de hombres de negocios vinculados al poder, de especuladores, de traficantes de influencias y de políticos corruptos. A partir de la creación de esta red de intereses y complicidades, todas las acciones del gobierno se orientaron a mantener y acrecentar los privilegios de unos cuantos, sin importar el destino del país y la suerte de la mayoría de los mexicanos. En este marco de complicidades y componendas entre el poder económico y el poder político, se llevaron a cabo las privatizaciones de las empresas públicas. También en este contexto debe verse el asunto del Fobaproa, cuando en el gobierno de Zedillo, con el apoyo del PRI y del PAN, las deudas privadas de unos cuantos se convirtieron en deuda pública. Ese “rescate” de los bancos costó cien mil millones de dólares y desde 1995, cada año, se han destinado del presupuesto público alrededor de 30 mil millones de pesos, sólo para pagar intereses de esta enorme deuda pública. Al grado que en el proyecto de presupuesto que acaba de presentar la Secretaría de Hacienda del gobierno usurpador al Congreso para el año próximo, mientras a la Universidad Nacional Autónoma de México se le asigna un presupuesto de 22 mil millones de pesos, para el pago de intereses del Fobaproa se destinarán 35 mil millones de pesos. A la llegada de Vicente Fox siguió la política del pillaje. Inclusive se fortaleció y se hizo más vulgar la red de complicidades. Con el apoyo de esta mafia, se consumó la operación fraudulenta en las elecciones del 2006, para seguir imponiendo una política económica contraria al interés popular y a la soberanía nacional. El fraude causó un daño inmenso: se impidió la renovación de la vida pública, se perdió tiempo y, en vez de avanzar, hemos retrocedido; se lastimaron los sentimientos de millones de mexicanos; se socavó a las instituciones; se envileció por entero a la llamada sociedad política, y quien actualmente se ostenta como presidente de la República carece de autoridad moral y de autoridad política. La incapacidad de Calderón, su sometimiento, su pago en especie a quienes lo ayudaron en el fraude electoral, sus compromisos con grupos de intereses creados nacionales y extranjeros, su falta de voluntad de cambio, su conservadurismo y el desmantelamiento de los avances sociales y culturales de la sociedad mexicana, han agravado la situación del país. Hoy, no sólo hay más pobreza, desempleo, carestía, inseguridad y violencia, sino una sensación de frustración que empieza a dominar en amplios sectores de la sociedad mexicana. Todo esto, mientras el país está a la deriva y el gobierno usurpador está totalmente desprestigiado y carece de poder real, porque nadie lo respeta ni obedece. Ante esta crisis qué podemos hacer como movimiento. Como mexicanos libres y conscientes, comprometidos con el pueblo y comprometidos con México. Yo les propongo un plan para salvar a México, inspirado en lo que hemos venido enarbolando. Este plan busca cumplir tres objetivos fundamentales: frenar el empobrecimiento y la inseguridad del pueblo; defender el petróleo; y seguir trabajando por la transformación de la vida pública de México. En primer término, para frenar el empobrecimiento y la inseguridad del pueblo les planteo que luchemos, con carácter de urgente, por las siguientes medidas: 1. Que se cancelen los aumentos de precios de la gasolina, el diesel, el gas y la electricidad. 2. Que se otorguen becas a todos los estudiantes de preparatoria del país como se hace en el Distrito Federal. 3. Que se aumente el presupuesto de las universidades públicas para resolver el problema a miles de jóvenes que son rechazados, con el pretexto de que no pasan el examen de admisión. 4. Que se otorgue una pensión alimentaria a todos los adultos mayores del país, equivalente a medio salario mínimo, como se lleva a cabo en el Distrito Federal. 5. Que se entreguen de inmediato los ahorros de los ex braceros. 6. Que se aumente el presupuesto destinado al campo; se establezcan precios de garantía y subsidios al fertilizante y a otros insumos. 7. Que se construyan las tres refinerías que se necesitan en el país para dejar de comprar gasolinas en el extranjero. 8. Que se cancele la llamada alianza educativa y, en particular, que no se permita el cierre de las escuelas normales y que se otorguen plazas a todos sus egresados. 9. Que se lleve a cabo un programa de construcción de obras públicas para reactivar la economía y generar empleos; de manera particular, que se atienda la falta de servicios públicos y de vivienda, en beneficio de la gente pobre de los centros urbanos y de las ciudades fronterizas. 10. Que renuncien de inmediato los secretarios de Gobernación y de Seguridad Pública y el procurador General de la República, por carecer de integridad y ser ineficaces en el combate a la inseguridad y la violencia. Estas acciones pueden llevarse a cabo si hay voluntad política y se logra una nueva orientación del presupuesto público. Por eso, voy a pedir respetuosamente a los legisladores del Frente Amplio Progresista, del PRD, PT y de Convergencia, que hagan todo lo que puedan para apoyar estas medidas y frenar el empobrecimiento del pueblo y el deterioro de la vida nacional. Recordemos que es facultad exclusiva de la Cámara de Diputados aprobar el presupuesto público, y aunque sabemos que siempre se da la práctica del mayoriteo entre el PRI y el PAN, nuestros diputados tienen el poder cualitativo, la autoridad moral que otorga el defender realmente al pueblo y a la Nación. Además pueden argumentar que el gobierno de facto no ha hecho nada por reducir su enorme gasto burocrático. Por el contrario, en 2007, lo aumentó en 154 mil millones de pesos. Y hasta ahora su gasto corriente en 2008, se proyecta en 250 mil millones más. Es decir, en sólo dos años sumará 404 mil millones de pesos. A su vez, en 2007, los excedentes por precios altos del petróleo de exportación fueron de 12 mil millones de dólares y en 2008 serán 20 mil millones de dólares más. Por eso, debe reducirse el gasto burocrático en por lo menos 200 mil millones de pesos y que esos recursos, junto con los excedentes petroleros, se destinen como una inversión social a la juventud, a garantizar la soberanía alimentaria, a la construcción de obras públicas, para reactivar la economía, a crear empleos, al desarrollo social y al fortalecimiento de Pemex. En segundo lugar, en el marco de este plan, en cuanto a la defensa del petróleo, les propongo que sigamos luchando para evitar la privatización, abierta o disfrazada, de la industria petrolera nacional. Debemos estar conscientes que sólo con la movilización ciudadana podemos impedir que se cometa este atraco al pueblo y a la Nación. Por eso les convoco a estar atentos ante cualquier albazo o madruguete, y les propongo que el domingo 28 de septiembre, desde las 10 de la mañana, llevemos a cabo una marcha mitin del Ángel de la Independencia a este Zócalo de la Ciudad de México. Amigas y amigos. Es indispensable también que sigamos luchando para transformar la vida pública de México. El cambio que necesita el país no vendrá de arriba, de los potentados o de la podrida sociedad política. La historia nos enseña que cuando se viven momentos aciagos, la salida siempre viene de abajo, de la gente y de soluciones colectivas. En la lucha de Independencia, Hidalgo decía que el pueblo que quiere ser libre lo será y enseñó que el poder de los reyes es demasiado débil cuando se gobierna contra la voluntad de los pueblos; durante la Reforma, Juárez sostenía que con el pueblo todo, sin el pueblo nada; y en la Revolución, los magonistas repetían una y otra vez que sólo el pueblo puede salvar al pueblo, que sólo el pueblo puede salvar a la Nación. Amigas y amigos. Mexicanas y mexicanos. Sí podemos rescatar a México, todo depende de que sigamos trabajando en la organización del pueblo, convenciendo a más gente y haciendo conciencia. Debemos seguir insistiendo, con perseverancia, tercamente hasta lograr una renovación tajante de la vida pública. La crisis de México no se resolverá mientras se mantenga este régimen de injusticia, de opresión, de corrupción y de privilegios. Y no es exagerado decir que de este movimiento, integrado por millones de hombres y mujeres libres y concientes, de este movimiento de ustedes y de millones más, depende en mucho el destino del país y de nuestro pueblo. Todos tenemos derecho a vivir; todos tenemos derecho a ser libres y felices. ¡Patria para todos! ¡Patria para el pobre! ¡Patria para el humillado! No desmayemos, no perdamos la fe, sigamos adelante.
¡Viva la soberanía popular! ¡Arriba los de abajo! ¡Arriba los pobres! ¡Abajo los privilegios! ¡No al gobierno usurpador! ¡No a la reconquista! ¡No al intervencionismo! ¡No a la corrupción y a la impunidad! ¡Sí a la justicia! ¡Sí a la democracia! ¡Sí a la soberanía nacional! ¡Vivan los indígenas! ¡Vivan los campesinos! ¡Vivan los obreros! ¡Vivan los migrantes! ¡Vivan los artistas! ¡Vivan los maestros! ¡Vivan los profesionistas!¡Vivan los sectores productivos! ¡Vivan los medios informativos libres! ¡Vivan los estudiantes! ¡Vivan las mujeres! ¡Vivan los niños y los ancianos! ¡Vivan las minorías legales y legítimas! ¡Viva la cultura! ¡Vivan los héroes que lucharon por nuestra Independencia! ¡Vivan los padres de la Patria! ¡Viva Hidalgo! ¡Viva Josefa Ortiz de Domínguez! ¡Viva Morelos! ¡Viva Juárez! ¡Vivan los hermanos Flores Magón! ¡Viva Francisco I. Madero! ¡Viva Francisco Villa! ¡Viva Emiliano Zapata! ¡Viva el general Lázaro Cárdenas! ¡Vivan los dirigentes sociales y políticos asesinados por defender las causas populares! ¡Vivan los héroes anónimos! ¡Libertad a los presos políticos! ¡Viva la Nueva República! ¡Viva la dignidad! ¡Viva México! ¡Viva México! ¡Viva México!

sábado 13 de septiembre de 2008

El comandante Tomás Borge se dirige a Vicente Fox


Fox podría empedrar con ladrillos de oro una carretera
Se sumó al coro. ¿Quién tiene dudas de que al final de todo se trata de un coro? Ayer fue Mario Vargas Llosa, el cual, al menos, está respaldado por su grandeza literaria, y ahora se trata de otro grande, pero tan sólo de estatura, garañón de la hacienda San Cristóbal, también conocido como Vicente Fox. Este espécimen inventor de catedrales destruidas, plañidero a lágrima viva de los niños pobres de Nicaragua, se construyó una casa hacienda, en algún lugar de México que, según se dice, podría ser considerada por su suntuosidad como una de las 100 maravillas del mundo.
Mi amigo Jaime Morales Carazo, un hombre equitativo y justo, y al mismo tiempo prudente, conoce con detalles las tropelías de Fox y de su familia.
Vicente Fox podría empedrar una carretera mexicana con ladrillos de oro y por ese camino ha tratado sin acertar en una sola dirección correcta. Le mintió, en forma irresistiblemente cínica, a Fidel Castro, insultó a Hugo Chávez y, de seguro, con devoción racista odia a Evo Morales. Este hombre también es alto, blanco y hermoso, y de seguro considera a los latinoamericanos, incluyendo a los de su país, chaparros, feos, indios, negros y sin el uso del desodorante.
Mr. Fox llega a la tierra de Sandino recomendando honestidad cuando todo mundo sabe que si no saqueó las alcancías de la Basílica de Guadalupe fue por la estricta vigilancia religiosa. Llega a Nicaragua a respaldar a un bellísimo arquetipo, blanco como él, para que se robe la joya de Nicaragua, oscuro como él en concepciones ideológicas. Vicente Fox es uno de los hombres más ricos del mundo pero él no vale ni un billete partido en dos de baja denominación en México. Cualquier cosa que diga de alguien hay que agradecerlo si es en mal y hay que avergonzarse si es en bien.
Tomás Borge

domingo 7 de septiembre de 2008

Flavio Sosa Villavicencio habla de Almoloya


Flavio Sosa Villavicencio *

Almoloya: ecos de Guantánamo

Almoloya es una cárcel guantanamera, los derechos humanos en ese inframundo son asunto secundario, el tiempo transcurre lento, gris...
Sabe a tierra de panteón el tiempo en Almoloya... Isla fría, gigantesca mole de concreto que se lleva cotidianamente sobre la cabeza, más los dolores, más los delitos prefabricados, más los jueces de consigna, más la persecución a la familia, más el olvido... Los gritos, sí los pinches gritos.
En dos ocasiones, mi madre viajó a ese lugar e intentó visitarme, pero ni siquiera con la intervención de la CNDH se le autorizó la visita y no pudo mirar ni conversar con ninguno de sus hijos, anticonstitucionalmente presos.
“De la que no sabemos nada es de la madre del gobierno...” dice un personaje rulfiano; cómo no evocar a Rulfo cuando el imperio del silencio es ruido y música, cuando el frío nos carcome y traga en las celdas y corredores, cuando el paisaje está poblado de muertos. Almoloya: La calavera.
Héctor Galindo e Ignacio del Valle, presos políticos, son objeto de la saña vengadora de una plutocracia que con sonrisas y millones derrochados en propaganda televisiva buscan la silla para continuar en la gerencia de los bisnes.
En Oaxaca en el año 2006, decimos, el magnetismo de la palabra justicia nos convocó; todos gritamos que se vaya, que se largue... Fuera. El grito de todas y todos se escuchó alrededor del mundo. Sin embargo la clase política y los poderes no escucharon. Violaron los derechos humanos, asesinaron, desaparecieron a personas, usaron “todo el poder del estado”, pisotearon la Constitución y las leyes, URO (Ulises Ruiz) acuñó una frase que quedará para la posteridad: “En Oaxaca no pasa nada”.
A dos años de 2006 seguimos exigiendo justicia. Más de 20 los muertos, más de 300 los presos políticos; ante los torturados, los desaparecidos y las exiliadas, la respuesta es el silencio, escandaloso, ofensivo silencio. “En Oaxaca no pasa nada”. Terrorismo de Estado, corrupción galopante, criminal impunidad. “En Oaxaca no pasa nada...”
Héctor Galindo, Ignacio del Valle, los presos políticos del Molino de las Flores, son víctimas de la injusticia, víctimas de una casta poderosa y rapaz. No son delincuentes, son luchadores sociales; se les exhibe como ejemplo de lo que puede suceder a cualquiera que se atreva a desafiar al Estado, sus megaproyectos, sus meganegocios, su modernización.
En Atenco y Oaxaca, ¿cuál justicia? Impunidad, criminal impunidad.

* Flavio Sosa, vocero de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, fue detenido en diciembre de 2006 cuando negociaba con el gobierno federal. Estuvo preso en el penal de máxima seguridad del Altiplano y después en la cárcel regional de San Juan Bautista, Cuicatlán, en Oaxaca. Fue liberado el 20 de abril de 2008.

viernes 29 de agosto de 2008

Mapas de la ciudad de Guanajuato en 1750


















La columna de Pterocles La Atenas de por aquí

In Naturalibus


La Atenas de por aquí


Pterocles Arenarius

Guanajuato es una de las más hermosas ciudades de nuestro país. Sin embargo, su historia está hecha por periodos de grave decaimiento –incluso en varios momentos se consideró que estaba a punto de convertirse en un “pueblo fantasma” como muchas otras ciudades mineras de México– y su salvación de semejante circunstancia se debió, en la última ocasión, a que los guanajuatenses tuvieron los alcances propios (y la suerte externa) de que fuera instituido el Festival Internacional Cervantino (FIC); gracias a este festival, Guanajuato salvó su decadencia y logró volverse una ciudad turística debido a que numerosos visitantes –tanto mexicanos como extranjeros– se vieron fascinados por la incontestable belleza de la ciudad.
Otro logro singular que permitió el resurgimiento de Guanajuato fue su declaración como patrimonio de la humanidad por parte de la Organización de las Naciones Unidas, a través de la UNESCO. Esto se logró gracias a que 1) Guanajuato fue un centro de gran importancia en diversos momentos de nuestra historia; a que 2) gran parte de sus edificios de otras épocas han sido conservados, no se construyó en Guanajuato por la misma decadencia de la ciudad y 3) que hubo guanajuatenses que se propusieron lograr la mencionada categorización por parte del mencionado organismo mundial.
Hoy la ciudad vive más bien del turismo, de su bien apreciada belleza y de su protagónico pasado histórico. Pero Guanajuato, a pesar de ser la capital del estado, es en realidad un pueblo, ni siquiera un pueblo grande, apenas mediano.
Sin embargo, Guanajuato tiene los problemas de toda ciudad mexicana: desempleo –agravado aquí por la carencia de industria y en general de negocios que den empleo a la gente–; derivados del la falta de fuentes de trabajo y a la vez paralelos con ello: marginación social que empieza a producir los problemas de delincuencia y miseria de grandes núcleos de la población.
En esta ciudad la población humilde ha padecido a una elite conservadora, rastacuera, mojigata y ensoberbecida que se han estado prestando el poder municipal durante un medio siglo o más entre las mismas familias. Tradicionalmente el PRI era el que imponía al edil, en algún momento lo hizo aquel partido de efímera existencia que se llamó Partido Demócrata Mexicano, que era “el del gallito colorado” que incluía a cristeros y sinarquistas; pero también llegó a ganar el PRD y en las elecciones del 2006, por fin, el PAN, que ha conducido al que parece el peor momento político de la ciudad. Pero todos los presidentes municipales son de las mismas familias.
En el estado hay al menos cinco ciudades más grandes, con mayor población y economías de mayor volumen y movilidad que Guanajuato: León, Salamanca, Celaya, Silao e Irapuato. En los hechos la verdadera capital económica es León.
Guanajuato capital en varias ocasiones en su historia ha estado a punto de volverse inviable. Paradójicamente eso mismo la salvó de volverse una ciudad monstruosa y mal remedo del Distrito Federal, como, en alguna medida, ya lo son las cinco ciudades mencionadas.
Guanajuato se ha salvado de tan nefasto destino por su desorden urbanístico premoderno, por sus insuficientes, estrechas y torcidas vialidades pesadilla del automóvil, por sus construcciones antiquísimas y disfuncionales, muchas de ellas, hermosas, ciertamente. Las desventajas también se han anotado, no hay (casi) nada que hacer en el pueblo a menos que se cuente con un negocio propio, se trabaje en la universidad (copada por El Yunque) o en el gobierno copado por el mismo El Yunque y el PAN que han superado al PRI hasta hacerlos ver como aprendices en patrimonialismo, corrupción, compadrazgos, amiguismo y recomendacionitis.
Recién, el presidente del PAN, el inefable político de los carrillos tan fuera de proporción como sus declaraciones, Germán Martínez Cázares habló –en una convención de ese partido en León– de “guanajuatizar” a México. Los que vivimos en Guanajuato decimos a todos los mexicanos que sálvese quien pueda si lo logran. Basten unos datos para demostrar la aberración: Guanajuato es el tercer estado en expulsar mano de obra (exiliados económicos) a Estados Unidos, por falta de empleo, de escuela y en general de oportunidades. En tal renglón el estado sólo está debajo de Michoacán y Jalisco, que lo superan por mucho en términos demográficos. Pero por arriba de Zacatecas, Estado de México y Puebla, por ejemplo. Este estado ocupa el lugar 28 en alfabetización entre los estados y tiene el deshonor de sufrir en su territorio, en el municipio de Salamanca, el lugar presuntamente más contaminado del país, con índices de polución superiores al DF.
Jorge Ibargüengoitia dijo una vez que Guanajuato era “La Atenas de por aquí”, con alguna ironía, por supuesto. Porque se dice que en Guanajuato se localiza el más efervescente centro cultural del estado. Pero Ibargüengoitia ironizaba porque desde entonces, cuando él vivía, eso era falso.
Se cree que Guanajuato es una ciudad cultural, lo cual se debe al Festival Internacional Cervantino. Ciertamente la ciudad se vuelve un centro cultural por tres semanas. El resto del año es un erial. Por ejemplo, en este momento, durante 2008, no ha funcionado ni un solo taller de literatura en toda la ciudad. Otro botón de muestra es el hecho de que –lo leímos en el diario AM de Guanajuato, en la columna Cácaro, del excelente cuentista y reseñista de cine Ricardo García Muñoz– tres joyas de la cinematografía guanajuatense: Amat Escalante, Arturo Chango Pons y Rolando Briseño, jóvenes creadores que han merecido premios internacionales por sus trabajos cinematográficos, están ninguneados, desconocidos, aquí en su propio estado. Briseño acosado por los funcionaretes yunquistas dedicados a detener, acallar, censurar y destruir todo trabajo de arte y cultura que surja en el estado de Guanajuato, como hicieran con el propio García Muñoz cuando fuera director de Radio Universidad.
Una más: se pretendió hacer una antología de narradores radicados en Guanajuato capital y, oh sorprais, no hay. Ricardo García Muñoz es quizá el único y dignísimo representante, ¿pero será el único? Sí hay escritores jóvenes, claro, estudiantes de la Facultad de Letras que prometen, sí hay viejos, como el que esto escribe, pero no hay un narrador antologable y que a la vez sea de la generación de los años 70. Lo cual es una monstruosa carencia. ¿Quién está registrando el espíritu de la ciudad? ¿Dónde están los que plasman el lenguaje del momento y los sueños de siempre, las aventuras y los deseos, las fobias, las locuras, las humoradas y los desencantos, los amores y las nuevas leyendas de Guanajuato, tierra de leyendas? Las civilizaciones humanas perduran por su arte, por su literatura; las lenguas trascienden en la historia por sus autores literarios, por sus grandes obras. Dios santo, ¿qué está pasando en Guanajuato en donde no hay ya no digamos grandes obras, ni siquiera obras porque no hay quien las escriba? Eso es monstruoso. Si Guanajuato fuera una persona es como si se hubiera quedado idiota, sin historia, sin sueños, sin testimonios ni de sí mismo, sin chiste, pues. ¿A eso se referiría aquel político cuando hablaba de guanajuatizar a México?
Guanajuato debería tener veinte casas de la cultura. Cinco escritores de primer nivel nacional. Diez grupos de teatro con estatura de profesionales. Veinte grupos de danza clásica y/o moderna de primera línea. Cinco artistas plásticos de primer nivel en el ámbito nacional. Dos orquestas sinfónicas o filarmónicas más.
Las casas de la cultura atenderían a cinco mil aspirantes a artistas, de todas las edades y en todas las disciplinas del arte, desde el nivel de diletante hasta el de artista. Los escritores, bailarines, cineastas, actores, artistas plásticos, atenderían a los jóvenes y niños en los diversos niveles; también a los adultos y a los viejos. Así los chavos que se la pasan en las esquinas del Cerro de los Leones y del Cuarto echando caguama y dándose un chubi o peor, un pericazo, es decir, preparándose para entrar en las filas de la delincuencia vulgar para después pasar al crimen organizado mucho mejor estarían tramando un poema o pergeñando un cuento para presentar en su taller, meditando, memorizando su parlamento teatral, practicando sus pasos de baile, imaginando una escultura, mirando al mundo para sacarle una foto única, discutiendo un guión para una producción en video. Y los artistas tendrían una chambita con la cual subsidiar al arte de una manera menos onerosa, dando su taller.
Todas las plazas se usarían para presentar a los grupos de bailarines y teatreros como se hace esporádicamente con la plaza de San Roque. El teatro Cervantes usado sólo en el Festival Cervantino, la biblioteca Emilio Uranga, hoy permanentemente desierta bien podría servir para presentar plaquetas que antologaran a decenas de poetas y narradores noveles; el teatro Principal que se usa una vez a la semana pero sólo en la temporada anual de la orquesta o en los fugaces festivales de cine; el teatro Juárez, la joya de la ciudad, que presenta algo una vez al mes. Todos serían foro de los artistas que habitaran en tan hermosa ciudad, quienes la harían realmente un centro cultural y artístico. Se harían publicaciones económicas pero dignas de los integrantes de todos los talleres de literatura, unos treinta al menos. Eso sería un centro cultural. Eso es como el paraíso terrenal. Eso es perfectamente viable y también eso es la salvación de Guanajuato, la sexta o séptima ciudad del estado en potencial económico, el pueblote en el que no hay nada que hacer si no es irse “al otro lado”, poner un negocio, o si no tienes dinero, a robar; si los gobernantes tuvieran un mínimo de amor al arte y fueran menos insaciables para saquear el erario. Eso sería un verdadero emporio cultural que atraería un turismo selecto, como se cansan en pedir los empresaurios guanajuatenses cuando se quejan de que al FIC viene sólo plebe a embriagarse.
Pero ¿qué hay en Guanajuato? Alguno que otro café que presenta a un grupito de estudiantes de música; uno que otro de los integrantes de la orquesta universitaria que han formado su grupo de jazz para divertirse porque para ganar dinero jamás. ¿Teatro? Dos veces al año en San Roque. ¿Música?, sólo durante el FIC. Danza, jamás. Literatura, de repente se presenta algún libro ante diez personas. Se hacen los coloquios Cervantino y otro en honor a Ibargüengoitia, asisten los ponentes y unos cuantos estudiantes de letras porque tienen que hacer la tarea sobre el simposio. Publicaciones de escritores autóctonos, nada. ¿Cine?, algunas de las películas, no todas, de la Muestra Internacional. Por cierto, aquí sólo hay dos cines comerciales y, curiosamente, no pasan las películas de arte, ni siquiera las películas con clasificación C que vemos en los carteles del DF. En sendas ocasiones se anunciaron dos presentaciones, Los monólogos de la vagina y Sólo para mujeres. Ninguna se presentó, ¿fueron censurados? Ni siquiera supimos. Simplemente fueron canceladas sin explicación.
Ah, pero eso sí, las autoridades municipales han destruido el piso del centro de la ciudad dos veces en cinco años, para ponerlo nuevo sin que sea necesario. Lo que apesta a corruptela millonaria.
La ciudad, por ser patrimonio de la humanidad, recibe un subsidio de la UNESCO, dinero que nadie sabe en qué diablos se usa.
Esta es la realidad de La Atenas de por aquí.
Por último, para que se note “de qué lado masca la iguana” en Guanajuato o qué entienden por cultura los pan-yunquistas que quieren guanajuatizar el mundo. En la hermosa plaza de San Fernando colocaron la exposición de fotos antiguas de la iglesia de Mellado, un centro religioso, hoy en ruinas, como se puede ver en la foto. La muestra se acompañó por una conferencia que trató sobre algunos de estos inmuebles. Un documento exhibido es un mapa de la ciudad, con sus templos como ejes de la vida de la ciudad en aquellos tiempos, estamos en 1750, en plena etapa colonial. Otro documento revelador es un edicto de la autoridad en el que se cede a la orden de los mercedarios un terreno para que construyan su templo, que después sería el que hoy está en ruinas. Está bien, eso es (también) cultura, los templos católicos de otros siglos. Pero la cultura no sólo es eso. Y es que el 27 de agosto se publicó una nota en La Jornada, firmada por el corresponsal de ese diario en Guanajuato, mi amigo Carlos García, en la que denuncia que el municipio de León destruyó una escuela para donar 600 metros cuadrados que se destinarán a la ampliación de un templo de aquella ciudad. ¿De qué religión? Adivinaron, católico. ¿Sería por eso que en la exposición de San Fernando mostraron el edicto de 1750? ¿Para que nos reacostumbremos a los usos y costumbres de la Colonia? Eso es lo que ellos entienden –y quisieran que todos lo avaláramos– por cultura. Los gobernantes de Guanajuato estado y capital viven en otro siglo, en la Colonia. Sin embargo, gobiernan peor que el PRI, porque a los peores vicios del viejo priísmo ultracorrupto, los yunquepanistas le agregan la mochería y la certeza de que ellos hacen lo correcto, como “Soldados de Dios” que dicen ser.

viernes 22 de agosto de 2008

El escritor Ricardo García Muñoz opina sobre aspectos culturales en Guanajuato

Existen tres nombres en el ámbito local de la producción audiovisual que no hay que perder de vista. Amat Escalante, Arturo Chango Pons y Rolando Briseño. A ellos los une, en principio, el placer estético por las imágenes, el acto íntimo de narrar con el lenguaje audiovisual, pero también los une la indiferencia y el abandono de las instituciones del gobierno estatal.El último proyecto de Pons era “la brújula la lleva el muerto”, un largometraje que promete, pero que no se ha logrado gracias a los nulos apoyos a producciones mexicanas y los nulos apoyos a los proyectos locales. Paradojal. El estado de Guanajuato mantiene una dirección de filmaciones que sirve para... ¡Hacer un festival A.C! El Chango es uno de esos directores de cine que indagan en lo oscuro, que en su búsqueda constante plasman elementos políticamente incorrectos y ricos en expresiones artísticas. Amat Escalante se arrojó a Cannes en 2005 con la película “Sangre”, sin apoyo de gobierno alguno lo que le dejó un premio de la crítica especializada en Francia. El apoyo discreto para esta producción lo consiguió con recursos holandeses. En el caso de Rolando Briseño, un estupendo documentalista, que fue condecorado con el premio ATEI (Muestra Iberoamericana de Televisión y video educativo, científico y cultural) en 2005 y el documental Manos Guanajuatenses, también un reconocimiento iberoamericano, ha sido condenado al ostracismo y quizá a la censura, gracias, por supuesto a sus superiores.Pero la falta de apoyo a producciones cinematográficas no es nueva, se conjuga con la política metrosexual de las autoridades culturales en la región, quienes dictan los proyectos de la moda culterana que a ellos les place y el encumbramiento de falsos profetas. Ninguna entelequia cultural ha reparado en apoyar a los talentosos cineastas a pesar de los blasones con los que cuentan; una larga lista de producciones, reconocimientos y experiencia a nivel internacional no bastan. ¿Qué basta? ¿Llenar el formulario?, ¿el manual de procedimientos?, ¿Checar la tarjeta? Basura. Como varios proyectos nacionales, los vergonzosos resultados en materia de educación y deporte, se suma, al parecer a la lista de fracasos, la responsabilidad de los dirigentes para generar y apoyar a guanajuatenses, a expresiones artísticas, a propuestas culturales, sin embargo se decantan a promocionar sus proyectos, a domar la expresión, a poner puertas al campo. Si un proyecto no encaja en el manual de cultura o en la moda que intentan colocar en el mercado de las cifras, nomás no hay apoyo.Parodiando a Eduardo Galeano, podemos decir que en el mundo de la cultura, es un mundo al revés; castiga el trabajo, desprecia la honestidad y censura al arte en pos de sus políticas para la cultura. Los nombres de los emigrantes culturales son muchos. Demasiadas puertas cerradas en el ámbito local, lo que empobrece el capital intelectual de un pueblo. Y eso nos empobrece.Se sabe, el apoyo para estos jóvenes cineastas vendrá de fuera o no vendrá. --Publicado por Ricardo para Ficcionalia el 8/19/2008 08:14:00 AM


Existen varias maneras de protestar, la mía es con un gerundio. Escribiendo. Y como este blog lo mantengo como puedo y no hay más censura que la mía, tengo el derecho de protestar como me dé la gana. Voy a omitir y a cambiar nombres de los protagonistas reales, por una decidida técnica de creación; no porque rehúya a la confrontación con cualquiera de sus activos protagonistas, sino porque de plano, hablar con ellos ha sido estéril y en un momento determinado han quedado fuera de combate, pero la lucha no ha sido suficiente.Es rudo pelear contra quien es juez y parte. Contra quien es poseedor de los medios de producción cultural, contra quien reporta beneficios manipulados cuando la realidad le dice que se halla en un fracaso. Lo oficial se convierte en la opinión general. Una verdad incuestionable. Si lo dice primero el Director, entonces lo demás es mentira. Esta por lo general es una regla de las instituciones, y una falacia del tamaño del Forum Cultural. Elemental, la comunicación actúa con un mínimo de dos individuos. Dos pasiones. Dos puntos de vista. Dos actores que desarrollan una estructura narrativa de diversos significados. Los medios de comunicación, apaleados por el chayote, obedecen a quien paga y no a quien actúa. El otro, los otros que no sean voces “Institucionalizadas, autorizadas por sí mismas, validadas por los medios que ahora se comportan como los validadores de la verdad”, quedan, a la sazón, jodidos. Es el proceso de la manipulación. Quién, en sus cabales podría creer que la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato, según cifras oficiales, ofreció 43 conciertos, con una asistencia total de 10,000 personas. A ver. Esto equivale a 232.558 personas por presentación. 232.558 es el equivalente a más de la mitad del Teatro Principal, un foro para 400 personas escuchando a Batiz cada semana. Esto es más que un triunfo de la cultura. ¿Lo cree? Yo tampoco, pero como es oficial, institucional y además no hubo nadie para corroborar el conteo de los admiradores, pues lo tendríamos que creer a ciegas. Pero si pensamos que 10,000 (diez mil personas, equivalentes a un lleno en el Auditorio Nacional gracias a Vicente Fernández) personas pagaron boleto para la OSUG, con un costo entre 40 y 80 pesitos, tendría la Universidad un promedio de $600,000 pesos derivados de su producto cultural estrella, la Orquesta, dinero que se implementa para… ¿promoción, carteles, espectaculares? ¿No lo sé?, lo que si dicen las cifras oficiales es que “1 mil 961 millones 203 mil 147 pesos es el presupuesto asignado a la UG en el año 2008. El 40.20% corresponde a gasto para desarrollo y el 59.80% a gasto ordinario”, seiscientos mil pesitos extra, ¿dónde están?, no vendría a colación, pero es uno de los sustentos para soportar tal argumento. 250 personas escuchando música orquestal. 250 guanajuatenses haciendo fila para presenciar una obra de Mozart como baile de los Temerarios.Los NaturalizadosHabrá quien diga que se destila rencor. ¿Y qué? Habrá quien diga que es una argucia de la revancha. ¿Y qué? Habrá quien descalifique nomás porque si. Otra vez, ¿Y qué? En el peor de los casos, habrá quien no diga nada y se pase de largo como si nada más oyera llover. Y esa actitud se convierte en lo que ha venido ocurriendo desde hace quince años (quizá más, pero mí memoria llega hasta ese punto, que no es poco) y es lo que nos mantiene sumidos en un marasmo nacional: NADA.La expresión cultural se ha sometido bajo el auspicio de la ignorancia. La cultura, si se hablara de una política para su gestión, tiene como el principio de su mal, la ausencia de proyectos. Disparos sin puntería. Balas de salva. Es una suma de pobres números que debilitan las posiciones de una neuralgia que lleva varios años y que le pesa a la hondura de sus depredadores y sus entrañas, los trabajadores de la burocracia cultural son directores técnicos de futbol que se entrenaron en un campo de golf. Políticos, publirrelacionistas, diseñadores de interiores, relaciones industriales, desarrollo organizacionalistas, ex diputados federales y demás fauna nociva, pueblan una patria lejana a la creación y al desarrollo de capital artístico y cultural. En estos términos, son los naturalizados de la selección cultural. Naturalizados porque llegaron de otra área del conocimiento a sembrar sus méritos en cancha ajena. ¿Por qué no colocamos a un sacerdote como director de policía de León?, ¿Por qué no hacemos juez a un mercadólogo?, ¿Por qué no ponemos a construir un hospital a un veterinario?, Yo no me dejaría operar una hernia por un médico que haya estudiado su carrera a distancia.En la administración de la cultura ocurre algo parecido. Entonces existen los malos diagnósticos y de la gripa se pasa a la pulmonía institucional. Gerentes generales de la empresa cultural SA de CV. Los naturalizados de la cultura, a pesar de ser ciudadanos de primera, no se saben el himno. Lo confunden con el Son de la Negra. Los Naturalizados del arte tienen pasaporte político, que los hace brincar de un puesto a otro. La inmunidad diplomática de los nacionalizados es artera y certera. De la academia a la gestión cultural. Del curul a la plana del arte.La fuerza de la gerencia que se acentúa por la ignorancia de una sociedad alejada de las prácticas y los consumos culturales, esa fuerza que día con día se acerca con voraz argucia a las arcas del capital cultural, pero sobre todo al capital intelectual, va mermando a su paso con verdaderos artistas, creadores, promotores.Las campañas y los cartelesGuanajuato lleva décadas de menospreciar a sus artistas, de formular esquemas indignantes de cacicazgo cultural que demeritan el progreso de las artes. Basta con asomarnos a una absurda campaña, cruzada, o no sé qué demonios, para así, fomentar la lectura en el pueblo, pero lo que hacen es combatir el hábito de la lectura. Y felicidades. Lo están logrando. Gracias a una mercadotecnia mediocre de agencia de publicidad de carteles y espectaculares, se ha infiltrado una campaña que no llega con dureza y que no trasciende a las capas que verdaderamente lo necesitan. En comunión con la dirección de extensión de la casa de estudios de Guanajuato se han rifado el compromiso de hacer una cruzada de envergadura estatal que ni Vasconcelos lo hubiera soñado. Pero como es común en estos casos, sólo sirve para la anécdota. Ideas grandotas, pero vacías.
--Publicado por Ricardo para Ficcionalia el 8/20/2008 01:20:00 PM

viernes 8 de agosto de 2008

In Naturalibus


Paraíso e infierno


Pterocles Arenarius

Los escritores son bichos extraños. Casi por lo general son personas mucho más sensibles que el común de la gente normal. Son individuos raros, entre muchas otras cosas, porque siempre están leyendo. Y con un agravante, leen literatura, es decir, lectura “inútil”. O bien, lectura placentera. Y es que aparte de escribir tienen que trabajar para sostener ese su oneroso “vicio”: leer y escribir. Son profesores, periodistas, guionistas, correctores, editores y un poco más raramente son contadores, ingenieros, médicos, abogados aunque también los hay. Y menos que nunca empresarios, economistas o gerentes.
Todos los escritores trabajan en otro oficio o profesión para subsidiar a la literatura, al arte. Y con frecuencia harta logran la obra de arte. Pero eso no les da para vivir. Tienen que trabajar en otra cosa. En México habrá, si acaso, tres o cuatro escritores que viven de sus obras.
Los escritores, generalmente, están solos. La escritura es el oficio de la soledad, de la introspección. Mientras otros artistas crean sobre o con diversos objetos (como los artistas plásticos) o instrumentos (como los músicos) o sus propios cuerpos (como los bailarines) para desarrollar su arte, los escritores se tienen sólo a sí mismos. Su ser completo es su instrumento que se manifiesta a través de las letras, de las palabras.
Es común que se piense que “escribir es muy fácil”. De hecho todo el mundo escribe poemas a sus amores, a sus hijos. Pero los que se dedican a escribir saben muy bien que no es tan fácil. Al revés. Hay que tener muchas mañas, muchas habilidades, una gran cantidad de conocimientos, desde la gramática para escribir correctamente, hasta el conocimiento de las estructuras de los diversos géneros y la enorme cantidad de trucos –astucias literarias, diría Emilio Uranga– para lograr los efectos deseados. La literatura finalmente consiste en despertar emociones, sentimientos, pensamientos, reflexiones, las actividades o sucesos internos que nos distinguen de los animales, usando para ello sólo palabras. Las mismas palabras que todo el mundo usa a diario. Por esto parece que es muy fácil escribir. Sin embargo, cuando alguien que no ha desarrollado oficio escritural, se vuelve muy notable aun cuando haya conocimiento. La literatura es un maravilloso engaño para aparentar la sencillez, la cotidianidad, la vida común y corriente. Pero la magia de la literatura radica en que entre “eso” que es la vulgaridad cotidiana, el que escribe regala joyas, materiales preciosos que ese que escribe sabe encontrar o inventar entre la intrascendencia. Pero lo hace como si no fuera esa la intención, como si el hallazgo hubiese sido fortuito, como si el suceso prodigioso hubiera venido mágicamente, él solo. No es así. El que escribe tiene que hurgar, discernir, meditar, reflexionar, afinar la mirada, buscar y… encontrar. Lo ha dicho la desaparecida erudita Ikram Antaki: “En toda la literatura (…) existen sólo dos temas: lo que pasa afuera y lo que pasa adentro. Es decir: el mundo y el alma. Y todos los temas serán finalmente parte de estos dos. Si logras juntar los dos con maestría, serás partícipe de la literatura. Si no, siempre faltará algo”.
Cuando alguien escribe se está mostrando a sí mismo. Está mostrando la parte más profunda de sí mismo. No es necesario decir que se requiere ser valiente. Es como aquellas mujeres que se atreven a mostrar sus cuerpos a todo el mundo para ganar dinero y a veces para hacer arte. Los que escriben tienen en sí una paradoja extraordinaria: escriben mentiras prácticas –lo dijo Alfonso Reyes– pero verdades sicológicas. Juan Rulfo siempre decía ser un gran mentiroso. Pero los grandes escritores, como casi nadie, han mostrado sus propias almas en vastísima totalidad y más aun, con ello logran mostrar el alma de sus pueblos.
Ryszard Kapuscinsky el extraordinario escritor metido a periodista dijo en alguna ocasión que “jamás un sujeto mezquino será buen escritor” y lo corrobora Ernesto Sábato cuando dice que los grandes escritores simplemente “son grandes hombres que han escrito”. Porque los escritores han refinado su alma para ser tales. Porque es el único instrumento con que trabajan.
Por eso a los escritores son gente metida en sí misma, siempre leyendo, porque para ellos no es posible hacer más que leer cuando la gente hace cualquier otra cosa porque no es posible trabajar cuando se lee, digo, por eso los escritores, parece que siempre están leyendo o escribiendo. No es así. Le están robando el tiempo a la televisión, al chisme, a la charla con amigos, al sueño, incluso a la relación con su pareja y hasta al tiempo con sus hijos. Para leer y escribir. Es que los escritores tienen además de su ocupación profesional, la de escribir. Por eso parecen gente rara. Los escritores y los artistas en general, subsidian al arte con otro trabajo, para ganar dinero que les permita sobrevivir y también pagar la literatura. Luego, los gobiernos y la gente común se vanaglorian: “tenemos grandes escritores en México, Rulfo, Arreola, Del Paso, Monsiváis, Fuentes, José Agustín, Sabines, Paz, Pitol”, lo que no saben es que todos ellos, en algún momento sufrieron la pobreza e incluso la miseria y tuvieron que trabajar en otras chambas para subsidiar la gran literatura que crearon y que hoy es de todos nosotros. De igual manera, para que surjan grandes escritores, tiene que haber muchos más que no son tan grandes, que no son geniales, pero que son imprescindibles, porque si no, ¿con quién se tendrá una comparación para descubrir la gran obra? ¿Con quién se formarán los grandes si no es con los medianos e incluso los pequeños? Como en toda actividad humana.
En fin, los escritores, todos los artistas en general, están sometidos a una sociedad utilitaria, comercial, despiadada. Si el mismísimo Platón, príncipe de los filósofos expulsó de su República a los poetas. Pero además así tiene que ser, porque el verdadero artista trabaja “por amor al arte”, así tiene que ser pero no tanto. Por eso es maravilloso cuando se reúnen los escritores. Estoy hablando de los encuentros de escritores que como los médicos, los ingenieros, los científicos, tienen que reunirse para saber qué están haciendo los demás, conocerse, compararse, colaborar, incluso competir y también, cómo no, convivir. Ninguna obra es absolutamente solitaria, toda obra en todo ámbito, es colectiva. Y en la literatura también, como en toda actividad humana, los grandes se alimentan de los pequeños. Por eso y muchas cosas más es imprescindible que los escritores se reúnan.
La literatura, en apariencia, es una diversión sin mayor trascendencia. Pero todas las diversiones del vulgo –no pretendo ser peyorativo, simplemente aplico una palabra para referirme a la gran mayoría de las personas que carecen de contacto con el gran arte en todos sus géneros y que sus diversiones son principalmente la televisión, sus lecturas los Sensacionales de traileros, las fotonovelas, las revistas que difunden los degradantes chismes de amoríos, infidelidades y promiscuidades de seudoartistas que son incapaces de hilar dos frases coherentes; las revistas que, como mulas de la noria, le dan vuelta a la enajenación televisiva–; la gran mayoría de las personas que consumen, finalmente, una falsa literatura, un falso periodismo, un objeto degradado y vil, principalmente en la televisión y sus satélites impresos. Todo ello con escasísimas y honrosas salvedades.
Porque el gran arte, la gran literatura es consciencia. Y a nadie de los grandes empresarios les interesa que eso exista. Los dueños de México se sienten en peligro entre gente consciente, inteligente, despierta, exigente, conocedora de sus derechos, de buen gusto, refinada, que le exija a Televisa y Tv-azteca programas al menos decorosos, obras de arte y no la estupidez con la que quieren que México se conforme.
Los compadres (“México no progresa porque es una economía de compadres” ha dicho un funcionario del Banco Mundial. Los compadres que creen ser dueños del país no permiten ni siquiera el libre juego capitalista, encompadrados con los gobernantes corruptos, a los que tienen agarrados de los ijares, mantienen al país trabado, sometido a su beneficio, tanto de los multimillonarios monopolistas como de los gobernantes corruptos y espurios) que tienen a nuestro país apergollado, al borde de la autodestrucción, desean un pueblo sumiso, estupidizado, insconsciente, adormilado. Por eso Televisa y Tv-azteca se esmeran al colmo en divulgar la estupidez por todos los medios que les es posible.
Por eso los escritores son gente rara. Por eso cuando se encuentran se crea el
Paraíso.
Por quinto año consecutivo se llevó a efecto el Encuentro Internacional de Escritores en Salvatierra, Guanajuato. La ciudad refrendó su vocación por la literatura, por los escritores, esa elite. Una innovación importante este año fue la de llevar los libros y la literatura a la gente del pueblo; una propuesta que se ha hecho desde estas líneas.
El encuentro de Salvatierra tiene virtudes insoslayables. En general es una idea excelente que los escritores se encuentren, siempre lo será. Por fin esta gente rara se encuentra en el paraíso. Tiene a todo el mundo con quien hablar de lo que más le interesa: la literatura. Hablar de los grandes autores de la historia, de los nacionales, de los estatales y los municipales, los amigos.
Pero sería mejor aun si se lograra llevar masivamente la literatura a la mayoría de la gente. A contrapelo de lo que opinan algunos escritores –como el excelente poeta Juan Domingo Argüelles quien sostiene que la lectura de ninguna manera vuelve mejores a las personas– yo sí estoy seguro que leer literatura prolijamente hace mejores a las personas.
Aserto temerario, pues ¿qué es ser mejor persona?
Para mi corto entender, los que se vuelven grandes lectores, es decir, individuos que logran extraer el significado correcto de lo que leen, en otras palabras, los lectores avezados, tienen a su disposición el conocimiento completo de la humanidad… si tuvieran el tiempo suficiente para allegárselo. Tal capacidad –de obtener significado correcto de lo que se lee– es directamente proporcional el conocimiento acumulado. No es de otra manera como se forjan los especialistas, los científicos. Llega un momento de la formación académica en que la escuela se vuelve innecesaria, porque el estudiante –que ha dejado de serlo para convertirse en un estudioso, como lo dijo alguna vez Heberto Castillo– tiene una capacidad de acumular conocimiento sin medida, sólo basta con que tenga a la mano el texto correspondiente para que se apropie de tal conocimiento. Eso es posible sólo por la lectura.
Es en este caso cuando mejor se cumple la propuesta de Borges acerca de que el libro es una extensión de nuestra inteligencia. Porque es entre los científicos donde se cumple que una inteligencia es todas las inteligencias. Los científicos son capaces de apropiarse, tan sólo leyendo, de los conocimientos más avanzados del mundo. Finalmente los científicos operan como una sola entidad, a pesar de las feroces –o gracias a ellas– disputas que suelen sostener en función de conocer o presumir que conocen “la verdad”.
Semejante eficiencia extrema para leer no implica que personas que desarrollen tal virtud sean “mejores”, pero nadie negará que serán más eficientes para apropiarse del conocimiento, que es una manera humana de “ser mejor”. Si estamos de acuerdo en que ser más civilizados es “ser mejores”, entonces la lectura sí nos hace mejores, es decir, nos hace más civilizados, mejor adaptados –en algunos ámbitos– a esto que llamamos civilización.
Pero estoy seguro que el territorio de la personalidad en donde más y mejor influencia la literatura es en la imaginación. Quien lee literatura ha desarrollado y disciplinado su imaginación. Estoy seguro que la crueldad humana se debe en gran medida a que quien la ejerce carece de imaginación. Esta facultad, como ninguna otra nos permite ponernos “en los zapatos de otros” y de allí surge la compasión, tan necesaria, tan olvidada ahora. La literatura, comparto con William Carlos Williams, el gran poeta norteamericano, es salvífica: “Hay personas que viven vidas miserables porque ignoran que existe la poesía”.
No hay duda, en este momento, en este mundo, vivimos Irak, Palestina, las guerras y hambrunas de Africa y la destrucción, la decadencia interminable de nuestro país; en otras palabras, abundan las personas que habitan el
Infierno.
En este momento en nuestro país son asesinadas unas veinte personas diariamente en la guerra del (y, según el gobierno, contra) el narcotráfico. Igualmente cada día ejecutan a jefes o al menos agentes policiacos. Las maneras de asesinar parecen inconcebibles. Es difícil imaginar cuanta crueldad habita en los criminales para torturar a sus víctimas como narran los periódicos que ocurre. Pero además resulta increíble que, como reportó un periódico, un policía diga a un delincuente agonizante que mire hacia la cámara porque está en Te caché, por supuesto, uno de los bodrios televisivos. ¡Por supuesto! Alguien que se alimenta espiritualmente con semejante excremento no puede ser otra cosa. Eso es el infierno, el mundo en donde no existe la piedad ni siquiera al borde de la muerte. Donde los policías torturan a sus propios compañeros, como ocurre en la ciudad de León, con anuencia de la autoridad; ¿qué puede esperarse que la policía haga con los ciudadanos? El infierno es un mundo en el que los instintos animales que aún nos habitan se manifiestan sin control, en el que desaparece la civilización que hemos creado, en donde no existe el arte, sino la ley del más fuerte, del más bruto. Es un mundo en el que la especie humana está en grave peligro de desaparecer, de autodestruirse. Un mundo en el que, como en la guerra del narco, todos pelean a muerte contra todos. Mientras tanto, en México, un pobre hombre que se hace llamar presidente, no preside nada, sino pasa el tiempo escondido y cuando se hace ver públicamente está protegido por centenas de militares, francotiradores, helicópteros y golpeadores, para que nadie se le acerque. ¿Ese preside? ¿Qué…?
El infierno es Atarjea, Guanajuato, donde mi amigo Catarino Concepción, un poeta, un creador de décimas populares, un bardo del pueblo que en sus versos ha recuperado las más entrañables tradiciones de su municipio y de su gente, en su música se arraiga la alegría sincera y candorosa de las personas sencillas que no se han perdido en la estupidización globalizadora que nos convierte en nadie al destruir nuestra identidad; personas que bailan y zapatean como lo hicieran sus ancestros desde hace siglos, con sus acordes y sus versos, donde este poeta crea felicidad, salvación, convivencia, amor, arte y con todo ello civilización, el efímero, el fugaz, el raquítico paraíso que pretendemos darnos está cancelado.
Ese Catarino Concepción, iluso, pretende hacer un encuentro de poetas y decimeros; escritores de versos modernos con trovadores tradicionales de los que hay en las huastecas veracruzana, hidalguense y potosina, cuya influencia ocurre también en Guanajuato, donde están no pocos creadores de huapango tradicional como el famoso grupo Los Leones de la Sierra de Xichú de fama internacional que comanda Guillermo Velázquez.
Catarino ingenuamente pensó que los empresarios de Atarjea podrían hacer algunos aportes en dinero para organizar el paraíso. Quiero decir el encuentro de poetas modernos con versificadores tradicionales de su municipio. Pero los empresarios qué pueden saber o ni siquiera imaginar de paraísos, de civilización. A ellos les interesa sólo su provecho, su beneficio, aunque provoquen que el infierno cunda porque ellos colocan su granito de arena para eso, al explotar a sus trabajadores, al imponer la ley del más fuerte que es la ley de las bestias, al competir ferozmente hasta aniquilar a otros, al ser tan triunfadores, porque todo triunfador está encima de una montaña de cadáveres, al olvidar lo mejor de las creaciones humanas, la obra de arte. Y actuar así no es crear civilización, sino permitir que este mundo se degrade, significa vivir entre los residuos de la barbarie, la animalidad de donde venimos de la que nos salvamos (o quizá nos condenamos a esto, a un infierno peor). Aunque anotemos que, como en todas partes, existen excepciones honrosísimas. Los empresarios de Atarjea quieren que el encuentro de poetas sea tan sólo un escaparate para su beneficio. Qué les importa a ellos el arte, la creación poética, la civilización, la destrucción de este país. Mientras ellos tengan sus ganancias aseguradas.
Es un mundo terrible el que nos toca vivir. Sin embargo, continuaremos creando, procurando las condiciones para que ocurran los paraísos terrenales, para que los infiernos que otros crean no nos lleven a todos a la animalidad como quisieran los potentados.

martes 5 de agosto de 2008

La palabra escarnio (Cógeme pero no me mates, la historia del minotauro triste y los tres degeneraditos)

La palabra escarnio


(Cógeme pero no me mates. La historia del Minotauro triste y los tres degeneraditos)

Al obtener la simpatía de Juanita, la maga,
ella te transforma en un pájaro.
Si no, en reptil, o peor aun, en cuca.

Asunción Rangel



Son cientos de paralelepípedos amarillos regados al arbitrio como si los hubieran lanzado desde gran altura. Parecieran en desorden y tienen entre ellos multitudes de jardines, miles de jardineras, otros tantos pasillos y no menos arbolitos y palmeras. Es la unidad habitacional Lomas de Sotelo. Bonito lugar.
Cipriano es un buen pintor, pero muy tímido. Introspectivo y de tan callado pareciera triste a pesar de ser inteligente, creativo, formidable dibujante y consumado colorista. Mariguano de cotidianidad tal que se muestra incapaz de dar paso fuera de su departamento si no va debidamente intoxicado. Él es un producto de la maravillosa sociedad. Pero exitosísimo por su perfeccionada adaptación al citadino caos a pesar de –o más bien gracias a– su indeclinable drogadicción, pues ha desarrollado importantes talentos a pesar de los inmensos traumas que se carga y que lo hacen así como es: miope, flaco, tímido, mariguano, callado, meditabundo e insignificante como si fuera culpable de genocidio y tratara de pasar siempre de largo.
Vivo en esa unidad habitacional. Fui de visita donde Cipriano para enseñarle mis poemas del último mes. Cargué con una botella de vino tinto. Las opiniones de Cipriano son extraordinariamente valiosas en poesía, siempre y cuando uno tenga la paciencia de esperar que los oiga, luego los lea sin oírlos, los medite sin decir nada mientras fija su mirada en sitios impensados y de pronto en ti desde atrás de sus lentes y se toque lentamente las barbas y acaso fume. Entonces empieza a hablar con lentitud, contundencia, inspiración, desmenuzando el poema como si tuviera un bisturí de claridad y te hiciera mirar las entrañas de tu texto. Lo maravilloso es que Cipriano no opina, simplemente desnuda, penetra sin piedad como si tuviera un espejo que pudiera ver tu texto mucho mejor que una radiografía.
Vale la pena acudir a casa de Cipriano con tu mesada de poemas. Y entonces salí a recorrer los cuatrocientos metros de pasillos curvos, jardines arbolados y suaves declinaciones en la semioscuridad de los arbotantes a las diez de la noche en la soledad que separa los con-demonios que habitamos.
En el clímax de una curva vislumbré una muchacha y me detuve; busqué algún admisible pretexto para permanecer de pie en medio de la noche y mirándola. Fue uno muy poco verosímil porque ella alejó con velocidad y cambiando su ruta aparente. Me sentí un poco apenado. Avancé hacia el habitáculo del agudo Cipriano y, si acaso cuarenta metros adelante, saliendito de una fila de arbustos encontré a la misma mujer –parecía extraviada como futbolista llanero en off side: desconcertada, nerviosa, o mejor, totalmente fuera de lugar– buscando algún domicilio en ese mi laberinto de paralelepípedos ingentes, céspedes silvestres y vegetales de ornato en el que me sentía, y soy, sin duda, el Minotauro. Y ella, perdida, notoria visitante, la víctima del monstruo: yo, Minotauro.
Tuve la impresión que la muchacha huía. Observé la ruta y procuré evitarla, que fuera imposible encontrarme a la temerosa. Para no asustarla. No fuera a pensar que la asediaba, mucho menos la perseguía. Y, en honor de la señorita, me sometí a cursar un pequeño rodeo para la casa de Cipriano con tal que la muchacha no padeciera malestar alguno debido al Minotauro yo, que la había mirado con ojos ciertamente deseosos. Alcancé mi destino por el otro lado de lo habitual y al entrar en el vestíbulo del paralelepípedo habitacional descubrí a la mujer que viera molesta evitándome. Estaba escondida en un rincón esperando que me pasara de largo. Pero su aspecto era infundido por el terror. Comprendí que, según ella, había estado en verdad huyendo de yo el Minotauro y, como ocurre con quien se aterroriza, se metió en la supuesta trampa. Gritó de manera contenida por el terror, creía que mi persecución había tenido éxito y que estaba a mi merced. Temblaba tanto que la cabeza mostraba involuntario, ridículo, sacudimiento. Pobrecita. Me desconcertó. No pronuncié palabra. Quedé súpito un instante y ella, en medio de su incontrolado terror, empezó a desabrocharse la blusa con mano tan temblorosa como su absurda cabeza mientras aspiraba profundamente para infundirse algún valor y decirme alterada entre resoplidos de pánico:
–Muy bien…, muy bien…, señor, usted gana. No…, no voy a resistir, pero sólo quiero pedirle por el amor de Dios…, escúcheme, por el amor de Dios, que no me haga daño. –Hacía un esfuerzo inhumano, tratando de dominar un incontenible jadeo de terror, haciendo el total acopio de su valor–. Voy a cooperar…, se lo juro…, voy a cooperar…, haré lo que usted me diga, pero le suplico que a cambio… no me haga daño, por favor… no tiene que golpearme, obedeceré…, obedeceré lo que me indique…, lo que sea..., lo que sea… –para el momento su brasier estaba a la vista y ella se había repegado a la pared y abría su blusa con sus manitas incontrolables, me miraba levantando la frente como una mártir dominando el llanto y el terror mientras jadeaba haciendo un esfuerzo más que considerable para simular entereza. Admiré su valor. Pero también su tontería inmensa.
–Eeeh, mira, amiguita…, en primer lugar…
–¡Nooo!, ¡no me mate, señor, no me mate, por favor…! Dígame que hago y le obedeceré sea lo que sea, se lo juro, pero le suplico por el amor de Dios que no me haga daño… Tengo dos hijos. Por el amor de Dios le suplico que no me haga daño… Por su madrecita santa, por la virgencita santísima, no me vaya a matar… –Pronunciaba ahora acelerada, violentamente, jugaba al todo o nada. Adopté la actitud más tranquilizadora posible.
–Oye, amiga. Relájate… Tranquilízate, a ver, cálmate… Yo sólo quiero entrar… –pensaría que yo era un empedernido criminal que, con la fría calma del asesino serial, le daba las finales indicaciones.
–Sí, señor, no voy a gritar, voy a hacer lo que usted diga, lo que usted diga, lo que usted diga. –Temblaba y contenía el llanto, a la vez se controlaba para no exasperarme. Tengo llave del vestíbulo del edificio de Cipriano y abrí. Ella me miró y, entre su terror, atinó a preguntar:
–¿Tengo que entrar, verdad?
–No. Haz lo que quieras… Vete si quieres… –le dije sonriendo de nervios como recurso extremo.
–¿Co-co-cómo dice? –en ese momento empuñó su blusita y la cerró.
–Como tú gustes, amiguita…
–¿Puedo irme…?
–Pep… Eeest… por supuesto… –Entonces estalló en un terrible, estentóreo sollozo y se puso las manos en el rostro.
–¿No me va a violar? Perdóneme… ¡¡Aaah… Aaaahh!!… bu-bu-bu… ¡peeerdóoooneme!… Es que yo bu-bu-bu, estaba segura de que usted…, usted me iba…, me iba a violar… ¿Usted no es violador?, dígame ¿usted no es violador, verdad que no? –hablaba llorando y una cascada de lágrimas le recorría el rostro y agarraba con rigidez su blusa para mantenerla cerrada luego que ella misma la había desabrochado. La estampa era conmovedora y también ridícula. –Entonces ¿no me va a violar, señor?
–Perdóname, amiga, no hubiera querido asustarte. Qué mala onda. Pero, ¿tengo tipo de violador?
–No-no-no-no. Es mi culpa… –empezó a hablar ya tranquilizándose–. Es que, usted sabe, los violadores… los violadores andan por todas partes… Además usted trae algo escondido en la chamarra… –me señaló casi de vuelta en su terror. Era cierto, traía la botella de vino para Cipriano. La saqué. Entonces ella agregó la risa a su llanto:
–Estaba segura que traería el cuchillo, la pistola. Ay qué tonta, Dios mío, pero es que tanta inseguridad y… aquí está tan solo y ya es noche… Ay qué pena, Dios mío…
–Bueno, pues discúlpame por el mal momento. Qué pena. –Toqué el timbre de Cipriano y salió de inmediato, como si me hubiera estado esperando.
–¿Quióbole! –me dijo con su habitual indiferencia–, pásenle.
–Vine a verte. Traigo un vinillo y unos poemas. Mira, ella es…, de veras, no sé tu nombre… –la mujer había retomado, aunque trabajosamente, la compostura, incluso terminaba de limpiarse las lágrimas y abrocharse la blusa.
–Aurelia… tanto gusto…
–Cipriano…, pero pasen por favor, adelante…
–Bueno, ella… –iba a disculparla, pero antes de que dijera algo Aurelia ya entraba en la casa de Cipriano.
–Gracias, Cipriano… Y tú no me has dicho cómo te llamas…
–Lucrecio…, para ti el violador…
–Ay, Lucrecio, perdóname… No sé cómo pude…, pero es que ya ves cómo es la ciudad…
–No te preocupes –le dije tomando asiento. Apareció sorprendentemente Laura desde alguna de las habitaciones. “Válgame Dios”, me dije. “No, Dios mío, ¿por qué está descalza y ese vestido es camisón o qué? “No puede ser. Laura. Laurita. Yo, tú. ¿Por qué? Pero además no trae brasier la puta desgraciada. ¿Desde cuándo está aquí o desde a qué horas? ¿Qué significa que una mujer no traiga brasier ni zapatos en la casa de su amigo?”.
Nos saludamos de beso. Hubiera querido decirles de inmediato “¿qué traen ustedes, por qué está aquí esta pinche vieja si yo la vi primero?”. Empezaron a charlar como si fuéramos amigos añejos apenas a cinco minutos de las presentaciones y de inmediato se descorchó mi botella de tinto. Yo estaba trabado y nadie lo notó. Laura, como ama de casa, me carga la chingada, colocó al centro alimentos chatarra y trocitos de queso. Poco rato después, llorando sangre, propuse iniciar la lectura de mis poemas, puesto que ellas estaban presentes extendí el convite a la sesión poética. Para entonces, luego de tres rondas, mi botella agonizaba y Cipriano, previsor, se apresuró a aprovisionar a la sesión con reserva de su cocina, pero la nueva era de tequila. Y no me atrevía a decirles nada. A pedirles que me explicaran. Mierda.
Aurelia estaba tan perfectamente integrada que no se nos hizo raro que no se retirase pronto a pesar, en mi caso, de la extraña manera de conocernos. Leímos poemas y, Cipriano, como siempre, lúcido y reflexivo, los desmenuzaba luego de pensar un momento mientras Aurelia y Laura no evitaban los comentarios no tan valiosos, pero yo no entendía nada. Me urgía saber qué estaba pasando entre Laura y Cipriano.
La lectura inútil de los tres poemas y los estériles comentarios de Cipriano, sin interlocutor y más de media botella de tequila, habían consumido unas dos horas. Preferí suspender la sesión y saber qué hacía en tales condiciones esta ramera con el pintor drogadicto; lo peor era que las mujeres se dedicaban a encontrar motivos chuscos (de neto humor involuntario) en mis poemas. Chingao. Borrachas burlonas. Putas malditas. Estaban muy contentos y, de ebrios, a medios chiles. Y tan tranquilos que empecé a dudar. “Capaz que estoy inventando. ¿No es posible que ella esté aquí así, sin zapatos ni brasier ni sexo con su amigo?” Admití que sí.
Cipriano se dirigió al interior de su casa mientras carcajeaban por alguna razón o quizá más bien sin ella. Por fin Laura me preguntó “¿Qué tienes?, estás muy serio”. Puta. Puta. Pensé. El pintor regresó munido de un cigarro hechizo y monumental, del que emanaba el característico y poderoso hálito petatero.
Feliz y callado Cipriano el mariguano se arrebujó en un sillón, casi femeninamente, subiendo los pies y recogiéndolos, mientras las otras pronunciaban banalidades él arremetió con fruición aspirando el humo de la mariguana. Luego pasó el cigarro a Laura que también le dio cuatro o cinco envidiables chupadas. Empecé a pensar que yo estaba paranoico. Llegó mi turno. No quise ni pude ser menos. Y el cigarro –así era de inmenso– parecía infumado, que no infumable. Se lo pasé a Aurelia que me miró desconcertada a pesar de su embriaguez galopante pero simulándose muy en ambiente me dijo:
–¿Se fuma…, esto se fuma…, normal?
–Absolutamente normal –le dije para evitar motivos de alarma. Para qué…
Laura y Cipriano eran amigos viejos de la canabis, pero Aurelia, como confesara, licenciada en administración de empresas, no acumulaba idea sobre la vida de un pintor drogadicto y dipsómano, Cipriano y de una guionista televisiva, putísima y alcohólica, Laura.
En un rato decayó el ambiente que habían creado, la yerba convoca a la introspección. Cada uno abordó su viaje interior. A mí, como siempre, me aligeró. Volví, tras tres fumadas, a ver a Laura linda muchacha y a Cipriano querido y viejo amigo.
Aurelia, licenciada en administración de empresas, en cambio, transitando su iniciación en las drogas canábicas, se levantó y empezó a mirar pequeñísimas áreas de las paredes desde muy cerca, como si descubriese un insólito desfile de insectos de fauna fantástica circulando por el muro. Sabedores de los efectos mariguanescos en la gente bisoña nadie la tomó en consideración.
En otro momento estuvo observando sus manos con singular atención, empezó a sentir angustia, a mirar en todas direcciones como si la persiguieran. Y me descubrió. Yo estaba perfectamente aligerado.
–Dime algo… ¿Tú me ibas violar?... Dime la verdad, por favor… ¿Sabes una cosa? Tú…, tú me violaste. Me violaste porque sentí…
–Sentiste que te violé…, pero por favor…, no me digas eso…
–No, sentí el terror…, el terror de ser violada ¿sabes qué es el terror de ser violada? –la miré un instante desmesurado, traté de pensar, imaginar como sería violarla… No pude imaginarlo, me descubrí (alabado sea el cielo) negado, incapacitado para violar ni a una muñeca inflable. Sin embargo, de alguna manera tenía razón. Pero le dije:
–No lo creo…
–Ya me voy…, no puedo estar aquí…, contigo…, tú ibas a intentarlo…, pero te arrepentiste porque ya me habías hecho el daño psíquico –aquí pronunció mal y con dificultad– no puedo…, ya me habías violado –Aurelia traía un viaje espantoso. ¿Quién puede dudar que una LAE, inocente de ella, acumula cantidades inconmensurables de esa mierda que nos echa encima el establishment: estrés, terror por los violadores (¿y pasión enfermiza por ellos?), por los secuestradores, por los narcotraficantes, por los raterillos en general, fatiga crónica, miedo consuetudinario, furia contenida, frustración de rutina, desesperanza hasta la más infinita lejanía? Nadie.
La licenciada transitaba su microinfierno. Los otros, Laura y Cipriano, en tanto, gozaban de manera indecible el estupor mariguanesco y veían con alguna indiferencia y hasta no poca molestia a la LAE que padecía, a través de horribles percepciones, la manifestación de sus infamados interiores. Empecé a pensar que no sería mala idea que Laura, Cipriano y yo… Claro, un trío. Un trío feliz. ¿Por qué no?
Aurelia trató de salirse corriendo como loca. Hasta que lo logró. ¿Qué hacemos? “¿La dejamos?”, dije pensando en tres. No, está bien trastornada. Mejor traerla, a ver si se calma.
–A ver, vamos por ella –dije a Laura y Cipriano.
–Dice que la violaste.
–Dios santo. Imagínate…
–¿Entonces qué le hiciste?
–La encontré aquí, en este rincón, escondida, esperando que alguien la violara, pero sin madrearla.
–Ay, no. ¿En serio?
–Lo primero que me dijo fue no me mates, cógeme pero no me mates… Te lo juro. –Cipriano fue por ella. Con su modo circunspecto y sereno se la trajo abrazada. Todos estábamos bien mariguanos. Ella lloraba en el hombro del pintor. Pedía protección. Cipriano algo le dijo en el oído. Ella, desesperada y llorando, lo besó en la boca, larga, furiosa, desesperadamente. Laura se acercó. Se acercó. Se acercó, les puso sus manos en los sendos hombros hasta que su rostro estaba junto a los de ellos que se besaban interminablemente; al final ella también participó (y era correspondida en el beso triple) por los otros dos. El cuadro era hermoso y aberrante. Malditos, o sea que sí, desde antes. No soporté, empezaban a manosearse. La metieron. Al entrar él me miró y me hizo un discreto gesto de invitación a pasar con ellas. Habrá una orgía, dijeron sus ojos. Le sonreí sintiéndome el perro que ve a la pareja de canes pegados, le agradecí y me fui a mi casa.

Dos semanas después, de mañanita, me encontré a la otrora perdida Aurelia. Esta vez refulgía de seguridad. Y yo era sólo otro transeúnte; no más Minotauro. Sorprendía de correcta: traje sastre señorial, pelo impecable y relamido, tacón ejecutivo, bolso discreto. Una empresaria activa y elegante, en realidad una exitosa LAE.
–Hola, ¿cómo estás?
–De maravilla –respondió sonriendo con alguna exageración, radiando su éxito, como lo hace esta gente de hoy tan positiva.
–Ya vivo aquí, ¿no sabías, verdad? –serenamente miró en todas direcciones como si se asegurase que nadie iba a oírla–. Estamos los tres. Juntos. Quiero decir, vivimos juntos. Es muy poco tiempo, pero fíjate, ya estamos pensando en firmar un convenio de convivencia, como los matrimonios de homosexuales, pero aquí sería entre los tres, ya que el matrimonio entre tres no es legal… (Válgame Dios). La experiencia, te diré, es muy…, motivadora. Te confieso que lo central es el sexo. –¡Madre mía! Y conste que no le había preguntado nada.
–¿El sexo!, lo dices tú, la que sostiene que la violé? –me miró extrañada.
–Lo digo porque así ocurrió. Si me hubieras penetrado ya era absolutamente secundario, intrascendente. El daño estaba hecho.
–Santo Cristo. Nunca pensé… que yo… fuera capaz…
–Bueno, eso es otra historia… Pero, mira, ahora estoy tan feliz. Consumiendo la cannabis sativa como debe ser provee efectos prodigiosos… Nunca antes lo hubiera imaginado.
–¿Y cómo es como debe ser?
–Pues como Dios manda.
–Ah, claro. ¿Y la real motivación es la mariguana o el sexo?
–Ambas. –Empezó a hablar meditando cuidadosamente sus respuestas–. La mariguana es el contexto, el coito triple la acción. –Hacía pausas brevísimas para colocar las palabras más justas a su descripción, volteaba los ojos hacia arriba procurando concentración–. La mariguana es el escenario, el menage a trois la obra… ¿Sí me entiendes? Ella es sexualmente voraz y emprendedora. Él, lascivo e inteligente. Yo soy sucia y sin límites. El acoplamiento, hasta donde sé, insuperable. Ja ja ja… ¿qué te parece…?
–Dios mío, Cipriano, Laura –la miré un instante: era paradójica, inocente y directa en su depravación– no quiero imaginarme la cantidad de porquerías…
–¿No puedes? Te cuento algo si quieres…, mira, generalmente la que empieza es Laurita, aunque no es regla, de hecho no hay reglas; puede ser que lo requiera a él, o a veces me solicita…, lo cierto es que no tiene que insistir mucho…, porque…
–No, no, no… No me cuentes. No quiero sentir envidia. –En ese momento recordé el insólito beso triple–. Mejor luego nos vemos… ¿sabes qué…?, aquella vez te hubiera violado…
–¡Me violaste!
–¡!... Bueno. Mejor un día de estos paso a visitarlos para leer poemas. –Le di, a manera de despedida, un beso apresurado y me fui tan rápido como me fue posible.

lunes 21 de julio de 2008

Perdamos el respeto a la Iglesia Católica


Perdamos el respeto a la Iglesia
Beatriz Gimeno
Intervención de Beatriz Gimeno en la presentación del libro “La Iglesia furiosa”, realizada el 21 de febrero en Madrid, sala Maldonado 53. Beatriz Gimeno es novelista, ensayista y vocal de la Federación estatal de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales. Miembro del consejo editorial de la revista Trasversales. Miembro de la Federación Internacional de Ateos (FIdA).
Yo sí que estoy furiosa. Y la furia puede que me impida hablar de la iglesia desde la razón. En todo caso, contra su furia irracional, la nuestra racional. Pero lo cierto es que en muchas ocasiones entramos en discusiones completamente irracionales. De dios no se puede discutir porque no existe. De lo que se puede discutir es de las consecuencias que dicha creencia tiene. Consecuencias políticas y sociales. Así que, finalmente, el hecho de que mucha gente crea en dioses nos incumbe a todos.
Y la mayoría de los que estamos aquí somos ateos, activistas sociales o políticos, que estamos convencidos de que la necesidad de luchar por un estado laico. Esta lucha sigue siendo necesaria a pesar también de que es irracional porque un estado democrático no puede ser otra cosa que laico. Ya es una concesión hablar de libertad religiosa en un estado democrático y de derecho; es redundante, faltaría más. La libertad religiosa está garantizada en la libertad de conciencia, de asociación, de expresión, de reunión… la libertad religiosa está garantizada por la libertad. La libertad religiosa debería ser como la libertad para afiliarse a cualquier otra asociación con vocación de hacer proselitismo.
El problema es que el proselitismo que puede hacer una asociación está siempre en dependencia directa de los valores de los que se proponga ser prosélita. Si dichos valores son antidemocráticos, sexistas, homófobos, discriminadores, contrarios a la libertad… en ese caso dichos valores no deberían poder enseñarse en ningún espacio público, cuánto menos en una escuela. Hay que atreverse a decir que hay valores sobre los que la sociedad ha alcanzado consensos democráticos y que no deberían poder enseñarse en ninguna escuela. Que la mujer es más apropiada para cuidar a los niños que los hombres o que la heterosexualidad es superior a la homosexualidad, tiene derecho a creerlo cualquiera, e incluso a expresarlo, escribirlo, defenderlo, sí, pero no a enseñarlo a los niños y niñas.
Y sí, puede que no se deba enseñar ateismo, pero de la misma manera que en un sistema democrático se debe enseñar lo que significaron el nazismo o el estalinismo, no hay ninguna razón para no enseñar lo que ha hecho y dicho la iglesia a lo largo de la historia. Ni razón alguna para obviar que sus valores son contrarios a la igualdad, la libertad y la felicidad.
Y sin embargo, aún no nos atrevemos a discutir que la iglesia católica tenga derecho a enseñar estas cosas en sus escuelas, que encima pagamos todos. A la iglesia católica (que es la que nos toca) le hemos perdido la fe, pero no hemos aprendido a perderle el respeto. Y desde la furia quiero que aprendamos a perderle el respeto. La iglesia católica dispone de un excedente de respeto que parece no terminarse nunca. ¿Qué más tiene que hacer para que le perdamos el respeto? Quizá no existe otra organización que siga funcionando que haya traído, que siga trayendo, tantos crímenes, tanta injusticia, tanta infelicidad. Las iglesias matan. La iglesia católica mata cuando se opone al uso del condón en países que luego no pueden pagar las medicinas contra el sida. No hay en el mundo una organización con tantas condenas firmes por pederastia y abuso infantil. Y es curioso que la pederastia, que es fundamentalmente heterosexual, en el caso de la iglesia, en cambio, sea fundamentalmente homosexual. Pero, eso sí, sus condenas contra los homosexuales recorren el mundo haciendo que en muchos países la vida sea invivible para éstos. Estamos hablando de Latinoamérica, donde las iglesias atacan y condenan la homosexualidad legitimando a los paramilitares y escuadrones de la muerte que matan a tres homosexuales al mes en Brasil, por ejemplo. Hablo de la iglesia que ha apoyado toda clase de regímenes asesinos en Latinoamérica, en España. Hablo de la iglesia que prefiere una niña de 9 años muerta o madre a que aborte. Hablo de la iglesia que pretende (si la dejáramos) condenar a todas las mujeres a vidas invivibles y a todos y todas a la infelicidad. Y aun le tenemos respeto.
Como mucho, respeto su libertad personal de creer en dioses inexistentes, pero entra dentro de mi libertad no respetarles. No les respeto. Les combato. Y con la máxima beligerancia.
Todos hemos conocido a católicos que son gente inteligente y solidaria. Pero para mí esto es un misterio. Forma parte de la complejidad de la naturaleza humana que personas inteligentes crean un absurdo, que personas de izquierdas se empeñen en pertenecer a una organización de derechas, que personas que luchan por la justicia se empeñen en estar dentro de una organización que apoya todas las injusticias; que estas personas estén dentro de una organización que les querría fuera. Estoy cansada de tener siempre que distinguir, hilando muy fino entre la iglesia y los fieles, entre la jerarquía y la otra iglesia. Respeto la libertad de las personas, pero quiero decir que la iglesia es lo que es y tiene voluntad de serlo casi desde su fundación, y de seguir siéndolo. La iglesia es una enorme estructura con una enorme y no cuestionada influencia educativa, económica, mediática, que trabaja contra los derechos individuales conseguidos tras muchos sacrificios. No es posible oponerse a esa estructura con paños calientes y con cuidado en no herir a los creyentes. Los creyentes nos hieren a nosotros y muchos de los creyentes del mundo querrían vernos muertos. No quiero tener que comenzar mis charlas sobre la iglesia distinguiendo con mucho cuidado entre ésta y el fundamentalismo. La iglesia católica ha sido fundamentalista mientras ha podido, y tiene voluntad de serlo, y lo es dónde puede. Todas las iglesias tienen esa voluntad.
Y en el futuro puede ser más grave. La injusticia global en la que estamos cada vez más inmersos, sometidos a fuerzas que no comprendemos, sin culpables que han desaparecido en superestructuras imposibles de controlar… es evidente que un subproducto de todo esto será el fanatismo religioso, el más irracional, el más difícil de combatir, y que se va a manifestar de muchas maneras. La gente cree, cada vez más, en todo tipo de cosas, en religiones sin dios, en dioses sin religión, en el destino, en la suerte, en las plantas, en los posos de te, en los astros… Y no podemos confundir, desde la izquierda, la necesidad de la aconfesionalidad del estado con la reivindicación de la pluriconfesionalidad.
Como dice Bauman, si la fe en el progreso en un momento dado fue una manifestación de optimismo en el futuro, ahora el progreso da miedo porque la globalización y la injusticia globalizada frente a la que nos hemos quedado sin respuesta auguran un crecimiento del pensamiento irracional en todo el mundo.
La creencia en dios sirve para construir un sentido. Nos dijeron que si dios moría el ser humano no podría vivir sin sentido. Pues sí se puede; los ateos podemos y no somos ni más felices ni más desgraciados que los creyentes. Por el contrario, quizá sea la certeza de que la trascendencia no existe lo que nos permita contemplar de verdad y con el necesario horror los millones de vidas eliminadas, borradas, vidas sufrientes, explotadas para el bienestar de otros. Sólo desde el abismo del absurdo, de la negación de cualquier significación, uno/a puede entender que el único atisbo de sentido es luchar para que cada vida disponga de las mismas oportunidades para encontrar, si no una razón, al menos sí sus momentos de goce y de felicidad.

martes 8 de julio de 2008

El gobierno de Calderón al servicio de los ricos

México se encuentra en una terrible circunstancia de desintegración. Los síntomas son francamente de desastre. El gobierno está cada vez más cerca de no gobernar a nadie. En primer lugar, los grandes potentados que proveyeron de recursos al presidente espurio están cobrando sus favores. Hoy no sólo son ingobernables para la administración de Felipe Calderón, sino que ellos le dictan las órdenes.
Por ejemplo: en 2007, según cifras de la Bolsa Mexicana de Valores, CEMEX registró ventas por 236 mil 669 millones de pesos, sólo pago el 2% de impuesto sobre sus ventas; TELCEL, con ventas por 311 mil 579 millones de pesos, pagó el 3.9%; Bimbo, con 72 mil 294 millones de ventas, pagó el 2.3%; WAL-MART, con 224 mil 173 millones, pagó 2.5%. COCA-COLA, con ventas de 68 mil 969 millones, pagó 4.8%; GRUPO MÉXICO vendió 68 mil 412 millones y pagó 7.6%; KIMBERLY CLARK, vendió 21 mil 480 millones de pesos y pagó el 5.7% y GRUPO MASECA que vendió 9 mil 11 millones de pesos y pagó el 2.9% de sus ventas. Habría que agregar que estas empresas presentaron impuestos diferidos en sus balances por 74 mil 471 millones de pesos; es decir, obtuvieron créditos fiscales por el doble de lo que pagaron de impuestos.
Por otra parte, los poderes fuera de la ley, como son los narcotraficantes, tienen cada vez más en jaque al gobierno. La Organización de las Naciones Unidas ha manisfestado a través de uno de sus altos funcionarios que el real poder en México se encuentra en manos de los capos del narcotráfico en el 60 por ciento de los municipios del país. Es decir, en tales sitios no gobierna el presidente espurio Calderón.
México se encuentra sometido a los caprichos de la poderosa nación del norte, EU, quien ha impuesto a nuestro país el acuerdo llamado Iniciativa Mérida, a través de la cual nuestro país deberá admitir la intromisión de fuerzas armadas norteamericanas. Además, éste es el inicio a la integración de México a la ASPAN (Asociación para la Seguridad y Prosperidad de América del Norte -¡sic!) que colocará a México como un enemigo más del poder islámico y, con ello, como objetivo militar de los enemigos de EU conseguidos gracias a su histórica actitud de depredación.
Por último, como el más grave atentado contra la nación, el gobierno de Felipe, el Espurio, Calderón, ha dado a conocer su propuesta de modificaciones a la ley para entregar Pemex a las grandes compañías transnacionales.
Para realizar este acto de traición a la patria, Calderón pretende hacer creer que sus leyes no son privatizadoras, lo cual es una burda mentira. No es posible llamar de otra manera al hecho de que se proponga que las compañías transnacionales tengan acceso a todos los trabajos de Pemex (lo cual prohibe la Constitución Mexicana) y el gobierno diga obsesivamente que no es privatización entregar el trabajo de Pemex a las compañías privadas.

sábado 5 de julio de 2008

Ingeniero Javier Jiménez Espriu

Ing. Javier Jiménez Espriu

PRESENTACIÓN en el Foro sobre la Reforma Energética en el Senado.

México, D.F.

Señores Miembros de la Junta de Coordinación Política del Senado de la República
Agradezco su invitación para exponer en este foro mis puntos de vista sobre las iniciativas del Ejecutivo para la Reforma Energética.
En función del tiempo disponible tocaré sólo los temas que estimo de mayor preocupación sobre los textos de las iniciativas y sobre su impacto en la ingeniería y el desarrollo tecnológico de México.
Dejaré fuera los detalles que me parecen mejorables sobre la autonomía de gestión –fundamental para Pemex-, tomando en cuenta que ya se han comentado, incluso por algunos de los Señores Senadores, ajustes necesarios al régimen de gobierno y a las funciones, orígenes y designación de los Consejeros independientes propuestos y sobre la importancia de la Comisión del Petróleo y la vigilancia y el desarrollo de un plan energético de largo plazo del que carecemos y para el cuidado de la plataforma de explotación de hidrocarburos, asunto que se ha manejado en función de las necesidades financieras del país y no de su seguridad energética.
Y desde luego sobre la reforma del régimen fiscal de PEMEX, que me temo vendrá con la consideración de “no afectar la contribución de PEMEX a las finanzas públicas”.
No detallaré tampoco mis dudas –muy personales ciertamente- sobre la legalidad de los bonos petroleros que se ofrecen, que según yo, en los términos planteados transfieren a particulares, aunque sea en mínimas cantidades, parte de la renta petrolera.
Me refiero a mis preocupaciones mayores:
Con plena convicción, considero que la propuesta de Reforma, desde el diagnóstico, es insuficiente en el análisis económico, discutible desde el punto de vista técnico, inconsistente en el aspecto legal, ignorante de contenido histórico y ayuna de sensibilidad política.
Menciono los cinco aspectos, porque PEMEX no puede analizarse a fondo, si se soslaya cualquiera de ellos, porque PEMEX no es una industria común.
Se trata no sólo de la empresa que tiene a su cargo los más importantes recursos naturales con que nos dotó la naturaleza, -aunque los hubiera escriturado el diablo- y cuyo cuidado consagra nuestra Carta Magna como área estratégica y de exclusividad del Estado Mexicano.
No es sólo una empresa productora de “commodities”. Es una institución que como ninguna otra, ha hecho viable el desarrollo de México, posible su factibilidad financiera y enfatizado su identidad como Nación independiente.
Es una entidad símbolo que se encuentra enraizada en el alma de los mexicanos. PEMEX es desde su nacimiento, la empresa emblemática de la soberanía nacional.
Su importancia económica, política -interna e internacionalmente- y social, en un todo inseparable.
Además de esas carencias de las iniciativas, resulta insuficiente el plantear como Reforma Energética únicamente la reestructuración de Petróleos Mexicanos -ciertamente la parte más importante del sector energético y de urgente y conveniente reorganización-, sector que es un complejo sistema interdependiente que no puede lograr su optimización con decisiones parciales.
La propuesta resulta además inconsistente, porque surge de un procedimiento contrario a toda lógica. Se ha partido de la decisión de abrir PEMEX al sector privado y luego se han acomodado premisas, argumentos, datos y diagnóstico –en ese orden – para sustentar la solución decidida de antemano.
Los mexicanos sabemos leer, analizar y discernir, y de la lectura, el análisis y la discusión de las iniciativas deducimos con meridiana claridad su intención primigenia y sabemos que si se convierten en ley: se autorizan los contratos de riesgo; PEMEX inicia su privatización, claudicando de la exclusividad que la Constitución le otorga en el conjunto de la industria petrolera y por lo tanto se debilita, se minimiza e inicia su transformación de una industria integrada –forma hacia donde se dirigen todas las del mundo que no lo están aún-, a una organización administradora de contratos cuyos beneficiarios no serán quienes hoy se dice son los dueños del petróleo mexicano.
Hay además, entre esos mexicanos, un importante grupo de compatriotas altamente capacitados en todas las áreas de la industria petrolera, tanto en la paraestatal como en el sector académico, en las jubilaciones prematuras y en empresas privadas a donde los ha llevado la inconsistencia de las políticas públicas, que conocen la verdad de todos los pasos de la industria, de las condiciones de nuestras reservas, las formas de optimizar la producción, los tiempos y formas para la búsqueda de nuevos yacimientos, para la adquisición de las tecnologías necesarias para la industria y para la formación del personal requerido, en suma, capaces de atender las necesidades actuales y futuras de nuestra industria fundamental, sin necesidad de compartir una sola molécula de nuestros hidrocarburos, ni entregar parte de los beneficios de la industria a la participación privada.
No podemos por lo tanto aceptar, como dogmas de fe, las menciones oficiales de que con la propuesta PEMEX se fortalece, que no hay contratos de riesgo en la misma, que no hay privatización, que los hidrocarburos son y seguirán siendo sólo de los mexicanos y que no hay otra forma de incrementar nuestra capacidad de ejecución si no es con onerosas alianzas estratégicas.
Porque permitir los contratos de riesgo, que no es otra cosa lo planteado en los artículo 4o de la iniciativa de la Ley Reglamentaria del Art. 27
Constitucional y 45 y 46 de la propuesta de nueva Ley Orgánica de PEMEX entre otros, que la autorización para suscribirlos por asignación directa, discrecional e incluso, confidencial, o sea, compartir la renta petrolera en beneficio de los poderosos de siempre y en detrimento los dueños legítimos del recurso.
Porque proponer la participación privada en la refinación del petróleo y en la propiedad y operación de oleoductos, es entregar a los poderosos de siempre –de aquí y de allá y más de allá que de aquí-, dos eslabones fundamentales de la cadena de valor de la industria de los hidrocarburos, decretando el inicio de su desintegración y trastocando el espíritu y la letra de la Constitución.
Porque se refiere a la industria petrolera integral como área de exclusividad del Estado, y en la leyes secundarias se pretende limitar las áreas estratégicas de la industria, reduciendo arbitraria e ilegalmente el espectro que define la Constitución, y transfiriendo al sector privado nacional o extranjero funciones que la letra y el espíritu de la Ley Suprema otorgan indubitable y exclusivamente al Estado. Refinerías y oleoductos pierden su condición estratégica.
Y esto no es otra cosa que privatizar, objetivo fundamental de la propuesta.
Las iniciativas se construyen a partir de algunos datos sesgados, de un lenguaje engañoso y de algunas verdades a medias. Y las verdades a medias, son mentiras dolosas.
Porque es cierto que PEMEX está técnicamente quebrado; que las reservas de Cantarell declinan; que no tenemos aún la tecnología para perforar a grandes profundidades en el mar -aunque no estamos en cero-; que el
Sindicato de PEMEX es enormemente oneroso -aunque eso se soslaya-; que sólo tenemos petróleo para diez años con los actuales ritmos de explotación, válido si ya no hacemos nada para probar nuevas reservas ni optimizamos la explotación de las probadas; que en PEMEX hay ineficiencias y corrupción; que se requiere una reforma de fondo.
Pero ésta debe ser en beneficio única y exclusivamente de la Nación y es sólo parte de una Reforma Energética integral que es importante y necesaria.
Pero también es verdad, que no se exterioriza porque se opone a los intereses de quienes pretenden abrir la industria petrolera a la iniciativa privada, que PEMEX está técnicamente quebrada a propósito, con una cortedad de miras inaceptable y sin consideración de su potencial, ni de su importancia para el desarrollo del país, ni de sus necesidades de inversión, mantenimiento y modernización -para lo que es ampliamente solvente- y de protección de la soberanía de la Nación.
Que esto ha sucedido por largo tiempo y sin definir una política energética ni petrolera que es imperiosa para el desarrollo de la industria y de México, como es cierto también que esa empresa técnicamente quebrada, con ineficiencias y algunos grupos y personas corruptos –lo que no es de ninguna manera aceptable y urge modificar – es de todas formas una de las petroleras más rentables del orbe, sino es que la más, antes, desde luego, de las exacciones impositivas y políticas a que está sujeta.
Que es la única petrolera del mundo a la cual sus administradores no le han permitido aprovechar los recursos del “boom” del precio del petróleo para atender sus deficiencias y rezagos; para instalar refinerías, para modernizar y ampliar su red de ductos, para incentivar la investigación y el desarrollo tecnológico y para promover la industria petroquímica.
Que contamos con tantas posibilidades de explorar y encontrar petróleo y gas en el territorio y en aguas someras como en las grandes profundidades del océano; que la urgencia de ir al fondo del mar es sólo de los interesados en la participación privada en PEMEX y no de la razón técnica ni de la planeación estratégica.
Y así, otras muchas verdades que se ocultan para no desvirtuar las que parecen dar argumentos a una decisión tomada, porque siguen insistiendo en lo mismo: abrir PEMEX a las “alianzas estratégicas” – ahora con contratos de desempeño-, decisión extrañamente tan válida e invariable para quienes la han propuesto, cuando nuestro petróleo estaba a 30 dólares por barril, que ahora que está a 100.
Si fuera verdad que no tenemos ni la capacidad tecnológica ni el dinero, cierto es que tenemos el petróleo y quien tiene el petróleo puede poner las reglas del juego para adquirir la tecnología y obtener el dinero.
Y estamos a tiempo también para seguir preparando a nuestros ingenieros y técnicos, algunos de los cuales lo están haciendo a pesar de la poca voluntad y aliento de los políticos y estarán en condiciones para adquirir la tecnología –en términos de desarrollarla o comprarla y asimilarlas- con acuerdos comerciales de transferencia con quien la tenga y en tiempo oportuno.
Esta Reforma Energética planteada es el pretexto para la reestructuración de PEMEX, urgente sin duda, conveniente sin duda; pero la premura de su presentación esta fundamentalmente motivada no por la reestructuración en sí, sino por el interés en su apertura al sector privado. La propia iniciativa, en los tiempos que marca, señala el ritmo precavido de muchas de sus propuestas válidas sobre la autonomía de gestión y sobre el uso de los recursos excedentes, pero establece en cambio, como inicio de las posibilidades de contratación en un régimen especial por demás laxo, el día siguiente a la publicación de la Ley.

La reestructuración y sus resultados tomarán varios años –ya lo mencionó el propio Presidente- y ya no tocará a su administración el disfrutarlos-, ...
pero los contratos fluirán de inmediato.

En el documento del Banco Mundial titulado: “Creando las Bases para el crecimiento equitativo de México, 2006-2012”, entregado a nuestro gobierno unas semanas antes del envío de las iniciativas al Senado, se dice en lo relativo a energía que: “aunque la condición de PEMEX como monopolio de Estado está garantizada en la Constitución, sería necesario encontrar alguna forma de asociarse con otras compañías para realizar actividades de exploración que eviten problemas de seguridad energética en el futuro y generen incentivos al trabajo eficiente en el sector. Petróleos Mexicanos carece de recursos técnicos y financieros para realizar actividades de exploración más intensas”.
El dogma de que “no tenemos ni el dinero ni la tecnología y por lo tanto no queda otra que asociarnos entregando parte de la riqueza nacional” –ahora que nuestro petróleo cuesta más de cien dólares por barril–, es un falso dilema que tiene su origen, queda claro, en las oficinas del Banco Mundial y en las reflexiones de los analistas pagados para establecer el plan estratégico de los dueños del Banco, que no tienen ciertamente como objetivo el crecimiento equitativo de México, sino el garantizar la seguridad energética de los mayores consumidores de petróleo del mundo.
No es explicable, entre otras muchas cuestiones sin explicación, tanta coincidencia entre las recomendaciones del organismo internacional y las iniciativas presidenciales.
Que lamentable que estén tan cerca de las recomendaciones del Banco Mundial y tan lejos de los Sentimientos de la Nación.
Esta propuesta, por lo demás, no es ningún invento original; ya en 1992, sin modificar la Constitución y a través de leyes secundarias – inconstitucionales, según yo– se abrió la generación de energía eléctrica para servicio público y hoy el 30 % de la generación para este objeto, que según la Constitución es área de exclusividad del Estado, la hace el sector privado, extranjero, en un negocio redondo, sin riesgo, que le ha dejado pingües ganancias a diversas empresas transnacionales y que no se ha reflejado en ningún beneficio para los ciudadanos.
Así se “fortaleció” a la Comisión Federal de Electricidad, con los mismos argumentos de que no se privatizaba, que no se vendería un solo tornillo de la paraestatal, luego de amenazarnos, igual que hoy con el petróleo, de que en pocos años nos faltaría la electricidad si no se aceptaba la modificación propuesta.
Evidente y preocupante semejanza entra nuestra reciente historia eléctrica y nuestras perspectivas petroleras.
Sobre ese asunto quisiera hacer un comentario pertinente –o impertinente, juzgarán algunos. En 1993, recién aprobada la mencionada Ley del Servicio Público de Energía Eléctrica, oí en un programa de televisión que conducía Nino Canún, una amplia discusión sobre el tema, en la que, el licenciado Felipe Calderón, entonces diputado por Acción Nacional, tuvo una participación inteligente, razonada, informada, al final de la cual, concluyó: yo estoy totalmente de acuerdo con el objetivo de permitir a la iniciativa privada su participación en la generación de energía eléctrica, pero estoy plenamente consciente –dijo- de que la ley aprobada es anticonstitucional.

Mi opinión personal y debo exponerla aquí, es que nos engañaron antes con la amenaza y nos quieren engañar ahora con el disfraz.

Sí se puede contratar la tecnología sin compartir una sola molécula del hidrocarburo y sí se autorizan los contratos de riesgo en las iniciativas.


¿Qué haremos después en una nación como la nuestra, sin ingeniería y desarrollo tecnológico propios?

Seguramente, otra vez, cambiar vidrios y espejos por los frutos de nuestras entrañas –del crudo a la mano de obra barata-, aunque ya no usemos penachos con plumas ni obtengamos nuestros títulos y grados en el Calmécac.

No hemos aprendido una lección fundamental: la autodeterminación tecnológica, y por ende el apoyo al desarrollo de la ciencia y la tecnología, son cuestiones de supervivencia nacional y nosotros, en lugar de estimularlo, hemos ido cancelando, por ignorancia, por soberbia o por intereses discutibles, los escasos logros en investigación y desarrollo que un día fueron y hemos obstaculizado el florecimiento de nuevas acciones.
Les agradezco su atención.
Ing. Javier Jiménez Espriu
Mayo 15 de 2008

martes 1 de julio de 2008

Roña y furia en Guanajuato

Roña y furia en Guanajuato.

Pterocles Arenarius

Somos menos que pinches animales. Somos como perros callejeros. Roñosos. Rabiosos. Somos bien pedotes. Y también somos pachecos y también somos pancheros, ¿cuál es tu pedo, güey? Has de ser uno de esos putitos que vienen del Centro a conectar mota por aquí ¿verdá? Ah, chingá, cómo chingaos dices que no fumas mota. ¿Que quieres información? ‘Tas loco, cabrón, si aquí no hay nada, aquí no hay información desde el mes pasado que mataron al Moco. Eso sí salió en la Línea Roja, pinche Moco, por fin fue famoso, aunque su única foto se la tomaron acuchillado. Pero de ai en fuera aquí no hay ni madres. Mira, antier subió la tira y la bajamos con una pinche piedriza, pero nadie se dio cuenta, más que ellos y nosotros: órale, hijos de su puta madre, los bajamos a puros pinches piedrazos, mira, desde La Venada hasta El Carrizo. Hasta chillaron la sirena pa’pelar gallo en chinga, los traíamos vueltos madre. Bien chido. ¿Vas a mocharte con la guama?, órales, me late. Pero qué información quieres; como de qué, cabrón… Ah del punk… Pus yo soy punk, metalero, darketo no, porque ésos son putos. Sí me late mi greña pintada de morado. O verde. Una vez agarramos el pedo de bajar al Centro. Éramos una banda de ni tantos, unos treinta batos y serían quince morras. Na’más caminamos por el Centro, por el (templo de) San Diego y pasamos por el Jardín (de la Unión). No mames, la raza de allá del Centro estaba bien espantada. Es que aquí son bien mochos. No pos uno cree en Diosito, pero no es mocho. Es que la mota sí te hace sentir chido, es como la mano de Diosito. Pero no los pinches hipócritas de allá abajo. Todos íbamos de picos en la greña y de colores, las chiquitas enseñando buen cacho de las chichis, se dieron cuenta de que existimos, los culeros. Hacían fila pa’vernos, pero nos aventaron la chota… Guan mor taim… La tira es el enemigo. Nos hemos madreado siempre. Procuramos siempre romperles su pinche madre, a veces nos va a toda madre, pero muchas veces nos han dado tambo y buenas madrizas… No, cuando te apañan se manchan los hijos de su puta madre, te ponen unas putizas chidas… Grupo no hay. Hace un chingo de años estuvo el Actitud Positiva. Chingo a mi madre que así se llamaba. Bien locos. Grifos como el pinche Satanás. Cocos. Pelos rojos, azules y de picos. Pero hace un chingo, yo estaba muy morro. Hacían un pinche ruido que te dejaba medio pendejo. No mames, sería a la mejor en el Cervantino como del 87; no, yo estaba chavito, pero Actitud Positiva hizo un gran desmadre en (la Plaza de) Los Angeles, pero desmadre, me cai que toda la banda se puso a quemar mota y a chupar chemo al chilazo. El que menos estaba estaba bien pedísimo. ¿Y luego qué? No, pus el apañón. Ya no los dejaron. Desde Actitud Positiva ya no hay grupo acá. Sé que en León hubo y chance y haiga, también sé que en Irapuato y en Celaya, a principios de los noventas, hace un chingo de años, pero el punk ya está jodido, ya rifan otros pedos. Ya ni siquiera desfilamos como aquella vez… Qué, pus chúpale, o qué… Oye y ¿no traes un toque? (1)

* * *

Bueno, mira, maestro, el punk tuvo su momento en Guanajuato, como en todas partes. De hecho, los punketos empezaron el rollo del grafiti. El grafiti lo usaron para, como los perros, limitar su cancha ¿no?, mira, güey, aquí mejor ni te metas porque éste es mi territorio. Pero las bandas pasadas de verga iban y les pintaban a los otros que les caían gordos. Ahora de repente unos se jalaron más para hacer algo cercano al arte, pero los tajadores, los herederos del punk, los eskatos, los metaleros, los trash, siguen usando el grafiti para chingar gente. Es una manera de decirle mmmooooocos a la gente bien. Es una manera de asumir la marginación y reforzarla, porque son chavos marginados y rebeldes, el gobierno ha hecho leyes para endurecer el castigo a los grafiteros, pero no escuelas y aunque las haga, los chavos no aprenden nada. Imagínate, y luego en Guanajuato. Está de la chingada. Son chavos que no van ni a la escuela y no tienen chamba. Y en este pueblito –que no me oigan los guanajuatenses, se remputan porque se le diga pueblito a su pueblito, aunque sea patrimonio de la humanidad– y en este pueblito, te digo, en donde no hay nada que hacer.
La banda chingona aquí en Guanajuato, te hablo de finales de los 80, eran Los Zorrillos. Tenían su base en el Cerro del Cuarto, pero llegó a haber Zorrillos en el Cerro de los Leones, en el Cerro del Gallo. El punk fue escaso aquí en la capital. Pero hubo morros que se clavaron en el punk y la sociedad guanajuatense, católica y mamona como ninguna, los veía como engendros del diablo. Los grupos aquí en Guanajuato fueron escasos. Sí, tengo idea que sí hubo un grupo llamado Actitud Positiva. Pero no levantaron en grande como los de León. Pus Guanajuato es la capital, pero todo lo importante, menos el Cervantino, pasa en León. Pero León es una ciudad bien fea –si acaso se salvan unas cuantas cuadras del centro– y bien culera como toda ciudad grande, además que tiene un clima espantoso. En cambio Guanajuato, todo lo contrario, es bonita y sabrosa, es una ciudad extraña, pareciera de otro país; y luego como hay un chingo de estudiantes y gringas, es más o menos fácil ligar y coger gratis. Las chavitas, como viven solas porque vienen de los municipios a estudiar a la Universidad, pues son bien ligeritas, se vuelven pedas y cogen a discreción, más o menos. Pero en León ni madres, allá sólo putas o algunos antros. Fíjate que en León vi algo que no sé si en México ya lo hagan. En una disco hacen un concurso: convocan a las parejas de chavos que van a bailar, a que muestren su postura sexual favorita, el premio es pomo gratis. Y los chavos, y chavas, claro, pasan a la pista y practican su postura favorita para coger, o alguna innovación, para ganar el concurso, claro, vestidos, pero de todos modos, no mames, yo estaba escandalizado. Que unos de a perrito correteado, que otros el sixtinain pero rodando, que aquellos la gaviota herida. Y estamos en la ciudad más mocha de México, ay cabrón. Pero, perdón, tú querías saber del punk. Fíjate que en el sur de la ciudad, te hablo de León, en la colonia Prevención Social dieron en usar unas instalaciones de una cementera abandonada que tenía su cancha de fut, ahí se metieron los punketos, era una banda que se llamaba Los caras dobles, te estoy hablando de principios de los noventas, porque acá el punk, como todo, llegó tardío. Pues ahí hicieron tocadas punketas. Pero cada toquín era un apañón. Sin pierde. Para empezar porque el terreno no era de ellos, para seguir que le jalaban a la yerba con singular entusiasmo y chupaban como para agotar las reservas mundiales de chínguere. Verás, una vez, en uno de esos apañones, la banda que no fue capturada ni alcanzó a escapar corriendo por las calles se metieron a la planta cementera y trataron de pelar gallo por unos ductos, serían de ventilación, o sepa la chingada, la onda es que se quedaron atorados. Salió en los periódicos. Estamos como en el 92 o 93. Tuvieron que rescatarlos los bomberos y recuerdo que a un güey tuvieron, de plano, que anestesiarlo ahí atrapado para poder sacarlo. Los Caras Dobles también hicieron toquines grandes en El Malecón que nada tiene de malecón, porque el río fue entubado hace muchos años. Fueron tocadas históricas para la ciudad, porque hubo madrazos cada vez, y no fueron unos cuantos conciertos, eran seguido, la banda era aguerrida; ya sabes, la tira, el corredero, detenciones, madrizas, en fin. (2)

* * *

El bataco del punk es fundamental. El da el fondo. Pone la velocidad. Aunque ya casi no hay grupos de punk, pero acá en Guanajuato, menos, es el acelere y la desesperación. Es la locura. Quién chingaos había hecho el eslam antes, por ejemplo. Quién promovió el desorden social y el anarquismo. Quién la violencia en una puta sociedad que tiene más violencia, pero mal disfrazada en forma de intolerancia, en explotación, en racismo, en rechazo y marginación. Los punketos de Guanajuato fueron chavos que tenían consciencia, quizá demasiada consciencia. Su momento pasó, hoy son señores decentes, alguno hasta se avergüenza de su pasado y sus reventones. Otros siguen gustando de la música, pero ya son taxistas que mantienen familia, uno es ingeniero y, aunque ya no es el loco punketo de los 90, sigue haciendo que una cosita por aquí, que otra por allá y unos cuantos seguimos en el rol. Hubo, cómo no, un par que murieron. La realidad nos alcanzó y no digo que nos derrotó, pero aquellos fueron tiempos gloriosos, además éramos chavitititos. Seguimos en el rocanrol, pero también tienes que tragar, cabrón, entonces terminas tocando lo que caiga, hueseando, aunque tu amor haya sido el punk. Déjame decirte que los punketos de aquí éramos elitistas, no nos sentíamos de las bandas del pueblo, ni madres, nosotros éramos anarquistas y rocanroleros. Aspirábamos a crear una banda de rock respetable, queríamos escribir, pintar, hacer una revista. Casi todo quedó trunco. O bueno, pospuesto, porque aquí andamos. En Guanajuato está cabrón. Pero seguimos, seguimos haciendo lo nuestro y la sociedad, sin que desaparezcan los reductos ultracatólicos, elitistas y, no tienes idea de cuan cerrados, en este momento esos mismos grupos –de los que salen todos los presidentes municipales de este pueblo, todos, unos por el PRI, otros por el PAN y hasta por el PRD–, pero todos son de las elites guanajuatenses desde finales del siglo XIX. Es la buena sociedad, pues sin que se acaben esos cabrones, ya hay otros grupos que ellos no dominan y a los que hasta les tienen envidia. Pero antes hasta los intelectuales, Ibargüengoitia (al que no han perdonado por que los quemara), pertenecían o eran cooptados por esa gente.
El punk fue una culminación de uno de los miles de caminos que ha seguido el rock, música que cambió al mundo. El punk es el último extremo de dos de las grandes cualidades del rock, la intensidad y la velocidad, a veces –algunos dicen que siempre– en detrimento hasta de la música.
El bataco del punk, te decía, es, haz de cuenta, un simio, el que bajó de los árboles porque había aprendido a medir el tiempo, con todo su salvajismo, con su fuerza de bestia en descampado. Cuando aprendió a medir el tiempo hizo la música y la primera música fue algo muy parecido a un rock punk, aunque sin guitarras eléctricas, ¿no?
Para tocar punk en la bataca tienes que hacerlo encorvado para acumular energía, para explotar en los momentos del acelere dentro del acelere que es el punk; tienes que alinear los tres chacras básicos, los inferiores, los animales. De ahí surge el ritmo del infierno. De ahí avanzas hasta la orilla del abismo y, a güevo, te lanzas al abismo. El punk es la euforia y la destrucción. Porque este mundo es una mierda. Los gobiernos son la peor mierda. La libertad y las drogas, la velocidad, el acelere imprescindibles para vivir, si no ¿cómo?


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(1) El Rata del Cerro de los Leones. “Así, cabrón, así ponme, El Rata de Los Leones, al chile”.
(2) FPR, no es un grupo guerrillero, sino un avezado periodista estatal, sin arrepentimientos de su pasado punk, pero atrapado por los intereses que no le permiten dar más que sus iniciales.
(3) El Poncho, un joven y talentoso músico, estudiante de la Universidad de Guanajuato, en la facultad de música, Poncho, en su adolescencia fue uno de los bateristas notables del último coletazo del movimiento punk en el estado de Guanajuato.

viernes 13 de junio de 2008

Blasfemia en San Roque, Guanajuato capital

Horrorosísima blasfemia en San Roque

Pterocles Arenarius

En la pared posterior de la vestusta –y ciertamente descuidada– iglesia de San Roque escribieron “Amo a Jesucristo, quiero coger con Él”. Lo hicieron usando estos botes de pintura con que se hacen los graffitis que en tiempos recientes constituyen una plaga de rebeldía en muchas ciudades. Asunto que, por cierto, habría que examinar con mucho más detenimiento del que se le ha otorgado.
San Roque es una bonita plaza donde nació el Festival Cervantino que luego se volvió Internacional y está casi en el centro del corazón de una de las ciudades más tradicionalistas, conservadoras y ultracatólicas de México: Guanajuato.
Este héroe –no puede llamársele de otra manera– perpetró el acto que le da tal categoría porque su acción, tan desmesuradamente provocadora no perseguía ningún objetivo notorio más que quizá alarmar a las viejitas católicas de golpe de pecho cotidiano; hacer escarnio de los señores cuarentones y cincuentones hipócritas, putañeros, bastante briagos, intolerantes, autoritarios, extraordinariamente pendejos y asombrosamente ignaros, pero, eso sí, catoliquísimos de dientes pa’fuera para lucir su decencia, sus enjoyadas y cotorras esposas, sus buenos carros y su inefable hipocresía entre el cerrado círculo de “la buena sociedad” guanajuatense, circulillo de donde, por cierto, surgen los alcaldes del municipio desde hace más de medio siglo sin importar siglas partidarias, porque los ha habido del PRI, PAN y PRD.
Y, lo más peligroso de escribir la tal declaración, fue incitar a la adrenalina de las juventudes católicas de muchachos dispuestos incluso a “dar la vida” al grito de “Viva Cristo Rey, hijos de su puta madre”, muchachos que si bien en Guanajuato son más bien escasos, existen, pero no como en las cantidades que hay en León, de donde se surte de militantes el grupúsculo fascistoide ultracatólico autonombrado El Yunque.
Pero vayamos al meollo. El anónimo héroe nihilista de marras escribió “Amo a Jesucristo, quiero coger con Él”, en la pared posterior de la iglesia de San Roque, santuario de nutridas procesiones, recinto de rezo cotidiano del santo rosario, templo de misas diarias, aula del apostolado para enseñar el catecismo a los criaturones al prepararlos para la primera comunión, edificación para realizar a cubierto los bien conocidos ritos católicos sacramentales de unión matrimonial, bautismo, confirmación, comunión, confesión y extrema unción.
Ahí llegó este desubicado y pergeñó la escritura de su curiosa blasfemia, en el muro de la mismísima iglesia. La primera idea que me asaltó fue la de que este provocador anónimo arriesgó su vida al realizar este graffiti apóstata*. Quizá lo haría al amparo de la noche, pues el templo de San Roque siempre está concurrido con los creyentes que asisten a las misas matutinas a las que las molestosas campanas de las torres de la edificación llaman a partir de las seis de la mañana, en los mediosdías las beatas rezan interminables rosarios y al atardecer los niños van a divertirse un rato, a jugar, mientras las catequistas se desesperan y se escandalizan ante la falta de fe, el aburrimiento y el atrevidísimo vocabulario e incluso las actitudes sexuales que demuestran los niños, costumbres alarmantes que han aprendido de la televisión.
La leyenda de amor por Jesucristo –cuyo único defecto era el de explicitar que era sexual el afecto– fue rápidamente cubierta con pintura hasta no dejar la menor huella de la horrenda blasfemia. Pienso que quien la escribió quizá sea un joven y rebelde homosexual, reprimido brutal y sistemáticamente a lo largo de su vida entera o bien, ¿por qué no?, una chiquilla atrevida y no menos rebelde e igualmente reprimida durante toda su existencia; cualquiera de ellos viviendo siempre entre el tipo de personas –intolerantes, represivas, hipócritas, elitistas y crueles– que habitan la “Muy Noble y Leal Ciudad de Santa Fe de Guanajuato y Real de Minas” como gustan ostentar los guanajuatenses de abolengo.
No quiero imaginar que le hubiera pasado al atrevido o atrevida si la descubren en la acción. No dudo que su vida hubiera corrido peligro. Pero esto nos hace pensar ¿por qué la gente suele blasfemar? Pareciera que la blasfemia es un reclamo a Dios por haber hecho este mundo que no se adapta a “mis” necesidades o de plano, es un mundo que contiene los elementos necesarios para hacer desgraciada mi existencia. Ernesto Sábato ha dicho, por boca de su personaje Fernando Vidal Olmos, que “Dios fue derrotado antes de la historia y el verdadero creador del universo es Satanás, que se hace llamar Jehová, quien, vencedor, atribuye al derrotado Dios, doblemente desacreditado, este universo calamitoso”.
Sin embargo, no deja de ser curioso que sólo los católicos más acendrados blasfeman. He ahí las blasfemias escatológicas y risibles del español que dice “Me cago en Dios” y la otra menos pretenciosa, pero mucho más terrenal y por ello atrevidamente repugnante de “Me cago en la ostia”. Finalmente, la blasfemia es una relación con Dios, con el cristiano, yo no sé si las blasfemias existan en el Islam y si es así, no dudo que allá si cuesten la vida ipso facto, o al menos una condena de muerte. El budismo es demasiado sabio para eso y además no tiene recipiendario, no hay Dios sobre el cual cagarse. La blasfemia, siento, es una relación con Dios en confianza, quizá demasiada, pero al menos es aproximación. En cambio, las actitudes de intolerancia, soberbia, elitismo, hipocresía, fanatismo de los católicos, sin duda los alejan –aunque ellos se nieguen a admitirlo– de una divinidad amorosa y dulce, como dicen que debe ser su Dios. Pero por otro lado los convierte en blanco perfecto de los que abominan las características de los que se creen en posesión de Dios: intolerancia, fanatismo… etc.; de poca gente es más fácil burlarse que de quien se da demasiada importancia.
Finalmente, el hecho de que alguien haya escrito sobre el muro de la iglesia que le gustaría hacer sexo con Jesucristo –hetero u homosexualmente– pudiera ser incluso agradecible por los creyentes, si ellos no consideraran el sexo como una actividad moralmente sucia. Y ese es precisamente el objeto central de la blasfemia y su perpetrador, sacarles pus a los católicos, porque a Dios ni a Jesucristo les va ni les viene, no les afecta que alguien quiera hacer sexo con el hijo de Aquél y a Éste, sin duda, incluso le provocaría una leve sonrisa tolerante. En cambio los católicos estaban emputadísimos y ahora se encuentran vigilantes tratando de descubrir al o la que perpetró la provocadora leyenda. Esperemos que no lo (la) pillen.

* En el año 2005 el que esto escribe publicó un libro de cuentos blasfemos, Apostatario, que sin embargo, no ha provocado reacciones visibles –más allá de comentarios levemente agresivos, aunque otros desconcertados y algunos descolones contra el autor– entre los miembros de la nutrida comunidad católica guanajuatense.

viernes 23 de mayo de 2008

Pocoroba y Lelo defienden la propuesta de Calderón, el Espurio

La historia se repite. En el siglo XIX, un grupo de apátridas, resentidos por la victoria de Benito Juárez con la que les arrebató algunos de los privilegios de que gozaban, se dirigieron a Napoleón III, el pequeño, para ofrecerle el trono de un imaginario “Imperio Mexicano” para un príncipe europeo. El desprecio que esos miembros de las elites mexicanas sentían por el pueblo era inmenso, pero no sólo eso, ellos estaban convencidos de que el pueblo mexicano era incapaz de gobernarse a sí mismo, estaba formado por grandes masas ignorantes que desconocían aun de sus propios derechos y además eran analfabetas. Masas de las cuales se aprovechaban, según ellos, los enemigos de la Santa Iglesia Católica y Apostólica Romana. Ellos, incluyendo a la iglesia católica, siempre han creído que México no fue una nación civilizada hasta que llegaron los españoles y lo único que lamentan es que los genocidas españoles del siglo XV y subsecuentes no hayan acabado con los aborígenes mexicanos. Igualmente lamentan que los españoles se hayan mezclado con una raza inferior, los mexicanos. Ellos, los descendientes de los criollos antimexicanos –porque hubo otros criollos que reivindicaron a los pueblos originarios de México–, afirman que en nuestro país, antes de la colonización española, “sólo había tribus” y se niegan a reconocer que en Mesoamérica se dio uno de los procesos civilizatorios fundacionales de la humanidad, como sólo ocurrió en otros cinco lugares del planeta. Una palpable muestra de eso fue la intentona del “alto vacío”, Vicente Fox, para eliminar de los planes de estudio de secundaria la historia de México anterior al siglo XVI.
En este momento la etilicracia, o sea la banda borracha que se ha entronizado en el poder y que dice que nos gobierna, en un acto digno de sus antepasados conservadores del XIX, pretenden entregar el petróleo a quien sí sea capaz de obtener ganancias de la enorme riqueza que yace en el subsuelo de nuestro país, aunque para ello tengamos que regalarles gran parte de tal riqueza. Ellos aborrecen los momentos luminosos de nuestra historia cuando Juárez y Cárdenas, en sus correspondientes momentos históricos demostraron que México puede gobernarse a sí mismo, ejercer su soberanía y conducir su propio destino.
Tan es cierto que México es capaz de gobernarse a sí mismo como de usar su riqueza en su propio beneficio y para sacar de la miseria a los millones de mexicanos que los gobiernos de derecha han condenado a tan desgraciada circunstancia, como que en los debates sobre la propuesta de privatización de Pemex que intenta imponer Felipe, el Espurio, Calderón, los intelectuales y expertos progresistas y apenas nacionalistas, es decir, ni de izquierda radical ni mucho menos, que se oponen a la propuesta de El Espurio le han dado una notable paliza a los que la apoyan.
Un curioso signo de esta derrota de la propuesta espuria es que en la anterior sesión de debates, los defensores de ésta, “expertos” de la escuela patito donde estudió el usurpador Calderón, la Escuela Libre de Derecho (por cierto la única que admitió al hoy presidente espurio y en aquellos entonces mediocre estudiante que fuera rechazado de la UNAM por su pobre desempeño, como hasta la fecha), llevan hasta en el nombre el carácter de su actitud traidora, deshonesta o –en el mejor de los casos– estúpida. Se llaman, uno de ellos, (Mario Becerra) Pocoroba y el otro (Arturo Zaldívar) Lelo de Larrea. Hasta en los apellidos llevan el estigma de rateros y pendejos.
Si nos atuviéramos a sus apellidos (nomen est omen se decía en la edad media, el nombre es el hombre) el primero de ellos roba poco, entonces no hay mucho de que preocuparse, pero si el segundo es Lelo, entonces sí es peligroso, Dios nos libre de un pendejo con iniciativa como el que dice que nos gobierna.